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San Paolo derrite al Villarreal

Hamsik y Cavani dejan zanjado el duelo en el primer cuarto de hora

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El humo de las bengalas y la pirotecnia del estadio San Paolo retrasó un par de minutos el comienzo del partido. Esa atmósfera tan inusual transportó al Villarreal a un viaje en el tiempo. Hacia una era en la que el equipo amarillo aún no tenía el oficio suficiente para agarrarse a un ambiente tan hosco como el del estadio italiano. Asemeja el ambiente del recinto a un anfiteatro romano en el que los ciudadanos acuden ávidos de espectáculo. Se grita más que se respira en ese coliseo de los napolitanos.

La sensación infernal se coló por cada poro de los jugadores de Mazzarri. Con dos o tres marchas más, el Villarreal quedó tachado del campo durante la primera media hora. En los dos partidos sin Borja Valero en esta Champions, el centro de campo de Garrido ha sido incapaz de ganar la batalla en esa zona.

En el encuentro de ayer hubo otro problema más. La línea de atrás tampoco estuvo con la fortaleza suficiente como para frenar toda la energía que el Nápoles había puesto en el arranque de la noche.

Zapata repitió un error parecido al del partido ante el Odense de la fase previa. Perdió el equilibrio en la zona más frágil para un defensa. A Hamsik sólo le restó un remate de lo más rutinario para marcar el primer gol.

El Villarreal continúa fiel a lo que ya es su código barras. Los centrocampistas más pegados a las bandas renuncian por principio a los extremos.El objetivo es crear superioridad desde el mismo centro. De Guzmán y Cani tienen esa misión, pero ayer la batalla estuvo perdida desde el minuto uno. Bastó la vitalidad de Gargano para acaudillar a un equipo con un par de velocidades más que el español.

El Nápoles es energía pura. Sus jugadores de ataques son culebras en constante movimiento. La pausa está prohibida para los tres puntas. Tanto vaivén provocó un mareo severo a los zagueros castellonenses. Sin sobremesa para saborear el primer gol, Lavezzi le ganó la carrera a Gonzalo y provocó el derribo dentro del área. En apenas un cuarto de hora el partido estaba casi liquidado.

Los planes había que tirarlos a la basura. Garrido aprovechó la excusa de la tarjeta amarilla a Gonzalo para quitar al central y meter más dinamita con Camuñas. Bruno pasó a la defensa para cambiar el dibujo al 3-4-3. No le quedaba otra. Amainó el temporal. Nilmar hizo sonar el timbre que devolvió al Villarreal a la realidad. El brasileño tuvo las primeras oportunidades para arreglar un poco el desaguisado.

En el segundo tiempo, el equipo español recuperó un poco su personalidad. Un poco más de toque y posesión, pero sin puntería arriba. Por contra, el Nápoles necesitaba muy poco para crear problemas delante de Diego López. Los italianos se cerraron para evitar apuros, el trabajo ya estaba hecho desde hacía mucho tiempo.