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Supersónico Robben

El extremo holandés ratifica su extraordinario de estado de forma al culminar un contragolpe a toda velocidad en el primer minuto. Raúl marca de tacón en su partido 500 de Liga

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Un contragolpe tras un córner y dos robos de balón. Dos panaceas de la modernidad como argumento para ganar. El Madrid no trianguló, no tuvo música con la pelota, pero se afiló cada vez que el Mallorca se descubría o cometía un error. Especialmente por las bandas. Allí reina Robben, que está supersónico.

Juande defiende que el equipo no tiene adicción al holandés, pero los partidos y el juego dicen lo contrario. El Madrid padece el síndrome de abstinencia en el costado por el que Robben no vuela. La tesitura tiene dos lecturas. Por una habla de un equipo que trata de aprovechar al máximo sus recursos. Por otra, descubre un problema que ya existía con Schuster. Del técnico alemán, Juande ha aprovechado lo único que logró asentar alemán año y medio: las salidas por banda a toda mecha. El primer gol se puede meter en el túnel del tiempo. Sólo hay cambiar a Robben por Robinho. Un saque veloz de Casillas con la mano al centro del campo. Un pase abierto de Higuaín al holandés que destrozó en el primer minuto la defensa de cinco con la que Manzano rompió su habitual línea de cuatro. Corrales, que debía estar pendiente del holandés rompió el fuera de juego en la distancia, lo que duplica la ingenuidad de su error. Aouate quiso taparle el primer palo y se le despatarró para ofrecerle el túnel de las vergüenzas, la cachita; gol.

Un minuto y partido resuelto. A toda velocidad, que es el motor y el dogma de la eficacia del siglo XXI. Mucho con poco, rápido y apañado. El fútbol no es ajeno a lo que se mueve a su alrededor. No hay tiempo para la recreación estética y eso ha desembocado en la importancia sublime de futbolistas como Lass, exponente de pedigrí de ese juego industrial y manufacturero del que sólo se distancian el Barça y el Villarreal.

Con el francés, Juande puede adelantar la línea de defensa a la altura del centro del campo y que el equipo trate de robar la pelota arriba. De esa moda de presionar ni el Barça puede alejarse. Es el mayor legado que dejó Sacchi. Se acortan riesgos con el balón y la circulación desde atrás es un engorro. En ese fútbol vertiginoso sobran futbolistas como Guti, que lo tiene crudo para entrar en el once. Se acercan los últimos días del futbolista sobón y sin desborde como soporte del juego ofensivo. Ahora, los imprescindibles corren mucho, roban y tocan lo justo. Así que la duda sobre Lass o Huntelaar no es tal.

Juande está armando un equipo metálico. Sin una banda de momento, porque a Sneijder la gravedad de su yo futbolístico le atrae hacia el medio. Mucha pierna dura y elaboración la justa porque tampoco tiene jugadores ni tiempo para ello. Salvo Gago, a todos les gusta conducir el balón, por lo que diseñar circuitos de balón desde el toque paciente es una quimera.

Para el que no hay fecha de caducidad es para Raúl. 500 partidos cumplió y lo celebró con un gol muy suyo. No estaba perfilado para el remate sí en el sitio adecuado como tantas veces. Resolvió de tacón el pase de Higuaín. Siempre quedará la duda de los goles que llevaría si no hubiera sido tan sumiso cuando le condenaron a la banda y le alejaron del área. Otro en su caso hubiera piado y puesto contra la pared al entrenador de turno, sobre todo cuando tenía que correr para Ronaldo, que pocas veces corrió como se le podía exigir por su sueldo. La secuencia de este tanto también respondió al maná de lo moderno. Higuaín limpió un balón en la frontal del área y reventó la defensa de cinco con un simple paso adelante con el balón controlado. En el segundo tiempo ya eran cuatro...

El tercer tanto respondió a los mismos parámetros. Gago robó en un intento de salida del Mallorca y cruzó la pelota al segundo. Allí estaba Ramos, que enganchó una volea a la que Aouate volvió a abirle el túnel de la vergüenza de los porteros. Robar, tocar y marcar. El fútbol en el siglo XXI...