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El turbo de Capel lleva a la goleada

El Sevilla golea 4-0 al Karpaty ucraniano. El Villarreal pierde ante el PAOK (1-0) y el Getafe cae en casa ante el Sttutgart (0-3)

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La piedra Rosetta que descifra el juego de Capel no ocupa mucho más de una línea. Es un futbolista que sobrevive gracias a su extraordinaria explosividad. Ahí está todo el secreto. El lateral rival no tiene más que medir un poco de distancia para desactivar el cohete. Sin embargo, el defensa izquierdo del Karpaty desconocía lo que le esperaba frente al rubio. Le achuchó. Bailó arrimado para gozo del sevillista. Disfrutó de uno de esos partidos que casi ya no se le recordaban. Mató con su velocidad a un equipo que se despreocupó de estudiar a lo que tenía delante ante tanto desnivel entre una plantilla y otra.

El Sevilla usó este partido para lo que andaba buscando: deshacerse de esa desagradable pringue que le había dejado el baño del Nou Camp. La goleada recupera esa autoestima que el rodillo azulgrana dejó despedazada. Con la cara B, sin usar a los pesos pesados, la clasificación para la siguiente fase parece encarrilada después del tropiezo en la primera jornada ante el Paris Saint Germain. Lo del lunes ante el Valencia será una historia muy distinta.

Jugó con fuego y se quemó. Un Villarreal más plano de lo habitual, atrancado y sin frescura, sucumbió ante un equipo griego voluntarioso, insistente, espoleado por unos aficionados incendiarios. Demasiado ruido en la grada y pocas nueces sobre el terreno de juego, al menos para los castellonenses, que vieron cómo el portugués Vieirinha se adelantó a la defensa amarilla para marcar el gol del triunfo. Si los cánticos, bengalas y petardos fueron constantes, tras el gol se recrudecieron. Para el Villarreal, cuando quiso reaccionar con las entradas de Rossi y Cazorla, ya fue demasiado tarde.

El PAOK, cuya mayor adrenalina procedió de la afición, incansable, venció a base de empuje y echándole continua leña al infierno griego. No es que se achicara el Villarreal, pero no fue desde luego el equipo grande que se pasea por la Liga. Jugó alicaído en la primera parte y cuando se desperezó en la reanudación salió malparado en un ardoroso saque de esquina. Sin intimidar, los griegos sacaron provecho de lo que mejor saben hacer: ponerle la oreja caliente al rival hasta desorientarle. El Villarreal se complica la clasificación y tendrá que despabilar en El Madrigal, un campo menos caliente. Que tomen buena nota. 

Fue como entrar en casa y encontrarla vacía, con las gradas huérfanas y las bufandas en casa. A partir de ahí, lo inevitable: el Getafe no encontró sus valores ante un Sttutgart, que posiblemente pertenece a otra clase social. O, al menos, tiene futbolistas a los que no empeora viajar al extranjero. El Getafe se puso pronto de luto. El primer gol fue de novela negra. Boateng se equivocó de llaves y le regaló la entrada del piso a Marica, que fusiló con la intención justa. Aún faltaba media vida, pero el partido quedó en números rojos. Míchel se entregó a la misma solución de siempre tras el descanso. Salió Casquero para sacar del zulú a los poetas muertos, pero no encontró colaboradores. Si acaso, Manu antes de que Gebhart conectase el segundo gol.

Al Sttutgart sólo le faltó la cerveza en el césped. Encontró rebajas por todas partes. Al principio, fue Víctor Sánchez el que más dio la nota por la derecha, pero después hubo quienes le superaron. Harnik encontró el tercer gol casi sin querer y, en un escenario tan insípido, sólo una cabeza tan revoltosa como la de Marica fue capaz de complicarse la vida. Pero ya se sabe: hay gente que no sabe vivir en paz ni así le llenen de diamantes los bolsillos.