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El verdugo francés

El Villarreal, ajusticiado por Ribery, se despide de Europa por esta temporada

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La clasificación del grupo definiría al Villarreal como la tradicional cenicienta que se ha plantado en un grupo inaccesible por la enjundia de los rivales. Cero puntos en cinco partidos y sin opción alguna ni siquiera de colarse en el consuelo de la Liga Europa. Cuando el sorteo le emparejó a Bayern, Nápoles y Manchester City, las fuerzas andaban más o menos igualadas, nadie descartaba otra machada de los amarillos.

Pero esta fase de grupos de la Liga de Campeones ha visto un sucedáneo de Villarreal. A ese nivel, a los de Múnich les bastó con 20 minutos para acabar con esta desafinada versión. Ya casi en la primera jugada de ataque los alemanes desactivaron las pocas esperanzas de los hombres de Garrido. La despedida fue, al menos, con la cabeza alta. Con la noche ya del revés, el conjunto español se enchufó a su amor propio para enseñar para de su catálogo durante un rato del segundo tiempo.

El mismo verdugo que dejó caer el hacha en el primer partido de esta fase se ensañó otra vez con Diego López. Ribery desplegó un fútbol soberbio en El Madrigal, casi dos meses después la estela del francés resultó decisiva de nuevo. Una mala gestión de la salida en la pelota metió al equipo en un lío. Con la defensa en desorden, Kroos le regaló el gol al francés. La mayoría de futbolistas reciben ese pase y todavía se tienen que preocupar de resolver con acierto la ecuación delante del portero. Para Ribery, una asistencia así es, lo dicho, un regalo. Es triunfo seguro. Su pericia en la suerte del uno contra uno ante el arquero es de matrícula de honor. Pareciera ponerse en la piel de alguno de esos delanteros brasileños dueño de un catálogo interminable para acabar siempre con la pelota en la red. Tipo Ronaldo o Romario.

El partido tenía ya un tatuaje imborrable. Una puñalada trapera como esa iba a costar mucho de curar. Mario Gómez abrió todavía más la herida con un gol casi sin querer. El Villarreal, al menos, supo construir un dique para que la catarata inicial no acabara en goleada. Hasta se vino arriba en el primer cuarto de hora de la segunda parte. De Guzman, todavía muy por debajo de su versión del Mallorca, adornó la noche con un golazo de volea.

La incertidumbre reveló de nuevo al verdugo. Casi consigue una obra maestra de chilena, pero no perdonó de nuevo en su mejor especialidad. Recibió otro de esos regalos y con la mayor tranquilidad le quitó el lazo y lo abrió.