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Ritmo africano y rap guerrillero en Soweto

Retrato del barrio más famoso, popular y conflictivo de Johannesburgo

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El Mundial en Soweto no tiene fin. 'Sobre la una y media de la tarde la gente empieza a salir a la calle. Nos ponemos las camisetas y empezamos a preparar el partido. Música y bebida para celebrar que el Mundial es nuestro. Cada encuentro es una fiesta, pero en especial los de Suráfrica. El viernes, la gente estaba entusiasmada horas antes de que empezara el partido con México. Soweto era un volcán', dice Lucas, un cincuentón ataviado con una camiseta de la selección local y una petaca vacía. Los ritmos africanos y el rap guerrillero, cómo no, se imponen en las horas previas a los partidos y al finalizar. 'La noche después del partido inaugural fue increíble, con mucho amor. Bailamos hasta la madrugada de todo: rap, samba, rock y nuestra música', resume Lucas.

Soweto se viste de amarillo a diario. Dos mozambiqueñas lucen los colores de los Bafana Bafana. 'Estamos aquí para comprar ropa, que es más barata, y venderla en nuestro país. Mientras, nos dedicamos a hacer peinados aquí en la calley sacarnos algún dinero', dice Victoria. Están sentadas en una de las vías anchas cuya carretera está asfaltada, pero no los alrededores. La arena sigue formando parte del paisaje del Town Ship que simbolizó el apartheid. Aunque las condiciones de vida han mejorado bastante en los últimos años. Hay luz y agua corriente en la mayoría de las viviendas, muchas con antenas parabólicas que les permiten seguir el fútbol internacional, en especial la Premier. 'Me gusta mucho Torres', comenta entusiasmado un vendedor de souvenirs, mientras muestra el tatuaje que lleva en su antebrazo de los Orlando Pirates, uno de los dos de equipos de Soweto. 'Llevo este club en mi sangre', dice mientras se golpea con fuerza las venas que recorren el escudo de su equipo.

Ahora hay luz y agua corriente en la mayoríade las viviendas

Se aprecian incluso construcciones muy dignas y algunas hasta lujosas. 'Los negros que han prosperado y han preferido seguir viviendo en el lugar que nacieron han invertido en sus viviendas', explica Emmanuelle. 'Mi padre trabajó en las minas. Era un emigrante de Zambia. Le pagaban un salario vergonzoso. Una vez por semana, les daban comida para las familias, en especial para los niños', cuenta Eddie, que no olvida las duras condiciones de trabajo que padeció su progenitor: 'Empezaban a trabajar a las tres de la mañana yterminaban a las siete de la tarde. No llegaba a casa hasta las diez. Cenaba, dormía un poco y se iba'. Aquella explotación generó que muchos trabajadores se dieran en exceso a la bebida. 'Las mujeres empezaron a cobrar los sueldos para que sus maridos no se lo gastaran en cerveza', relata Eddie.

Justo al lado de un supermercado, asoma un fusil. Lo sostiene un empleado de seguridad. Es la señal de que en Soweto, a veces, la vida puede ser una ruleta rusa girada por la miseria o las drogas. Las alambradas y los carteles anunciando compañías de seguridad con licencia de armas son otra fotografía de esa cruda realidad. El guardián que abraza el arma no se deja fotografiar. Conviene preguntar antes de intentar retratar las calles de Soweto. 'La gente aquí es muy amable en su mayoría, pero tampoco le gusta convertirse en una atracción', dice Clark, que vive en una de las zonas prósperas del embrión desde el que Mandela construyó el camino a la libertad de su raza. 'Muchos están deseando hablar de fútbol con los extranjeros. Puedes comprobarlo', advierte Clark.

Unos metros más allá de la peluquería a la intemperie de Victoria y Lourdes, las dos mozambiqueñas, Sally monta cada día su barbería. Cuatro plásticos y unos cuantos barrotes. Recibe al periodista con mirada dura y un aviso: 'A ver qué vas a escribir de Suráfrica y Soweto'. Luego, se le abre la sonrisa cuando escucha la comparación escrita en este periódico entre la cabalgada hacia el gol de Tshabalala y el sonido de las vuvuzelas, que imita al de los trenes de los mineros que los transportaba de noche de las minas a Soweto. Entonces, se explaya con el fútbol: 'Mis favoritos son Brasil, Italia, Argentina y España. Pero nosotros no jugamos nada mal contra los mexicanos. Bienvenido a Soweto'.

El Mundial le ha traído a Soweto la construcción de 94 campos de fútbol. 'No se necesita mucho dinero para jugar al fútbol. Por eso ha cogido tanta fuerza aquí. No es como el golf, más de los blancos', concluye Eddie.