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Valerón sentencia con tres toques

El canario decide el partido ante el Getafe con un gran pase nada más salir

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Y al tercer toque Valerón resolvió el partido. Salió con el paso cansino de siempre. Barba de místico y la cabeza levantada. Suficiente para descubrir uno de los muchos agujeros en el centro de la defensa del Getafe. Suficiente para demostrar que la técnica sigue siendo el origen del desequilibrio. No sudó Valerón, pero tampoco le hizo falta. Después del pase que originó el penalti ganador de Abbondanzieri a Bodipo, siguió andando, metiendo el juego en sus propios tiempos. Sin robar una pelota domesticó a todo el Getafe.

La fragilidad defensiva en momentos puntuales persigue a los equipos de Víctor Muñoz. Si hay un entrenador que apueste a ciegas por jugar con la defensa adelantada y tirar el fuera de juego ese es el entrenador del Getafe. Lo hizo en el Mallorca cuando era un novato en los banquillos, en el Villarreal, en el Zaragoza y en el Recreativo. La apuesta es tan hermosa como arriesgada. Contiene una línea delgada que separa la eficacia del derrumbe. La suele quebrar la confianza, que va muy ligada a la creencia de los defensas en la propuesta . Igual que los éxitos le han llegado con la defensa a 40 metros y siempre dando un paso adelante, también le han supuesto sus caídas más dolorosas.

La manita encajada en Pamplona es el típico mandoble que hace tambalear esa confianza tan necesaria. Mario y Cata estuvieron fuera de sí desde el primer minuto del partido. Bodipo les amenazó tres veces en menos de siete minutos. A la cuarta ya no perdonó. Mario le perdió la referencia en un córner peinado al segundo palo y Bodipo le castigó con un derechazo ajustado. Los tembleques defensivos tienen otro efecto pernicioso. La inseguridad se propaga al resto del equipo y el resultado es el de ayer: la pelota fue del Deportivo.

Ni siquiera la excelente maniobra de Manu en el gol del empate provocó que el Getafe quisiera ser protagonista. Manu fue el único jugador del Getafe que puso intenciones dañinas. Suele hacerlo siempre. Los entrenadores le alejan del área para aprovechar su zancada, su trabajo y su sumisión. Sus partidos son un correr sin parar para abrir huecos o perseguir balones al hueco que disparan los contragolpes. Lo hace bien, pero siempre queda la duda de qué sería si algún entrenador se atreviera a darle el centro de las operaciones.

Les falta rebeldía a muchos jugadores en el fútbol de hoy. Apenas los hay que se rebelen a las decisiones de sus entrenadores que les empequeñecen. Granero es uno de ellos. Meterle en una banda es cortarle una pierna. El chico de Pozuelo lo acepta, pero cuando ofrece su mejor versión es cuando se libera de las ataduras tácticas. Entonces se desboca y hace suyo el juego con su dinámico ir y venir. Ese fútbol contagia a sus compañeros, que suelen seguirle.

Los mejores momentos del Getafe esta temporada han tenido que ver con el Granero más libre y protagonista. Si no hay nadie que se atreva a que el peso del juego recaiga en él tendrá que abrir la boca y gritar que el futuro es suyo. Por encima de equilibrios, de dobles pivotes y de la dictadura de la pizarra.