Publicado: 23.04.2015 20:54 |Actualizado: 24.04.2015 07:00

La vida después del dopaje: "Al menos que no se hagan traficantes"

Un empobrecido atletismo español aboga por ayudar a sus últimos positivos por dopaje, como Mohamed Marhoum, “para evitar cosas peores. Además, si no existiese el perdón nos volveríamos locos”, recuerda Miguel Ángel Mostaza.

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De izquierda a derecha: Julio Rey, Mohamed Marhoum y Marta Domínguez.

De izquierda a derecha: Julio Rey, Mohamed Marhoum y Marta Domínguez.

MADRID.- El dolor no se cura en dos días. Parecía que había pasado esa época en la que las medallas olían tan mal. Pero el dopaje de Mohamed Marhoum, ese marroquí tan felizmente nacionalizado, último campeón de España de cross, ha regresado a los viejos tiempos. Ha recuperado una pregunta ingrata que ahora Marhoum, incapaz de mirarte a la cara, ni se plantea. Una pregunta que desea saber si hay vida después del dopaje y que recuerda que en el pasado sí la hubo como fue caso de Julio Rey.

Después de ser sancionado dos años, fue medalla de plata en el Mundial de París. Batió, incluso, el récord de España de maratón en Hamburgo con 2 horas, 6 minutos y 50 segundos. Pero de aquello han pasado casi diez años en los que la sociedad cambió y endureció penas. Miguel Ángel Mostaza, el manager de referencia del atletismo español, acepta que esa pregunta ya no es la misma. “Pero lo que sigo negándome a pesar es que no haya vida después del dopaje”, rebate. “¿Cómo no va a haberla? Sería erróneo. Creo que todos tenemos derecho a cometer errores, a una segunda, a una tercera y hasta una cuarta oportunidad. Si no existiese el perdón, nos volveríamos locos. ¿Quién no tiene algo de lo que arrepentirse de una desgracia?”



José Luis Mareca: "Si un atleta puede hacer buenas marcas sin doparse, ¿por qué lo hace? Supongo que su objetivo no será el de correr más, sino el de ganar más dinero"

La pregunta se traslada a Zaragoza, donde José Luis Mareca, un hombre que lleva 44 años en el atletismo, entrenador ahora de Carlos Mayo, Toni Abadía o Marisa Casanova, rebate: “En este país tampoco se puede decir que el hecho de dar positivo haya sido muy castigado”. Mareca, “afortunadamente”, no ha tenido ningún caso entre sus atletas. “No conocí esa desgracia”. Por eso no entiende que “si un atleta puede hacer buenas marcas sin doparse, ¿por qué lo hace? Supongo que su objetivo no será el de correr más, sino el de ganar más dinero”.

Una teoría que, sin embargo, desmonta el discurso de Mostaza: “Ahora mismo es que ni siquiera hay un por qué en lo económico. Antes, todavía, pero hoy…, el atletismo no es ni sombra de lo que fue. Es un deporte de subsistencia en el que apenas hay fijos, apenas hay sponsors y las becas prácticamente son ridículas. La Federación ya no paga ni las concentraciones en altitud de los atletas con el dinero que cuesta eso. No creo que el dopaje pueda compensar eso. No le encuentro otro sentido que no sea la vanidad, la avaricia del triunfo, porque el dinero no. No se puede ganar algo que ahora apenas existe en el atletismo”.

"No sé como es un frasco de EPO"

Mareca: “A mí lo que me molesta es que no a todo el mundo se le haya tratado igual como si hubiera casos de dopaje de Primera o Segunda división”

En su existencia, Mareca promete que “no sabe ni cómo es un frasco de EPO. Puedo tenerlo delante mía y no reconocerlo. Si fuera al contrario, lo diría. A mí nadie me puede acusar de nada. Pero es que jamás en mi vida ha venido nadie a mi grupo de entrenamiento a ofrecernos la posibilidad de doparnos”. Sin embargo, la historia del atletismo español no es ajena al dopaje con casos que preceden al de Marhoum como el de viejos dinosaurios como Marta Domínguez, Sergio Sánchez, Pentinel o Alberto García. “A mí lo que me molesta es que no a todo el mundo se le haya tratado igual como si hubiera casos de dopaje de Primera o Segunda división”, insiste Mareca. “Ha habido casos de los que prácticamente esos atletas han salido beneficiados. Sin embargo, a otros, que a los ojos de la opinión pública pueden ser más débiles, se les ha machacado. Y si eso molesta que pase en el resto de la sociedad, en la que el rico se hace más rico y el pobre más pobre, también molesta en el atletismo”.

Podría ser el caso ahora de Marhoum, la última estafa en un deporte herido. “Pero yo nunca dejaría de lado a la persona”, explica Mostaza. “Al contrario: una situación como ésta nos puede servir para explicarle que ha hecho algo que no está permitido bajo ningún concepto y que lo va a pagar el resto de su vida. Yo, salvo que fuese un caso muy aislado, creo que me negaría a representar a un atleta así una vez que cumpla la sanción”. Mareca tampoco sabe si entrenaría a ese hipotético atleta, “pero si hace falta volcarse con la persona creo que me volcaría con ella. Ha habido casos en los que no se ha hecho y encima se han convertido en traficantes, y eso es bastante peor que doparse. No se puede condenar a nadie. Al menos, yo no soy quién para hacerlo”.

Mostaza: “No te puedes fiar de nadie. Creo que es la filosofía a seguir"

El caso es que la crónica de sucesos no desaparece del atletismo español, tan huérfano de buenas noticias. “No te puedes fiar de nadie”, explica Mostaza. “Creo que es la filosofía a seguir. Yo siempre recordaré el caso del alemán Dieter Bauman que ha sido uno de los mayores detractores del dopaje que han existido en el mundo. Él y su mujer, Isabelle. Y, sin embargo, llegó ese día en el que él también dio positivo”. La diferencia es que Bauman volvió y todavía tuvo tiempo para triunfar. Algo extraño, extrañísimo, en la vida de atletas, casi excepcional como excepcional fue el caso de Julio Rey. El resto de gente que fue acusada de dopaje ya no volvió como Marta Domínguez, todavía senadora del PP en Palencia. Y si volvió, como Alberto García, fue a un nivel muy inferior. “Sin el dopaje, se convierten en atletas absolutamente normales”, recuerda Mostaza. “Y, claro, ya no es lo mismo”.