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Splitter deja vacío al Madrid

El brasileño lleva al Baskonia a su tercera final consecutiva

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Los últimos gestos se quedaron en amago. Como todo el año del Madrid. Dos triples a medio hacer de Llull (62-56, min. 38) para un baloncesto a mitad de predicamento. El primer proyecto de Messina quedó ayer en silencio. Splitter lo vació de competición y lo llenó de reflexiones delante del escaparate por el título.

La final repite aroma por tercer curso competitivo Barcelona y Baskonia, intercambia escenario el factor cancha para los de Pascual y destroza el mito de una ACB bipolar. Para los vitorianos, una definición poco justificada con su historia reciente. Para el baloncesto, el sentido común en el año mágico del Barça y la aparición de Messina. El italiano llegó para acortar tiempos y recordar la vocación de títulos perdida entre los recuerdos. Para cambiar el rol en Europa. Volver a la Final Four. Ya allí, intuir el sueño. Para convertirse en la sombra del Barça.

Messina cierra su primer proyecto sin títulos y con mucho por construir

Paradójicamente, la mayor coartada del Madrid para explicar el curso sin títulos. Porque en la grandeza de los blaugrana se arman los argumentos madridistas para disipar el suspenso. 'Es el mejor Barça de la historia', apuntaba Maceiras, responsable de la sección, el pasado viernes. La promesa de Messina era volver a las finales, aunque luego doliera el vapuleo, como sucedió en la Copa del Rey. Así se lograría el aprobado. Para ello debían luchar por la Liga. Por la ilusión generada y el desembolso en cash. Pero el baloncesto acaba sacando los colores a los millones. Porque con 27 millones de euros se pueden comprar jugadores 11 fichajes pero no esos pequeños matices que determinan los partidos.

En ese cromatismo de detalles, algunos son ambientales (condescendencia de los árbitros hacia Splitter, a quien ayer permitieron todo lo que castigaron a Tomic y Lavrinovic) y muchos otros cargados de viveza. Un rebote recuperado entre la maraña, un pase interceptado, un tiro sin nervios... En esa línea se decidió el partido del ultimátum. Con un Baskonia entregado a Splitter, que enervó enseguida a Tomic (dos personales en seis minutos), y, por definición, al Madrid. El 17-6 (minuto 6) intuía un castigo que Llull frenó desde el dolor. Descartado el sábado por los médicos, el menorquín mezcló arrebatos con eficacia en el tiro para iniciar la caza.

El suspenso define un año de baloncesto inmaduro en los momentos clave

Sus ocho puntos al descanso sirvieron de llamamiento a Felipe Reyes. Su despertar en la anotación facilitó la igualada (32-32, minuto 22), mientras Llull seguía vulnerando la defensa vitoriana desde la casta, el único sentimiento que ayer aportó Velickovic. Suya fue la canasta que puso la primera ventaja blanca (46-47, minuto 31), el resorte que activó a Teletovic, Splitter y Eliyahu. En su corrección, ante un Madrid instalado en errores no forzados, sinónimo de inmadurez en los momentos decisivos, el Baskonia cerró una serie para abrir el jueves (La 2, horario aún sin determinar) otra.

'No es el momento de hacer balance', decía ayer Messina. Le tocará en los próximos días, durante una lucha que ya le será ajena al Madrid de las necesidades: Títulos, ausentes en los tres últimos años, y un proyecto de futuro sin tanta cana. Ante el vacío, se abre la veda de los fichajes.