Publicado: 10.04.2014 10:45 |Actualizado: 10.04.2014 10:45

This is the Calderón

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54.000 almas enfervorecidas. Unidas en cuepo y alma a su equipo. Sumidas en un éxtasis de orgullo y alegría desbordada. Tiñendo todo un estadio de rojo y blanco, con las bufandas en alto. Cantando el himno del equipo tan fuerte como sus gargantas les permitían. Aplaudiendo a la afición rival y viceversa. Y todo ello cuando ya los protagonistas de la contienda, los jugadores del Atlético y del Barcelona, ya habían abandonado el terreno de juego tras una brutal batalla de 90 minutos. El césped vacío y las gradas llenas. Nadie se quería perder la fiesta.

Esa es la estampa que pudo contemplar toda Europa del Vicente Calderón. Un estadio que desde ayer es la máxima expresión de cómo una afición puede llevar en volandas a un equipo hasta las semifinales de la Liga de Campeones y que dio toda una lección de civismo y deportividad. Una afición que una vez más demostró ser una de las mejores de todo el mundo. Hasta 20 minutos después de que Webb pitara el final del choque nadie se movió. El momento era único. Saborearlo al máximo era la mejor opción.

Pasarán muchos años y la afición rojiblanca recordará el 9 de abril de 2014. El día que el Atlético volvía a situarse entre los cuatro equipos más grandes de Europa. 40 años para ver esa estampa eran muchos años. Y es que parte de los aficionados que anoche se congregaron en el feudo colchonero ni habían nacido siquiera por aquel 1974.   

Los jugadores, entregados al máximo a la causa, no tuvieron más remedio que saltar de nuevo al campo para agradecer la entrega de su afición. Esa que nunca les deja solos en su caminar. Gabi, Koke, Diego, Juanfran, Godín, Miranda, Villa, Adrián... Todos festejaron la victoria contra el Barcelona como si de un título se tratara. La ocasión no era para menos.

Algunos con la camiseta quitada, otros con la zamarra puesta del revés, acudieron al círculo central para saltar con los cantos de su hinchada. Después, se dirigieron al fondo sur, el de los aficionados del Frente Atlético, y a continuación fueron al fondo contrario para cubrir así todos los extremos del coliseo rojiblanco.

Los jugadores solo tenían palabras de elogio ante lo que habían vivido. Simeone aseguró en sala de prensa que "la gente estuvo fantástica. Hubo un ambiente tremendo que no influyó en la jerarquía del Barcelona, porque está acostumbrado a este tipo de ruido, pero sí en los nuestros. El espectáculo en la tribuna fue maravilloso y eso nos ayudó al triunfo". Godín y Koke compartían el mismo sentimiento. "Hoy fue una comunión impresionante con la gente". "Con esta afición es imposible perder un partido".

El gran tifo desplegado antes del partido. EFE

El Calderón vivió ya desde las 8 de la tarde una de sus tardes más memorables. A esa hora estaba citada la afición para ir calentando el ambiente en la ribera del Manzanares. El 1-1 de la ida dejaba muchas puertas abiertas. Lo que podía desequilibrar el choque, tras tanta igualdad vivida, era el ambiente que recibirían los dos equipos. 

Y el Calderón respondió. A lo grande. En cuanto saltaron los protagonistas se desplegó un inmenso tifo en homenaje al exjugador y extécnico rojiblanco Luis Aragonés, fallecido el pasado 1 de febrero. "Ganar, ganar y volver a ganar". Una de las frases más recordadas de El Sabio de Hortaleza llenó las gradas rojiblancas. Mientras, la afición coreaba los nombres de sus jugadores al unísono. 

Y a los cinco minutos de juego, primer estallido. Koke remachaba a las redes y pase de cabeza de Adrián. El 1-0 subía al marcador. El sueño se acercaba. Otros tres remates a los palos y quince minutos impresionantes del Atlético hacían elevar la energía de la afición. El Cholo desde el banquillo, como siempre, un manojo de nervios.

De ahí hasta el final, el Calderón iba encadenando cántico tras cántico. Decibelios y más decibelios. Tan solo rebajados cuando Neymar cogía el balón.  Y ya en el 85, con la semifinal rozando, la olla a presión terminó por entrar en ebullición. El pitido final terminó de hacer saltar el pitorro. El día de hoy, el de la resaca, la afición del Atlético vive en una nube. Mañana conocerá a su rival en semifinales. Y no quiere bajarse de ella. Tendrán que tirarla.