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Un trotamundos de la ilusión

Urko Pardo, portero español del Apoel criado en el Barça, se planta en octavos de Champions tras peregrinar por 2ª B, Grecia y Rumanía

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Qué otra cosa da más alegría a todo un pueblo que una victoria?', se pregunta el guardameta español Urko Pardo. Sabe bien de lo que habla. Hijo de padre vasco, madre gallega y nacido en Bélgica (Bruselas, 1983), Urko vive un sueño. El futbolista aterrizó en Chipre el pasado verano para jugar en el Apoel de Nicosia. Pocos meses después se ha hecho fijo en el once titular de un equipo que el miércoles se clasificó por primera vez para jugar los octavos de final de Liga de Campeones tras empatar (0-0) con el Zenit en Rusia. Nunca un club de Chipre había llegado tan lejos.

Los chipriotas son la revelación del campeonato. Han conseguido nueve puntos en el grupo G y no han perdido ninguno de los cinco partidos jugados hasta la fecha. La lesión de Chiotis ante el Porto abrió a Urko las puertas de la titularidad y él aprovechó la ocasión. En sus tres encuentros en la máxima competición europea, Pardo no ha encajado ningún gol. La historia de este portero de 28 años demuestra su tesón por vivir del fútbol profesional. Pese al éxito que vive hoy en el Apoel, no lo ha tenido fácil. En 1999 llegó a Barcelona procedente del Anderlecht. Tenía 16 años e ingresó en La Masia, donde permaneció hasta 2004.

Nacido en Bélgica y formado en La Masia, ha jugado en cinco países

'Urko era un chaval muy majo. Algo distraído, pero muy buen tío. Físicamente era impresionante, con su 1,90 de estatura. Es verdad que técnicamente tenía algunas carencias, le faltaban cosas, pero era un jugador perfecto, entrenaba muchísimo, era muy cumplidor', recuerda Quique Costas, su entrenador en el Barcelona B 2006-07 y hoy técnico en la cantera azulgrana.

Urko se calzó por primera vez unos guantes de portero de casualidad. Tenía 6 o 7 años y jugaba de delantero en los infantiles del Anderlecht.'Metía bastantes goles. No era malo, la verdad', cuenta él mismo. Un día lluvioso en un entrenamiento, el cancerbero se lesionó y Urko ocupó su puesto. 'Creo que me metieron cinco o seis goles, pero paré unos 50. El míster del Infantil A me subió enseguida a su equipo y no como delantero, sino como lo que siempre quise ser: portero'.

Ya en La Masia, Pardo se curte como jugador. Allí coincide con Leo Messi, Iniesta, Valdés, Reina, Arteta... 'La Masia es un lugar maravilloso, la verdad. No veo mejor lugar para aprender el oficio de futbolista', dice Urko, quien sólo tiene palabras de agradecimiento para la escuela del Barça. 'Es una fábrica de jugadores increíbles, pero también de personas extraordinarias. Una escuela de la vida a la que siempre estaré agradecido por haberme hecho un hombre', afirma.

'Era algo distraído, majo y físicamente impresionante', recuerda Costas

Tras jugar en las categorías inferiores del Barcelona, en la temporada 2002-2003, Urko sufre una grave lesión. En un entrenamiento se rompe el ligamento cruzado. El jugador estaba a un paso del primer equipo pero la fatalidad le tiene un año apartado de los terrenos de juego. A Urko no le queda más opción que buscar una salida. Tras recuperarse, en el año 2004 pone rumbo al Cartagena, de Segunda B. Un año después recala en el Sabadell, en la misma categoría. Dos temporadas en las que Urko adquiere minutos y experiencia.

El guardameta guarda un buen recuerdo de aquellos años de formación en 'equipos sin mucho nombre pero con mucho corazón'. 'El fútbol de abajo es un fútbol duro. Es un fútbol de hombres, de cara a cara, que te hace sentir lo dura que es la vida y lo duro que es salir a buscársela día a día', destaca el portero. Urko es consciente de que, al fin y al cabo, es un afortunado en este deporte. 'En un nada, nos podemos encontrar otra vez luchando en esos campos pequeños', admite.

En 2006, el Barcelona recupera a Urko Pardo, quien ocupa una ficha en el Barça B. Es el más veterano de aquel equipo en el que jugaban chavales como Marc Crosas, Jeffren, Giovanni dos Santos y Bojan, entre otros. 'Urko tuvo el problema de los porteros. Si eres un jugador de campo siempre puedes jugar en más posiciones, tienes más posibilidades. Pero el portero es el portero, y él no tuvo la debida continuidad', sostiene Costas. Sin hueco en el primer equipo y con pocos minutos en el Barcelona B, el guardameta decide probar suerte lejos de España.

Con 24 años, Urko pone rumbo a Grecia y ficha por el Iraklis de Salónica. Es el año 2007 y comienza su peregrinaje por Europa. En 2008 debuta en una competición europea en las filas del Rapid de Bucarest ante el Wolfsburgo. En 2008 regresa a uno de los equipos históricos del fútbol griego, el Olympiakos, dirigido entonces por Ernesto Valverde. Allí está dos temporadas pero no llega a un acuerdo para renovar el contrato. Hasta que el pasado verano, Ivan Jovanovic, técnico del Apoel, le ofrece entrenarse en Chipre. Pardo no se lo piensa y, tras varios meses de adaptación, se convierte en titular.

'El fútbol profesional es un mundo difícil, donde nadie regala nada. A veces, puede parecer injusto o violento. A veces puede parecer como desconectado de la realidad. Cuando me levanto por la mañana, cuando me pongo los guantes, cuando me tiro, sé que son miles de personas las que se tiran conmigo. Es una presión enorme, pero cuando al final llega la victoria y veo la alegría en todos esos rostros, me digo que hago el trabajo más bonito del mundo'. Tras años de labor, altibajos y sacrificios, Urko vive el momento más dulce de una carrera resumida en cuatro palabras: 'Hay que tener ilusión'