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El Tour vuelve a las piernas

Contador deja atrás la polémica con Armstrong y es el favorito en una carrera centrada sólo en el ciclismo

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Las salidas de tono aparecerán en cualquier recta con porcentaje salvaje. Metros de asfalto que aceleran los consumos de oxígeno y llenan de dolores las piernas. Las sensaciones que provocan las rampas de La Madeleine, el Aubisque, Pai-lhères o el Tourmalet. Este último el techo (2.115 metros) de un Tour que lo oferta en dos raciones. En la primera, de paso hacia Pau. Un día después, como meta y punto final a los siete días de montaña de la Grand Boucle. Paisajes donde el ciclismo siempre ha decidido el amarillo de París. Así fue el año pasado, cuando la danza de Contador sobre la bici pudo con las camarillas de hotel, a la hora de la cena, de Armstrong. Así volverá a ser este año en un Tour que ha regresado a las piernas. El corazón del ciclismo. El órgano sin piedad que forja mitos para después jubilarlos. Armstrong anda en esta última fase. Con un gran nombre, pero con unas piernas que han eludido la pelea, durante la mayor parte del calendario, en carreras secundarias.

Mañana inicia en Rotterdam su último Tour. Lo soltó el pasado lunes en un último intento por recuperar el foco de una carrera que ya no maneja su Twitter. El control lo tienen otros. Contador por encima de todos. El líder que necesitó apenas dos semanas de convivencia las concentraciones en Pisa y Calpe con sus nuevos compañeros para convencerlos de que el Astana no era menos que ninguno. Por mucho que así lo inciten los gregarios del Radioshack, Saxo Bank, Sky o Rabobank. En invierno, el Astana era Contador, un escudero de kilates Vinokourov, otro con buen pasado Pereiro y un remanso de fidelidad. Buenas bases que terminaron por cerrar dudas en la carretera. Porque el canibalismo de Alberto termina en él, pero se forja en compañía. Un mensaje que el pelotón ha aprendido en la París-Niza, Algarve, Castilla-León, Dauphine o las clásicas. Alberto fue tercero en la Flecha Valona y décimo en la Lieja-Bastogna-Lieja que ganó Vinokourov, la última confirmación de que el entorno de Contador está preparado para su tercer Tour. Un recorrido que, sin contrarreloj por equipos, eleva su cotización.

Andy Schleck, su gran rival, promete una carrera con

'Contador sale con cinco minutos de ventaja', espeta Samu Sánchez. El líder del Euskaltel es otro aspirante al podio, como Menchov, Gesink, Armstrong o los hermanos Schleck. En el objetivo de las etapas andan Sastre o el Caisse de Luisle Sánchez, Rojas o Iván Gutiérrez. Dice Andy, el pequeño, la mayor amenaza, que llevará la pelea donde Contador no se lo espera. 'Creo que lo harán en cada kilómetro', responde Alberto en este diario. Por peligro, sobresalen los siete tramos de pavé 13,2 kilómetros, los mismos que se recorren en la París-Roubaix, de la cuarta etapa. Un día para no separarse de Vinokourov. Una jornada para perder el Tour. Por eso Contador hizo un máster a finales de abril con Van Petegem. Junto al ex corredor belga, aprendió cómo ir sobre los cantos rodados, a cambiar la posición de las manos, a pedalear con menos presión en los neumáticos, a evitar circular por las intersecciones de las piedras

Otro guiño al Tour de las piernas. Las que recorrerán casi 3.700 kilómetros con otras tres etapas claves. Dos en los Pirineos, las dos del Tourmalet. La última entre las largas llanuras y viñedos de Burdeos a Paullac. 50 kilómetros cronometrados que definirán el podio final. Así sucedió el año pasado en Annecy. Ese día, Contador confirmó que es el ciclista total y Armstrong calló de un Tour en el que fue tan falso compañero como verdadero enemigo. Mañana empieza otro. Sin enemigos bajo el mismo maillot. Sólo rivales que castigan dando pedales.