Publicado: 29.08.2015 19:07 |Actualizado: 29.08.2015 19:07

Stuyvens y Chaves sonríen en el caos

El belga se impone en la octava etapa de la Vuelta y el colombiano sigue líder tras una caótica jornada marcada por el intenso calor y por una caída masiva

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Stuyvens celebra su victoria en la etapa de la Vuelta. EFE/Javier Lizón

Stuyvens celebra su victoria en la etapa de la Vuelta. EFE/Javier Lizón

MURCIA.- El belga Jesper Stuyven (Trek) y el líder colombiano Esteban Chaves (Orica) eran los más felices en la meta de Murcia. Uno como vencedor de la etapa y otro aún con la roja de líder sonreían por sus conquistas en una caótica jornada marcada por el intenso calor y por una caída masiva que eliminó a Van Garderen, Daniel Martin y Bouhanni.

"Míras el libro de ruta y parece que es una etapa transición", comentaba Chaves, "pero luego se convierte en un infierno". Y lo dijo con razón El Chavito, pues aunque sólo sufriese daños de chapa y pintura, se fue al suelo a 50 kilómetros de meta, en Murcia, donde la montonera encogió el corazón de la Vuelta.

Ciclistas tendidos en el asfalto, algunos junto a los raíles del tranvía, el belga Boeckmans no se movía... mala pita tenía aquella imagen que parecía sacada de una batalla. Por suerte los daños de todos los implicados tuvieron solución en el hospital de la capital murciana.



El accidente fue la antesala del doble ascenso al Alto de la Cresta del Gallo, un puerto de tercera a 16 kilómetros de la capital que sembró el pánico por momentos. En aquella carretera estrecha de asfalto rugoso e irregular y de descenso peligroso estaba marcada la clave de la octava etapa que nació en la Puebla de Don Fadrique, en el altiplano granadino.

A la Cresta del Gallo, cuyo nombre se debe a una formación de rocas rojizas que recuerdan el apéndice de ese ave, llegó el pelotón alterado. Primero porque el líder Chaves se había quedado descolgado. Los favoritos salieron volando, claro. Y luego porque el peligro del descenso exigía colocarse en lugares seguros.

Allí murió la fuga del día después de que el estadounidense Alex Howes tratara de rebelarse como último superviviente. Y allí nació un tramo final de etapa frenético, de alto riesgo, con los pelos de punta en cada curva.

Chaves se unió al pelotón después de recibir los consejos del director Neil Stephens, un perro viejo, que le habló de mantener la calma. Luego sus compañeros Meyer e Impey le llevaron a su sitio, entre los grandes.

En la segunda subida, Brambilla, Gonçalves y Durasek trataron de abrir camino hacia Murcia, pero el grupo, muy desordenado y agitado por el interés de provocar el esprint, anuló la tentativa. También quiso asumir protagonismo el local José Joaquín Rojas, quien se cayó en la bajada. Rojillas no pudo ser profeta en su tierra.

No terminaron los sustos. Un pelotón reducido a 25 unidades quedó al frente a 8 kilómetros de meta, cuando Peter Sagan fue arrollado por una moto. El eslovaco, encolerizado y apartado de la lucha por la victoria, pateó la bicicleta y juró en todos los idiomas posibles.

Ya no hubo más sobresaltos. El australiano Adam Hansen, el hombre diesel con el récord de 13 grandes consecutivas, salió disparado a 2 de meta. Sin éxito, pues la suerte estaba echada para que los velocistas que se habían salvado de caídas, atropellos y que mantenían fuerzas después del salvar el puerto.

Día para segundos espadas, que también tienen derecho a la gloria. Entre ellos surgió Jesper Stuyven, de 23 años, brillante como juvenil, pues fue campeón del mundo en 2009 y ganador de la París Roubaix en 2010. Como profesional era desconocido desde su debut en 2012. Ya no lo es. Logró su primera etapa en una de las grandes.

Stuyvens también sufrió la caída de Murcia. "Me hice daño en las muñecas, pero al final tenía compañeros para ayudarme y decidí intentarlo", dijo en meta.

En la general la vida sigue igual. Chaves al frente con 10 segundos sobre Dumoulin (Giant) y 36 respecto a Nicolas Roche (Sky), quien ocupa la tercera plaza que se dejó Dan Martin en la caída. El primer español, cuarto, Alejandro Valverde. En casa se quejó del calor. "Me gusta que haga calor, pero hombre, no tanto". dijo.

Este domingo otra prueba con final en alto. La novena etapa entre Torrevieja y el Ato de Puig Llorença, de 168 kilómetros, promete un desenlace entretenido.