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Tres hombres sin piedad

El sensacional estado de forma de Simao, Forlán y Kun destroza a un frágil Sporting. La contundencia de sus delanteros está muy por encima del fútbol colectivo del Atlético

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El Atlético es el caos y la excelencia a la vez. Es la anarquía que dibujó el primer gol del Sporting, cuando Bilic se acomodó en el corazón del área, rodeado de cinco rivales que, incomprensiblemente, le guardaron la distancia y le permitieron cabecear con total desahogo y dirigir la pelota hacia un ángulo letal. El Atlético es la sublime eficacia de su tridente ofensivo: Simao, Forlán y Agüero. Son tres colosos llamados a tirar de un grupo que, como colectivo, acredita incontables defectos.

Tras el descanso, después de que el Kun hubiera firmado ya dos goles -genial el primero, preciso el segundo-, el trío apareció para trenzar una obra de veloz, bella y precisa ingeniería a la que sólo le faltó la guinda del gol. Agüero calculó mal el testarazo y el balón voló demasiado alto. No pasa nada. La sociedad limitada que forman los tres funciona como un reloj. Así que minutos después Forlán achuchó a Iván Hernández, éste se trastabilló y el uruguayo no perdonó.

Un conjunto solvente, incluso del montón, marca tres goles fuera de casa y mata el partido. Más ante un rival como el Sporting, voluntarioso en el centro, con criterio arriba pero desastroso en defensa. Sin embargo, este Atlético tiembla con nada y amenaza ruina a la mínima. Un zapatazo de Barral, una manos blandas de Leo Franco y las dudas volvieron a erizar el espinazo de los jugadores rojiblancos.

Hasta que, por enésima vez, los tres tenores dieron la nota. Simao fabricó una falta al borde del área y él mismo la ejecutó. No fue gol, pero sembró el pánico en la floja zaga gijonesa. Y, claro, cuando las fieras huelen el miedo e intuyen la sangre, muerden. Forlán y Agüero afilaron sus garras, jugaron con los tiernos defensas astures y le sirvieron el 2-4 en bandeja a Maxi. El uruguayo, insaciable, aún aparecería una vez más para marcar a placer tras aprovecharse del agujero negro existente en la retaguardia del equipo de Preciado.

La goleada desnuda a un Sporting que, cuando parecía cuajado, volvió a recordar peligrosamente al del primer y fatídico tramo liguero. La contundencia del resultado apenas maquillas las miserias del Atlético. El conjunto de Aguirre arrancó medroso y ausente, desarbolado por ambas bandas y con los delanteros del Sporting enseñoreados en el área de Leo Franco. Sin plan de actuación alguno, su poder emana del sobrecogedor estado de forma de los tres hombres que habitan en el ataque.