Publicado: 30.06.2014 07:00 |Actualizado: 30.06.2014 07:00

Thomas Müller, el alemán de toda la vida

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Refuerza la tradición alemana de toda la vida. Jugador alto, ancho, que escenifica épocas enteras en las que, como tantas veces explicó el periodista Julio César Iglesias, creador del mito de la 'Quinta del Buitre', "no soñábamos con los alemanes, los envidiábamos". Eran esos tiempos en los que "uno iba al estadio a ver ganar a su equipo, no a divertirse con su equipo", y que en Alemania todavía se respeta como si fuese ayer. Y uno de los que impide que la tradición se muera es Thomas Müller (Baviera, 1989), que cumple con todos los requisitos para lograrlo. Jugador altísimo, fuerte, tantas veces goleador a un solo toque, por alto o por bajo, que tiende a desanimar a sus competidores. Así que ahí están sus estadísticas a los 24 años, dos Mundiales disputados, nueve goles, cuatro de ellos en este último, donde Müller respeta la increíble precisión de la industria alemana, esa industria que fabrica hegemonía.

En el fútbol de Müller se habla, sobre todo, de beneficios, los de los goles que archiva en estos cinco años en la eliteJugador consustancial al éxito, Müller es un hombre de una única imagen, una mirada franca o una mano de obra cualificada. Con un pelo que siempre es el mismo, y eso es una excepción en el fútbol moderno, Müller es un tipo demasiado alemán, inexplicable sin la cuenta corriente de los resultados. Ángela Merkel podría hacer un retrato tan valido de él como Joachim Löw. Al fin y al cabo, en el fútbol de Müller se habla, sobre todo, de beneficios, los de los goles que archiva en estos cinco años en la elite, desde que Van Gaal le hizo titular en el Bayern Münich. Muller perteneció siempre a esa ciudad, donde figuras míticas como Hoeness o Rummenige justifican claramente a un futbolista como él, en el que los regates son secundarios y, acaso, evitables. Su vida se compone de uno o dos toques en los que puede resultar desesperante su capacidad para encontrar el gol. A veces, Müller parece que no está y, de repente, se encuentra su nombre entre los goleadores del partido.

"Hay que entender que Thomas es así", ha explicado estos días Oliver Kahn, ese mito alemán, ese antiguo portero, al canal de televisión alemán ZDF. "Su estilo es poco ortodoxo, pero eso no importa. Siempre que veo a Thomas me fijo en su lenguaje corporal. Veo que parece decir 'quiero ser campeón del mundo', y eso causa una fortísima impresión". Así que se entiende absolutamente que Alemania se fíe tanto de un futbolista así. Dueño de sí mismo, el país apenas lo juzga. Por encima de todo, lo admira y le da la razón en las discusiones como este último año en el Bayern Münich, en el que no se sintió muy a gusto con Guardiola. De hecho, se habla de que puede marchar al Manchester United, donde ha llegado Van Gaal que es alguien muy especial para él. "No puedo ocultar que tenemos muy buena relación", admite el futbolista.

Thomas Müller, el chico de Baviera, ahonda en las raíces germanas de toda la vidaPero, de momento, Müller está en Porto Alegre, donde ayer le recibió agua y frío, un clima similar al de Alemania, que podría ser un buen presagio para el partido de esta noche frente a Argelia (22.00 horas, Beira-Río). Será un día más para Müller, una noche más en la fábrica, donde nunca se sabe exactamente lo que es, si es delantero centro o delantero a secas. En cualquier caso, para establecer diferencias ya está esa forma de ser suya tan alemana en la que el fútbol, por encima de un cuento de hadas, es una cuenta de resultados. Y allí Thomas Müller, el chico de Baviera, ahonda en las raíces germanas de toda la vida. Y, como tal, no desestima nada, ni siquiera esos balones que hacen efectos raros, porque "allí puede haber un gol que te haga un sitio en la vitrina", en esa vitrina en la que figura desde los años ochenta Briegel, ese anchísimo lateral que a Julio César Iglesias, por ejemplo, le dejó huella.