Publicado: 10.12.2013 07:57 |Actualizado: 10.12.2013 07:57

La universidad de Isco

La grandeza del Madrid, que hoy juega en Copenhague (20.45 horas) no ha cambiado ni un ápice a un futbolista, de 21 años, que piensa que "a veces, una virguería es lo mejor"

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Hay futbolistas inseparables de la imaginación. Hay futbolistas como Isco (Málaga, 1992) capaces de hacer lo que nunca se ha visto hacer a Messi ni se vio hacer a Pelé ni a Cruyff ni siquiera a DiStéfano. El pasado sábado frente al Olimpic de Xativa tiró un autopase con la espuela que, en primer lugar, nos hace preguntarnos en qué academia se enseña eso, qué clase de entrenador o qué clase de futbolista lo puede hacer. Y entonces aparece Isco, criado en Andalucía, donde tantas veces se dice que "los poetas nacen y los oradores se hacen". Y él, por encima de todo, es un poeta que no recuerda mejor escuela en su vida que "la de la calle", donde la imperfección puede ser maravillosa. Una imperfección que, incluso, se explica a través de su propio físico, con los pies torcidos o el centro de gravedad muy bajo, que lo hacen correr "de esa forma tan extraña".

Lo reconoce él, Isco Román Alarcón, que, además, tiene un perro que se llama 'Messi', que se lo regaló un labrador, antes de jugar en el Madrid, y al que decidió llamar Messi porque "mi perro, al igual que Messi, también es el mejor". Pero nada de eso es óbice para que Isco juegue con el Madrid en noches de Champions como la de hoy en Copenhague (20.45 horas). Allí, el frío tampoco reprimirá a un futbolista, criado en el Sur, donde la posesión de la pelota puede ser un acto de fe. "A veces, una virguería es lo mejor", insiste Isco, un muchacho distinto al que, afortunadamente, no hay entrenador que haya pedido que baje a la mina ("yo no robo balones") para no contrarrestar lo que puede ser. "Me gusta hacer cosas nuevas sin forzar, pero, sobre todo, probar". Por eso se atreve con ideas como ese autopase con la espuela frente al Olimpic de Xativa que demuestran que en el fútbol no todo está inventado. "A fin de cuentas de lo que se trata es de ser valiente". Aún hay muchas cosas que aprender de la calle. "Arriesgo sin miedo a perder la pelota".

Hace cinco meses que llegó al Madrid y, de momento, ha conseguido que Ancelotti lo acepte tal y como es y no se preocupe por cambiarlo. El entrenador insiste en que le recuerda "a Zidane por su manera de tratar el balón" y, en sus primeros cinco meses de blanco, le ha concedido doce partidos de titular, en los que Isco no ha faltado a la verdad. "Mi fútbol pasa desapercibido sin la pelota". Y en una época como ésta, en la que la ley de los entrenadores transforma a tantos jugadores, Isco conserva ese mérito, "porque, de lo contrario, nos quedaríamos sin futbolista". La declaración corresponde a Salvador Burgos, el hombre que lo trajo al Atlético Benamiel cuando tenía ocho años. "Yo era el presidente del equipo", explica en su conversación con Público.

"Veníamos siguiéndole en la Escuela Municipal desde que tenía cinco años. Pero, si la memoria no me falla, aquí no le enseñó nadie nada. En todo caso, fue él el que nos enseñó a nosotros. En esa época probablemente ya haría cosas como el autopase con espuela de Xátiva, no digo que no, e, incluso, mejores. Tenía algo que le diferenciaba de los demás y, sobre todo, un carácter enorme. Siendo infantil, jugaba en categoría cadete, con chavales que eran dos años mayores que él, y aún así era el capitán del equipo. Gracias a él, lo ganamos todo. Fuimos, incluso, campeones de Andalucía".

"Aquí no le enseñó nadie nada. En todo caso, fue él el que nos enseñó a nosotros"

Hoy, Isco es futbolista del Madrid, donde reivindica todas esas cosas que sólo se aprenden en el fútbol de barrio lejos de la pizarra, de la retórica de los entrenadores y hasta de las cabinas de hidromasaje. "Porque es así, no hay más que verle jugar, no hay más que ver su formación, el origen de su familia: su padre trabajaba en el puerto deportivo, su madre en la limpieza, su propio hermano Antonio Manuel tuvo muy mala suerte, tuvo una lesión de rodilla que le impidió intentarlo siendo chaval...", insiste Salvador Burgos, que no duda que Isco triunfará en el Madrid.

"A los ocho años, ya tenía un carácter bestial, una velocidad de piernas que desafiaba al resto de su cuerpo. Era más bien rellenito, pero pensaba más rápido que los demás y si saltaba con alguien siempre se llevaba la pelota". Burgos no cree que haga apología de esa época. "Era así, realmente era así, venía gente de toda la provincia a verlo. Aquel chaval tenía muy poco que enseñar futbolísticamente. Vinieron clubes de toda España a verlo hasta que el Valencia se lo llevó. Tenía entonces 14 años y entre nosotros no había duda de que podía llegar a lo más alto, a cosas como las de hoy en el Madrid. Otra cosa es que llegase, porque el fútbol... Mira el caso de su hermano".

La realidad es que en el Valencia empezó otra época. "Nosotros entregamos un jugador. De allí salió como un futbolista profesional". Isco estilizó el cuerpo, aprendió de la morriña, el valor de la soledad o de la dieta en un deportista de elite. A la larga, supo pactar con las dificultades, pero todo eso ya forma parte de la historia más reciente, de la que le vio fichar por el Málaga por seis millones de euros (sin haber jugado nada en Primera) o, sin ir más lejos, llegar al Madrid con 21 años. Todo eso es la historia más próxima, la que ya se conoce y la que, en cualquier caso, es inseparable de los origines del Isco Román Alarcón. Un futbolista que no se crió en ningún Centro de Alto Rendimiento, sino en el fútbol de barrio, donde nunca se dejan de inventar cosas...