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El Sevilla se congestiona en el Pizjuán

Un gol de Renato a diez minutos del final acaba con el Numancia

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El Sevilla ha convertido el paraíso en un paraje incómodo. Jugar en el Sánchez Pizjuán se ha transformado en una tortura para un equipo que no sabe llevar la iniciativa. Los partidos como local se hacen plomizos y desagradables. Además, el Numancia supo jugar bien sus cartas hasta que se quedó con diez jugadores. Renato partió el muro a falta de diez minutos. La clasificación y la triple pócima coruñesa son ahora los avales de Jiménez. El juego no da dividendos.

Los problemas de los blancos empezaron con su alineación. El Numancia cerró con siete candados las bandas a Navas y Capel. Ante este planteamiento, Jiménez adornó sus laterales con centrales reconvertidos -Dragutinovic y Mosquera-, que no dieron apoyo alguno a los jóvenes extremos. Una brigada siempre andaba pendiente de ellos, sin que ninguno de sus compañeros de flanco le dieran un auxilio.

Tampoco resultó satisfactoria la entrada de Renato en el mediocentro. Su inercia le tira hacia el área y dejó a Duscher sin apoyo alguno en el meridiano del césped. El Numancia distribuyó un sexteto por la zona y se hizo fuerte. Con todo esto y la buena colocación de los castellanos, el partido se equilibró. Desactivado el Sevilla, el equipo de Kresic tuvo fe para buscar la portería de Varas. Al guardameta debutante -Palop estaba sancionado- no le temblaron los guantes y sacó tres balones picantes.

Los visitantes tenían el partido en el saco. Le faltó marcar para concretar todo lo bueno que plasmó en el Pizjuán. Kresic ofrece una extraña sensación, sabe mejor que nadie sacar jugo de plantillas modestas, cuando se ha hecho cargo de orquestas más lujosas no ha estado tan fino. Con cuatro conceptos básicos ha sido capaz de tener a los sorianos fuera del descenso casi toda la primera vuelta.

Todo se complicó más en la segunda parte con la expulsión de Cisma, pero la inferioridad ni sacó al Sevilla del barullo ni hizo que el Numancia perdiera la cara.