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Tchité destroza al Valencia

El Racing domina el barro y deja sin liderato a los de Emery (2-4)

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'El millor arranc de la história' ('El mejor arranque de la historia'). Eso aparecía inscrito en las 1.000 camisetas repartidas entre el público antes de comenzar el partido. Mestalla era una fiesta, pese a la noche fresca y lluviosa, que restó afluencia. El Valencia de Emery anda exultante en la Liga y la afición lo agradeció mostrando algunos banderines naranjas que reflejaban su actual estado de ánimo. Nada que ver con aquel equipo triste y desorientado de Koeman, al que precisamente el Racing venció en la que fue la última derrota valencianista en su campo. Desde entonces, nueve triunfos seguidos en casa. Hasta ayer.

Todo eran parabienes locales. Quedaba comprobar la actitud de los cántabros, su última bestia negra. Al minuto, gol anulado al Valencia; a los siete, ocasión de Villa, que lanzó fuera ante la salida de Toño, y, acto seguido, disparo de Vicente rozando el larguero.

Los de Emery querían resolver pronto imprimiendo velocidad a su juego. La lluvia también caía con fuerza. Tchité, en medio del aguacero, daba el primer susto chutando pegado al poste. Era su noche. El Racing daba señales de vida.

Y las señales fueron de la cruz, porque Tchité aprovechó un pase de Pereira para adelantar a su equipo. Los cántabros parecían seguir la inercia victoriosa de sus dos últimos años en Mestalla. Y el propio Tchité estuvo a punto de ampliar la ventaja: rechazó Renan. Sin reponerse todavía del susto, el Valencia se encontró con el regalo de la noche. El rumano Sepsi zancadilleó tontamente a Joaquín y dio pie al empate de penalti. Villa marcó su gol número 99.

Pasados por agua, iban cayendo los minutos en dirección al descanso. El Racing parecía mejor adaptado al resbaladizo terreno de juego. Los pupilos de Muñiz estaban poniendo a prueba al líder, cuya condición pasaba precisamente por doblegar a este tipo de rivales: bien plantados, correosos y aferrándose a la más mínima oportunidad que se le presente. De momento, la de Tchité, y la que le ofrecía una intensa lluvia. El cuerpo a cuerpo estaba de su parte. El Valencia tenía que superar ese reto.

Tchité se lo puso francamente difícil, porque en la reanudación volvió a marcar. Saltaban todas las alarmas: el gafe del Racing se agrandaba. Mestalla parecía El Sardinero, como la noche era más y más norteña. El partido había entrado en una dinámica estajanovista. Y Emery se la jugó dando entrada a Baraja y Morientes. No quedaba otra que apelar a la heroica en un campo cada vez más embarrado: las camisetas blancas del Valencia ya eran marrones. El Racing, entre tanto, iba de falta en falta tratando de hacer intransitable el encuentro. Y los minutos pasaban. La primera derrota che iba tomando cuerpo.

Hasta que Toño cantó bajo la lluvia. Joaquín lo aprovechó para igualar y para recuperar el pulso. La grada volvía a sentirse en campo del líder. Y el líder respondía presionando. Los cambios surtían efecto. El dominio era agobiante. Rugía el '¡A por ellos!' en la grada, cada vez más inquieta.

Y entonces, Tchité, cómo no, asestó una puñalada mortal a diez minutos del final. El Racing, por tercer año consecutivo, estaba a punto de llevarse el partido. Y se lo llevó cuando Albelda se metió en su puerta una serie de rechaces. Increíble, pero el líder de la Liga caía de manera estrepitosa en una noche extrañamente celebratoria.