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La trilogía del diez

El argentino, con dos goles y una gran asistencia a Iniesta, le da al Barça el primer título de la temporada. Mou no fue cobarde y mantuvo la propuesta de la ida. Marcelo fue el que ensució un partido precioso

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Superclásico. Fútbol para degustar. Con dos equipos en su verdad. De área a área y con un ritmo vertiginoso hasta donde les llegaron los pulmones. Juego sin respiro. Muchos esfuerzos cortos y explosivos. El Barça tratando de ligar juego; el Madrid de acortarlo con transiciones vertiginosas. Y, por encima de todo, Messi. Dos goles y una asistencia para enmarcar que le dieron a su equipo esta Supercopa. No se le puede reprochar nada a ninguno de los dos equipos. Mourinho confirmó su valentía del Bernabéu. Matizó con Coentrao por Marcelo, pero no renunció a la presión arriba.

El Barça apareció con el once de Wembley. Una decisión de Guardiola tan emocional como práctica. Reconocido por él mismo que su equipo está por debajo físicamente, trató de rebajar esa diferencia con el fútbol de memoria. Con todos los estandartes del estilo en la hierba. Con Piqué, Busquets, Xavi e Iniesta en el once procuró Guardiola que el atasco del Bernabéu en la salida del balón no se diera. Y no se dio tanto, aunque el Madrid no se lo puso fácil ni mucho menos. De hecho, le birló tres balones en menos de dos minutos. En uno de ellos, Cristiano exigió a Valdés con un disparo potente.

Una patada a Cesc de Marcelo acabó en su expulsión y la de Özil y Villa

Una de las lecturas que se sacan de ambos partidos es que el Madrid se siente cómodo defendiendo los saques de Valdés. Ahí se sabe superior, por físico y por agresividad. No tardó el Barça en responder a esa salida ambiciosa del Madrid. Fue Pedro el primero en levantar la mano. Espoleado por la llegada de Alexis, se puso hasta bicicletero en el primer balón que tocó.

Pero el primer golpe serio lo dio Messi, que le interpretó a Khedira la trilogía del diez: cintura, vista y tobillo. Recogió una pelota en el centro del campo, se zafó del alemán y sacó un pase corrido para Iniesta, que no afeó ni mucho menos toda la estética que le precedió. Picó con suavidad por encima de Casillas.

Como en el partido del Bernabéu, la resistencia psicológica del Madrid se puso a prueba con ese gol. No se vino abajo. Le ayudó que al poco Cristiano, en posible fuera de juego, desvió un tiró de Benzema que antes también había rozado Ramos. Encajó peor el golpe el Barça, que se desorientó. El Madrid, a toda mecha, hizo suyo el partido. Cristiano soltó un pepinazo centrado que le dobló las manos a Valdés y se estrelló en el larguero. A otro e inmediato disparo raso y cruzado de Özil, tras un gran pase de Benzema, también respondió abajo Valdés.

Fue un duelo con dos equipos en su verdad, de área a área y a toda mecha

Ese exceso de revoluciones y de velocidad le ha dado al Madrid autoridad ante el Barça, pero no acaba de gestionarla bien. En especial Cristiano, que parece vivir los duelos con el Barça como una cuestión personal y no colectiva. Eso le llevó a elegir casi siempre mal. A abusar del uno contra uno y a convertirse en muy previsible para Alves, al que le valía con aguantarle la carrera y no picar en sus arabescos. No parece entender Cristiano que los adornos o sirven para engañar o en meros adornos se quedan. No cose el engaño a la salida por un perfil o por el otro y así le va. Y así le padecen sus compañeros.

Al otro lado de esa manera de interpretar el juego está Messi. Hubo una jugada que retrató esa antítesis que les sitúa en orillas opuestas. Cristiano perdió una pelota en la banda y se convirtió en un contragolpe que plantó a Messi ante Casillas. No convirtió esa ocasión el argentino, pero sí la siguiente. Pique aclaró un barullo en el área con un taconazo que dejó a Messi en el cara a cara con Casillas. Si a Khedira le hizo la trilogía del diez, a Casillas le superó con la frialdad del nueve. Le clavó un toque suave y cruzado como si nada. Otra vez, Messi desequilibrando. Otra vez al borde del descanso como en el partido de ida. Los errores defensivos del Madrid le han entregado al Barça esta Supercopa.

El segundo tiempo ya no tuvo tanto fútbol, pero sí intensidad. Mourinho decidió meter a Marcelo -pasado de vueltas con Messi y luego con Cesc- por Khedira. Marcelo fue el principal causante de que se ensuciara un partido precioso. Todo fue más confuso para el Madrid, pero no le perdió la cara al Barça. Siguió empeñado y logró empatar en una jugada a balón parado tras un par de avisos del mismo calado. Fue el francés el que igualó. Parecía que se iba a la prórroga, pero el Barça desempató agarrado a su estilo. Tres toques: Cesc-Adriano-Messi; gol. Tac,tac, tac. 

Barcelona: Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Xavi, Busquets (Keita, m. 85), Iniesta; Pedro (Cesc, m. 82), Messi y Villa (Adriano, m. 73).

Real Madrid: Casillas; Ramos, Pepe, Carvalho, Coentrao; Khedira (Marcelo, m. 46), Xabi Alonso; Di María (Higuaín, m. 63), Özil (Kaká, m. 77) , Cristiano; y Benzema.
Árbitro: Borbalán. Expulsó a Marcelo (m. 90) por un patada a Cesc y a Özil (m. 90) y Villa (m. 90) por encararse. Amarillas a Khedira, Xavi, Cristiano, Mascherano, Pepe, Ramos y Coentrao.

Goles: 1-0. M. 15. Iniesta, de vaselina. 1-1. M. 19. Cristiano desvía un tiro de Benzema. 2-1. M. 44. Messi cruza suave. 2.-2. M. 82. Benzema, de rechace. 3-2. M. 88. Messi, a pase de Adriano.

Camp Nou: 92.965. 000 espectadores.

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