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Con Vilanova y Abidal en la retina

La recuperación del lateral y sobre todo la lejana ausencia del técnico han servido para elevar el valor humano de esta Liga

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El Barcelona ha tenido que convivir esta temporada con dos realidades como los tumores del técnico Tito Vilanova y del lateral Eric Abidal que han obligado a remodelar la estrategia y la planificación de la temporada y han relativizado la importancia de lo deportivo para elevar el valor de la vida humana. 

Los sentimientos han estado durante este curso a flor de piel. La baja de Abidal ya era sabida desde que se sometió al trasplante de hígado en abril de 2012. Sus compañeros siempre han destacado el valor y el ejemplo que ha dado el francés durante el largo y fatigoso proceso. Pero cuando la temporada parecía ir viento en pompa, en plena celebración navideña, la recaída del cáncer en la glándula paródita de Tito Vilanova hizo que se tambalearan los cimientos anímicos tanto del club como de todo el mundo del fútbol. 'Estos problemas demuestran que no somos leyendas, nos hacen humanos. Somos como todos los demás, nos pasan cosas que le pasan a todos los demás', afirmó la tarde del 19 de diciembre el director deportivo del Barcelona, Andoni Zubizarreta, en una rueda de prensa junto al presidente, Sandro Rosell. Al día siguiente Tito era operado de forma satisfactoria. Y comenzaba una recuperación incierta de la que el club prefería guardar secreto por deseo expreso del propio técnico.

La maldita enfermedad le exponía a unos focos de los que siempre había renegado desde que se hiciera cargo del equipo en sustitución de Guardiola. Vilanova siempre ha preferido la naturalidad, la normalidad, el anonimato y el trabajo concienzudo pero discreto. El 22 de diciembre salía del hospital para seguir un tratamiento de radioterapia y quimioterapia y por la noche el equipo, ya encomendado a Jordi Roura, ganaba por 1-3 en el José Zorrilla al Valladolid y le dedicaba la victoria a Tito. La búsqueda de una segunda opinión sobre el tratamiento a seguir hizo a Vilanova viajar hasta Nueva York, donde permaneció desde el 21 de enero hasta el 26 de marzo. Dos meses de ausencia pese a que el contacto con Roura, al frente del equipo durante ese tiempo, y Altimira fue constante, incluso durante los partidos. Sin embargo, fue entonces cuando comenzaron a asomar ciertas alarmas que denotaban que el equipo necesitaba cerca a Tito.

Como reconocía este pasado viernes en su primera rueda de prensa tras su reaparición, 'había un problema de distancias. Si hubiera podido hacerlo en París o Londres, o en Barcelona, lo habría hecho, pero en Nueva York había un problema de distancias y de horarios. Desde allí intentaba ayudar en lo posible, tener trato con el jugador, pero no es posible hacerlo como estando aquí'.

La separación técnico-plantilla dejó al descubierto la falta de un líder que el grupo tampoco lograba encontrar en el campo. Messi se echaba sobre la espalda la carga del gol pero le falta carisma para levantar los ánimos en situaciones comprometidas. El capitán Puyol ha pasado más tiempo en la sala de rehabilitación que en el césped. Y solo Xavi e Iniesta parecían capaces de aglutinar ese protagonismo necesario. Las derrotas ante el Real Madrid y la obligación a remontar ante el Milan demostraron que el Barça había perdido ciertas actitudes y aptitudes. La defensa se fragmentaba debido a las lesiones, el juego se había aplanado y surgía cierta incapacidad para reaccionar en situaciones adversas durante los partidos. 

Roura daba la cara ante la prensa y desde el banquillo pero comenzaba a vislumbrarse la importancia del regreso de Vilanova. Que se hizo efectivo el 26 de marzo. El club le recibía con un apoyo total elaborando un vídeo para darle la bienvenida bajo las palabras de Tu lucha es nuestra fuerza, guiño a la frase que un tiempo antes le expresó el propio técnico a Abidal. El 29 de marzo, el técnico del Barça regresaba al campo de entrenamiento 67 días después, y aunque se descartó su presencia en el partido liguero de Vigo, sí se dio por segura su presencia en París.  Ese mismo día se conocía que Abidal regresaba a una convocatoria. La semana anterior había disputado 65 minutos en un amistoso con el Barça B ante el Istres. El alta médica la tenía desde que el Barça cayera por 2-0 ante el Milan en los octavos de Champions.

Vilanova regresó al banquillo cuando el Barça más le necesitaba. El 1 de abril se volvía a sentar en un banquillo en el Parque de los Príncipes ante el PSG en los cuartos de final de la Champions. 'Vuelve el entrenador, el jefe, el que tiene el mando, y todos sentimos una gran alegría porque es una persona muy querida en el club', decía Roura. Y el día 8 el Camp Nou le recuperó puesto en pie. Desde el 16 de enero en el encuentro que empató el Barça con el Málaga en Copa no había vuelto a pisar el césped del estadio culé.

Su regreso no pudo ejercer un influjo más decisivo. El Barça ganó por 5-0 al Mallorca. Vilanova, lejos de buscar protagonismos, se los cedió todos a otro hombre que volvía a sentirse futbolista, Eric Abidal. En el minuto 25 de la segunda parte, el francés sustituía a Piqué para disputar sus primeros minutos en un partido oficial. Era la primera vez que lo hacía desde que el 29 de febrero de 2012 disputara un amistoso entre Francia y Alemania. En Liga lo había hecho el 26 ante el Atlético. 'Estoy muy contento. Ha sido muy, muy especial tras un año durísimo', comentaba el lateral francés tras el partido.  Y de su lucha contra la enfermedad decía: 'He luchado por mi familia, por mis amigos. Si puedo ser un ejemplo de lucha, para que la gente no se desanime, mucho mejor'. Días después Abidal confesaba la dureza del proceso en una entrevista a la televisión pública francesa y que incluso en algún momento llegó a pedir a los médicos que le indujeran el coma. 

Las circunstancias de la vida han convulsionado la labor deportiva del Barça. Pero también han demostrado que ante las adversidades la capacidad humana se eleva exponencialmente. La piña anímica ha sido fundamental para aguantar el ritmo competitivo y ha dado para alcanzar la 22ª Liga azulgrana. Con ella en el bolsillo Vilanova y Abidal regresan con energías renovadas, con una muesca bien grande en el bastón de la vida y con ganas de seguir dando guerra (deportiva) la próxima temporada.