Publicado: 24.02.2014 08:47 |Actualizado: 24.02.2014 08:47

Samba de Nadal en Río

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El español Rafael Nadal, número uno del mundo, volvió a saborear la victoria después de la lesión de espalda sufrida en Australia con una clara victoria en dos sets sobre el ucraniano Alexandr Dolgopolov en la final del Abierto de Río de Janeiro.

Nadal despejó las dudas surgidas en las semifinales, cuando pasó serios apuros para superar a Pablo Andújar en una muerte súbita dramática (12-10), y levantó el trofeo de este ATP 500, disputado en tierra batida al imponerse por 6-3 y 7-6 (3), necesitando de nuevo un 'tie-break', pero con menos incertidumbre que el sábado.

El número uno del mundo hincó el diente al torneo número 62 en su carrera alargando su idilio con Brasil, donde no conoce la derrota y suma con este tres títulos. Nadal, que volvía a las pistas una vez recuperado de su lesión lumbar después de Australia y un virus estomacal que le impidió reaparecer en Buenos Aires, se proclamó campeón en Costa do Saouipe en 2005 y en Sao Paulo el año pasado. 

El líder de la ATP recuperó la concentración y el control de la pelota, jugó con cautela, desde el fondo de la pista y se hizo dueño de la precisión en las bolas largas de la que careció en la víspera. Sólo cometió cuatro errores no forzados en el primer set, mientras que Dolgopolov, muy agresivo, como había avisado Nadal en la víspera, se arriesgó mucho para buscar las líneas y ángulos con los que sorprender al número uno, lo que le costó cometer demasiados errores.

Otra arma de Dolgopolov, 54 en el escalafón mundial, fue la potencia de su servicio, con la que facturó cuatro saques directos en el primer set y seis en el segundo. En ese capítulo, el número uno del mundo anotó tres saques directos en todo el partido, algunos de ellos rozando los 200 kilómetros por hora, demostrando que su espalda está en mucho mejor estado que en días anteriores.

Para Nadal esta victoria supuso un regreso triunfal a las canchas después de que el pasado 26 de enero perdiera la final del Abierto de Australia ante el suizo Stanislas Wawrinka, con unos fuertes dolores de espalda que después le obligaron a perderse el ATP de Buenos Aires y le dificultaron la preparación para este torneo.

En el primer set, Dolgopolov trató de tomar la iniciativa, pero Nadal, en un comienzo algo calculador y a la defensiva, supo contrarrestar las arremetidas de su contrincante, en un set en el que fue muy preciso y casi no cometió errores. El mallorquín rompió el servicio en el cuarto juego (3-1), dejando a cero a su rival, y mantuvo la ventaja durante el set.

Fue decisiva la fuerza mental de la que hizo gala en el séptimo juego, cuando levantó tres bolas de ruptura en contra, la primera de ellas tras un gran peloteo, en el que Nadal corrió de punta a punta de la pista para levantar un globo y devolver con éxito dos dejadas del ucraniano.

En la segunda quebró a su rival aún más rápido (2-1) y después consiguió administrar su ventaja, aunque no fue ningún camino de rosas, ya que el ucraniano continuó sacando con fuerza y echando mano de un juego versátil. Cuando parecía que todo estaba decidido, el ucraniano se sacó una última carta de la manga y rompió por primera vez el servicio al de Manacor para igualar 5-5, una igualada que forzó llegar al juego de desempate.

En la muerte súbita Nadal, rápidamente tomó ventaja y abrió un 4-2, para luego acabar liquidando el partido con un gran golpe a la línea y un saque que el ucraniano no pudo devolver.