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Schleck y Contador cabalgan solos

El largo ascenso a la Madeleine fulmina al líder, Cadel Evans, que termina llorando tras perder más de ocho minutos

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Cadel Evans cruzó la meta y rompió a llorar. Abrazado a su compañero de equipo Santambrogio, el australiano no dejaba de sollozar agradeciendo la ayuda. El campeón del mundo, roto por la fatiga, con una fractura en un codo, sucumbió en las rampas de la Madeleine. Se quedó súbitamente sin combustible cuando Schleck y Contador se pusieron serios en la ascensión.

El Tour es cosa de dos. Andy Schleck (Saxo Bank) y Alberto Contador (Astana) conformaron hoy un espectacular y fugaz matrimonio de conveniencia en la Madeleine, puerto mítico acerca de cuya dificultad debaten los aficionados al ciclismo. Para unos es duro; para otros, no tanto. Hoy sí lo fue. La batalla se libró a diez kilómetros de la cima, cuando Vinokurov, número dos del Astana, tensó a los favoritos y se fue hacia arriba.

Carlos Sastre fue uno de los primeros en ceder. Y pronto se vio que el líder, Evans (BMC), también se encontraba en dificultades. Lo percibieron rápido en el Astana, que puso a tirar a Daniel Navarro, el hombre que se perfila como el gran apoyo de Contador cuando lleguen los Pirineos. El ritmo causó estragos, tantos que en dos kilómetros ya sólo quedaron al frente tres hombres: Schleck, muy activo; Contador, muy pasivo, y Samuel Sánchez, que cogía y perdía su rueda constantemente. Cada vez que Schleck, con su maillot blanco (mejor ciclista joven), aceleraba, el asturiano se quedaba atrás.

La maniobra no tenía sentido. Schleck atacaba y atacaba, pero jamás descolgaba a Contador. Las cosas se arreglan hablando. Al menos así debió entenderlo el luxemburgués, que, a cinco kilómetros de la cima, dejó de pedalear, habló con el de Pinto y le propuso que colaboraran para limpiar la carrera y obtener buenas ventajas sobre el resto. Contador estuvo de acuerdo. A partir de ahí, se relevaron de forma constante y llegaron juntos a meta.

Los rivales sufrieron como nunca. Basso, sorprendido, quedó cortado demasiado pronto. Marchaba junto a Armstrong, un minuto por detrás de los dos jefes. Y Evans se hundía como el Titanic, incapaz de salir a flote pese a los esfuerzos de su compañero Santambrogio.

El guión está escrito. Mano a mano entre los dos tenores, dos escaladores de raza. Un madrileño de 27 años que parece no querer vestirse de amarillo muy pronto y un luxemburgués de 25. Quiso sumarse hoy Samuel Sánchez, ya tercero en la general. Pero el Tour es cosa de tres: Contador, Schleck... y los Pirineos.