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Rienda estropea su despedida

María José, a seis segundos de Goergl

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El mes de febrero es significativo en la historia del esquí español. Especialmente el día 24. Un día como ayer Blanca Fernández Ochoa había tenido el oro al alcance de la mano en el gigante de Calgary 88. Al terminar la primera manga tenía el mejor tiempo, pero en la segunda, cuando bajaba sin reserva alguna y se encontraba a mitad de pista de nuevo con el mejor tiempo intermedio, le falló el esquí interior y todas sus ilusiones se iban al traste. En otro 24 de febrero, pero de 2006, María José Rienda estaba llamada a ganar el oro en el gigante de Turín. Salía con el dorsal número 1, en un día con nieve y poca visibilidad que obligó a los directores de carrera a bajar la cota de salida, algo que perjudicó a Rienda, que venía de ganar dos carreras de la Copa del Mundo.

Cuatro años después, de nuevo en la misma fecha, Rienda probó su despedida olímpica entre la niebla de la pista de Whistler. 25 minutos antes del comienzo de la primera manga del gigante, los pisteros estaban todavía extendiendo la anilina azul, que sirve para marcar los giros del gigante, y pisando la nieve que no para de caer. Son condiciones parecidas a las de Turín, pero si en la cita de hace cuatro años perjudicaron a Rienda, en esta ocasión la pista estaba igual de mal para todas, lo que aumentaba las posibilidades de Rienda, que, después de superar un calvario de lesiones durante tres años, llegaba en la forma justa.

Pero la actuación española bordó el desastre. Las esquiadoras llegaron, en la primera manga, a años luz de las mejores. Rienda a 6,10 segundos (150 metros detrás del mejor tiempo) de Goergl, ganadora de la primera manga, lo que le impidió disputar la segunda bajada, Andrea Jardí a 5,29 (135 metros) y Carolina Ruiz a 4,05 (105 metros). Distancias, que traducidas en metros, equivalen a una diferencia entre las primeras y las españolas de un campo de fútbol.

'He tenido numerosos errores en la parte alta de la pista. En ningún momento dejé correr a los esquís. Y en la parte baja me quedé casi parada, antes de entrar en meta', reconocía Rienda, la primera defensora del relevo generacional en el equipo español para la cita olímpica de Socchi de 2014.

Un futuro, el del esquí alpino español, que no promete ni sucesores ni evolución en otro 24 de febrero.