Publicado: 23.12.2013 10:26 |Actualizado: 23.12.2013 10:26

Toda la verdad de Simeone

'El Cholo' cumple hoy dos años en el Atlético en los que no ha faltado a la verdad que prometió en su presentación: "Una Liga no se gana en un año"

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Hoy, 23 de diciembre, se cumplen dos años desde que se hizo oficial el fichaje de Simeone (Buenos Aires, 1970) por el Atlético de Madrid. Dos años absolutamente magníficos en los que, sin embargo, El Cholo no se ha dejado vencer por los buenos resultados. "Siempre pienso que me van a echar mañana, así me enfoco en ganar cada domingo", explicó en las profundidades de una maravillosa entrevista en El Gráfico, la Biblia del fútbol argentino.

"No me cuesta vivir así", añadió, "porque esa es la verdad del entrenador". La verdad de un hombre que ni siquiera ese 23 de diciembre de 2011 sintió el miedo a fracasar. Hacía mucho frío en Madrid y en el escenario amenazaba todo el pesimismo posible para el Atlético, que acababa de ser eliminado de la Copa por el Albacete, un club de Segunda B. La hinchada acusaba a los futbolistas, incluido a Falcao, de "mercenarios". No así a Diego Costa, porque entonces ni siquiera contaba para Gregorio Manzano y, desencantado, se iba cedido ese mismo mes al Rayo Vallecano. Simeone casi no llegó ni a despedirle.

A grandes rasgos, ese fue el escenario con el que se encontró El Cholo hace 24 meses. Un grupo amargado, a cuatro puntos del descenso y en el que gobernaba la emergencia. Una vida en la que la hinchada pedía a alguien que tuviese cultura de líder. A falta de Luis Aragonés, Simeone encajaba en ese retrato. Un hombre del pasado al que la grada del Calderón, más que como futbolista, eligió como personaje.

En realidad, Simeone no fue casi nunca un gran jugador. Tenía el contacto justo con la pelota. Pero era inteligente frente a la frustración. Su presencia inspiraba la esperanza dentro y fuera del vestuario, donde se le recuerda como un hombre siempre madrugador, absolutamente cuidadoso con las comidas y con un temperamento que excitaba a la mediocridad. Tenía ese carácter, alejado del fracaso ("Ver que la gente responde hace que el esfuerzo valga la pena") y una idea sagaz de la vida, sin miedo a la tempestad. Ni siquiera a la retirada del fútbol que, después de 19 años de profesional, desde Velez Sarsfield en 1987 hasta Racing en 2006, vino a visitarle. "Olvidé mi época de jugador al día siguiente de dejarlo", explica el hombre que hoy, dos años después de su regreso, ha recortado distancias con la que se perfeccionó en el Atlético.

Simeone ha encontrado la suprema aceptación de los resultados

Ahora mismo, no cuesta nada hacer apología de Simeone. Hasta Antic, el exigente entrenador con el que el Atlético ganó el doble en la temporada 1995-96, habla del Atlético de Simeone como "el equipo más trabajado de la Liga española". Y se fundamenta, porque "el rival apenas dispone del balón en sus pies". Y todo eso es parte del lenguaje de Simeone, que hace dos años ya lo dejó dicho en la sala de prensa: "Una Liga no se gana en un año". No prometió nada, pero sí lo avisó, comprometido siempre con una idea invencible para él. "Los individuos resuelven partidos y los equipos los ganan".

En realidad, eso también forma parte de su genética como entrenador. "Me gustan los equipos con una organización táctica superior a la media". Algo que se prueba en este Atlético que, a diferencia de los diez últimos años, ha convertido la victoria en una costumbre, ha potenciado a futbolistas como Raúl García que parecían sentenciados y los que han perdido valor como Adrián tampoco responsabilizan al entrenador. Simeone ha encontrado la suprema aceptación de los resultados. Ha logrado una copia del Inter con el que ganó el Scudetto como futbolista y que hace dos años ponía de ejemplo. "Aquel equipo no practicó un fútbol hermoso, pero encendías la televisión y ganaba", recuerda.

Ha sido Simeone un hombre fiel. Fue lo que prometió hace dos años, en medio de la desesperanza, en la que apareció con una declaración capaz de hervir la sangre: "Es más difícil ser último que primero". Una idea que le persigue, heredada del viejo Estudiantes de la Plata, de antiguos profesores suyos (Bilesa, Bilardo...) y de su propia vida. Tenía 23 años cuando cruzó el charco para jugar en el Sevilla de Maradona. Entonces Simeone ya era padre de familia. Su propia pinta, con el pelo absolutamente rapado, contagiaba la ambición que retrata al Atlético en estas dos últimas temporadas en las que, sin embargo, no todo fue tan fácil como parece.

De hecho, en la última parte de la temporada 2011-12 el Atlético de Simeone perdió muchos partidos seguidos en Liga. Ni siquiera se pudo ganar al Real Madrid. Pero lo más duro de ese día no fue eso, sino la declaración en la previa de Simeone en la que llamó "mediocres a los que querían vencer sólo para fastidiar al Madrid" en su persecución por el título de Liga. Hasta una leyenda como Futre, que ahora le adora, se enfrentó a El Cholo, al que acusó de perder ese partido "en la sala de prensa".

"El triunfo a veces te coloca más cerca de poder equivocarte. Del fracaso es mucho más fácil salir"

Sin embargo, ahora mismo no queda ni rastro de aquella época en el Calderón. Simeone es un tipo adorado y feliz, eso sí, hasta cierto punto. "Desde el lado profesional, hay una parte que está llena, sí". Pero hay otra que es la humana que no, porque aquí en Madrid vive sin sus hijos, "y eso es duro, difícil", que están en Argentina. Una exigencia cruel para un hombre tozudo, obsesivo y quizá insaciable. "Tengo 43 años, pero como mínimo espero dirigir hasta los 65".

A sus anchas frente a la adversidad, Simeone parte con una ventaja que no quiso desvelar el día de su presentación en el Calderón por miedo a no ser creído: "Sabía que me iba a ir bien en el Atlético. Tenía una energía positiva", explicó en esa entrevista en la revista El Gráfico, donde resume su forma de ser. "Cuánto más espontáneo soy, mejor me va". Y, por supuesto, ni siquiera ahora se deja engalanar por la gloria de estos días que antes o después se acabarán, como le pasó a Radomir Antic en el Atlético del doblete. "El triunfo a veces te coloca más cerca de poder equivocarte. Del fracaso es mucho más fácil salir", dice.