Publicado: 23.04.2014 07:00 |Actualizado: 23.04.2014 07:00

Cuando Robben era el Messi del Real Madrid

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Vuelve esta noche Arjen Robben (Bedum, Holanda, 1984) al Santiago Bernabéu. Vuelve un futbolista al que se comparó con Messi en Chamartín y que lideró, en la época de Juande Ramos como entrenador, la heroica persecución al Barcelona de Guardiola. Fue esa época en la que el Real Madrid se agarraba a un clavo ardiendo y en la que el pie izquierdo del extremo holandés encontró tantas veces la diferencia con sus pases a Raúl, a Sneijder y, sobre todo, a Higuain. Pero eso no fue suficiente para que Robben, que entonces tenía 25 años, siguiera vistiendo de blanco. Salió en el mismo verano, en el que Florentino Pérez volvía a la presidencia, rumbo al Bayern por 25 millones de euros, con razones más empresariales que futbolísticas. Entonces se necesitaba hacer caja para fichar a gente como el brasileño Kaká por 65.

Hoy, cinco años después, Kaká es un futbolista en el ocaso y Robben uno de hombres primordiales del campeón de Europa y de ese Bayern de Guardiola en el que sólo le ha faltado ganar el Balón de Oro. Al margen de eso, ha logrado todo lo posible en Münich asumiendo riesgos con la pelota, como le gusta a él, y convenciendo a leyendas como Franz Beckenbauer, que un día le tachó de "egoísta", de que un hombre como él también es necesario en el Bayern Münich. "Siempre quiero jugar lo mejor para el equipo, no para mí", insiste.

A los 30 años, todavía es un futbolista en condiciones de ascender al Everest, capaz de jugar a pierna cambiada, de hacer dudar en una u otra banda a los defensas de todo el mundo. Una cosa de la que Pellegrini, que hubiera sido su técnico en el Madrid de Florentino Pérez, nunca quiso prescindir, pero el entrenador no encontró la manera de convencer a sus jefes. La realidad fue que Robben, que costó 36 millones de euros en la presidencia de Ramón Calderón, salió por once menos del Madrid absolutamente convencido de que nada de lo que pasó fue culpa suya. A pesar de su pinta distante, quizás hasta de futbolista de otra época, Robben se entendió de veras con la grada del Bernabéu, que se atrevió a compararlo y a igualarlo con Messi. Sin embargo, la voz del pueblo no siempre explica las decisiones de los gobiernos. "Mi problema en el Madrid no fue que hubiese mejores jugadores que yo en la plantilla, que no los había, sino con la gente de las oficinas, que querían venderme", recuerda Robben. "Ante eso, no pude hacer nada. Tuve que aceptarlo, porque realmente es muy difícil cuando quieres jugar y prefieren venderte".

Son cosas del pasado que hoy, como en la semifinal de Champions de 2012 entre Bayern y Madrid, volverán a salir a la luz, porque la marcha de Robben contradijo una de las normas casi sagradas de Florentino: "Los mejores jugadores del mundo deben estar en el Madrid". Robben estaba y se marchó en plena madurez del Bernabéu. Había aprendido a ser más sociable de lo que fue en el Chelsea de Mourinho. Había aprendido a lesionarse menos de lo que se lesionaba cuando llegó a Madrid. Había encontrado una mejor explicación a su vida. "Cuando sufres muchas lesiones, miras todo el cuerpo para ver si puedes prevenir algo y aprendes a conocerlo".

La respuesta continuó en Münich, donde en estos cinco años (campeón de Europa, del Mundial de clubes, de la Supercopa de Europa y de tres Bundesligas) ha ganado todo lo que no ha logrado el Madrid de Florentino. Una diferencia para un futbolista, que todavía esta en condiciones de arreglar esa cuenta pendiente que le queda con el Mundial desde que Casillas le impidió ser campeón del mundo en el Soccer City de Johannesburgo. Ha cumplido 30 años ya Arjen Robben, ha mejorado su alimentación ("ahora, como menos grasas, más suplementos y hago más trabajo de gimnasio") lo que a su edad todavía le permite estar en una gran condición. Eso sí, ahora tiene la destreza que pudo faltarle otras veces. Quizá por eso, de cara al encuentro de esta noche prefiere entrar con la piel de cordero. "Ya no somos favoritos", explica al más puro estilo de Guardiola, su nuevo jefe.