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Torres se expresa como un red de pro

El Niño celebra el gol de penalti de Gerrard y no el de Maxi

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A la entrada de la Liverpool Club Store, situada en la céntrica y neurálgica Williamson Square, lo primero que se atisba es un maniquí que luce la camiseta de Torres y que, brazos en alto, ondea una bufanda de la Peña Atlética Fernando Torres de Fuenlabrada. Antes, una foto gigante suya celebrando un gol con los reds, con el fondo de la bandera española, decora la fachada izquierda de una de las tiendas oficiales que el Liverpool tiene repartidas por la ciudad. Mientras, en el escaparate de la derecha, su imagen se repite, esta vez ejerciendo de modelo con una sudadera del club.

También el programa oficial del partido, que se vende a tres libras, le dedica la portada y un amplio reportaje en páginas interiores en el que se recorre su carrera desde que estaba en las categorías inferiores del Atlético.

Todo estaba preparado ayer en Anfield para que El Niño se enfrentara, aunque sólo fuera unos minutos, a su ex equipo. Sin embargo, esta vez tampoco pudo ser. Como ya sucediera en el Calderón, Torres tuvo que ver el partido desde la grada. Rafa Benítez, que mantuvo escondida su convocatoria hasta última hora, decidió no arriesgar con su lesión le y le dejó fuera de la lista.

A la llegada del Liverpool a Anfield, y con la figura de Rafa Benítez sobresaliendo entre todas, los aficionados ingleses corearon el nombre de Fernando Torres. Rivalizaban, a la par que coincidían con los cánticos de los hinchas del Atlético que se agolpaban al cobijo de la valla que da acceso a la tribuna principal, coronada en su frontal con el mítico Youll never walk alone.

Hora y cuarto antes del partido, Torres saltó al césped de Anfield en compañía de su Olaia, su novia, y se acercó a la Century Stand la tribuna del Centenario para saludar a los muchos aficionados del Atlético que ya habían tomado posiciones. Los gritos de ¡Fernando Torres, Fernando Torres! no se hicieron esperar, y El Niño fue aclamado por una afición que le admira casi tanto como le añora. De camino al túnel de vestuario, el delantero del Liverpool saludó a Ricardo Sánchez, jefe de seguridad del Atlético, con quien se fundió en un cariñoso abrazo.

Sin embargo, cuando la pelota se puso en juego, Torres no ocultó el escudo que defiende. Apenas gesticuló cuando Maxi adelantó al Atlético en el marcador. Cerrar los ojos y morderse los labios fueran las únicas y tibias señales de decepción que enseñó. Luego, alzó la mano cuando Anfield reclamó un penalti por manos de Perea. Más tarde, pareció suplicar más calidad ante un error de su equipo. También lanzó un improperio entredientes ante una ocasión fallida de los reds y se tapó el rostro en otra. El penalti a favor de su equipo lo aplaudió. Y cerrando los puños, celebró el tanto de Gerrard.