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"Cuando vi la noticia en la televisión, me dije: ¡por fin!"

Arturo Ortiz. Recordman nacional de salto de altura, con 2,34 metros. Actualmente es el entrenador de Gema Martín-Pozuelo, la posible sucesora de Ruth Beitia

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Arturo Ortiz (Ginebra, 1966) llegó a la Residencia Blume cuando tenía 18 años. Primero como saltador de altura y ahora como entrenador de saltadores, lleva ya tres décadas en las pistas del INEF. Habla de atletismo con pasión, con seguridad. Con conocimiento de causa.

¿Qué sintió cuando estalló la operación Galgo'?

Lo primero que pensé es: ¡por fin! Y eso significa que hemos dado un salto cualitativo importante en cuanto a las consecuencias de lo que se hace. Los que se dopan ya no tienen que dar explicaciones a la justicia deportiva, sino ante un juez. Y el ánimo cambia cuando tienes enfrente a un juez. La justicia deportiva ha sido bastante ineficaz en demasiados casos. De todos modos, tenemos que esperar aún a ver en qué acaba esto y eso lo tendrá que decir un juez. Y, sin embargo, creo hay otras cosas en las que no hace falta que un juez me diga lo que yo sé.

Se está demostrando que la lucha judicial, aparte de los controles, es muy eficaz.

Claro, es buena, es indispensable y habrá que seguir apretando las tuercas.

¿Usted cambiaría algo en la lucha contra el dopaje?

Sí. Más sanciones económicas y, por supuesto, elevar las sanciones a cuatro años para que haya una proporcionalidad. Y que nunca se reduzca la pena.

¿Está en contra de que le hayan reducido a Paquillo su sanción en un año?

Sí, totalmente en contra. Y no debe estar en los Juegos de Londres. Tiene que haber una ética. Y hay que sancionar a las personas que tienen poca ética, que no han respetado el ideario olímpico.

El atleta Alberto García, imputado, reincidente, fue compañero suyo en el club Larios...

A mí me produce alegría siempre que cacen a un tramposo.

Usted llegó a la Residencia Blume de Madrid hace 25 años. ¿Desde cuándo sospecha que el entrenador Manuel Pascua estaba relacionado con el dopaje?

A mí el entrenador de mi pueblo ya me había dicho: 'Si por cualquier circunstancia de la vida no te puede entrenar Paco López [el que se convertiría en su técnico de toda la vida], procura por favor que no sea Manolo Pascua'.

¿Qué mueve a gente como Eufemiano Fuentes o Pascua a seguir en la trampa del dopaje después de la operación Puerto', de la Ley de Dopaje?

Yo creo que aquí hay tres motivaciones. La primera es económica, porque cuando les va bien, es que se están forrando. Lo segundo es un tema de ego. Se ven buenos y dan resultados. Y lo tercero es una cuestión de personalidad. Tú en la vida puedes ser como un escorpión y el escorpión siempre va a seguir picando. Tienen algo que les impide irse a su casa y disfrutar de la vida contemplativa.

Usted es un atleta retirado. ¿Qué diferencia hay entre un atleta que se retira sabiendo que se dopó y uno que no lo hizo?

Esta pregunta me pone en la picota porque yo no puedo hablar en boca de uno que lo ha hecho. Yo no lo he hecho. El recuerdo que tengo es la amistad de mis amigos atletas y no el éxito deportivo. Cuando te jubilas del deporte, el éxito ya no es importante. Tengo todas mis medallas en una caja de zapatos, en la buhardilla. Valoro otro tipo de cosas. Lo que sí le puedo decir es que cuando yo sospechaba de algún atleta, no entendía aquellas lágrimas o sonrisas en el podio, esa ficción. Nunca entendí a Florence Griffith llorando.

Dicen en la IAAF que hay un 11% de muestras sanguíneas anómalas. ¿Es ese el nivel real de dopaje?

Lo desconozco, pero me parece una barbaridad, muy alto.

Marta Domínguez era vicepresidenta y Pascua, entrenador adjunto de la Federación. ¿Cree que Odriozola debe dimitir?

Hay una palabra que está en desuso en España: vergüenza. Está en el diccionario, pero no se usa. Yo creo que Odriozola no es la causa del dopaje, pero sí está en sus estamentos y, por vergüenza, debe dimitir. También debe dimitir Landa. Esto les ha estallado debajo de los pies y no se han enterado de que el escorpión siempre quiere seguir.

Su récord de España va a cumplir 20 años, ¿por qué no se lo quitan?

¡Vaya quiebro! Lo que pasa es que el milagro del deporte español no existe. O sí existe, pues eso, ¡que es un milagro! A ver, aquí hemos perdido la capacidad de detectar talentos. Los Juegos Escolares de los años setenta eran excelentes, pero ahora no hay nada de deporte escolar. Se ha destruido. Las horas de Educación Física han menguado. Y los entrenadores de ahora no estamos dando la talla.