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Y de repente, Negredo

El nuevo Sevilla de Manzano derrota a un Atlético que desperdició una hora de juego

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Vitoreado como un gladiador en el circo después de tumbar a la fiera, Negredo recibió al fin el cariño del coliseo sevillista. Hasta ahora sólo le había faltado salir a tomatazos del Pizjuán. La grada había focalizado en él toda la pesadumbre por las muchas tardes de juego enfangado de su equipo. La etiqueta de fichaje más caro en la historia de un club tiene sus consecuencias. Ceñida a la pura contabilidad, su temporada pasada aprobó por los pelos. Sin embargo, cargó con un suspenso mayúsculo por varias pasadas de frenada de su carácter en momentos en que sus compañeros se jugaban los cuartos.

El personal no tuvo más remedio que componerle un estribillo halagador después de su magnífico partido ante el Atlético. Fue el Negredo que todos esperaban, ese delantero híbrido, unas veces tanque, otras armamento ligero.

Todo esto ocurrió en la tarde en que dos de los aspirantes a asaltar el trono de los grandes imperios se encontraron frente a frente. Dejó mejores sensaciones el Sevilla que el Atlético. En el resumen final ambos tienen aún mucho que avanzar si quieren estar a la altura, por ejemplo, del Valencia.

a la grada con una gran actuación 

Quique malgastó una hora de partido por condicionar su alineación a lo que tenía enfrente. Su equipo sudó miedo en la primera mitad. Cuando el entrenador modificó la propuesta ya le habían caído dos goles. Lo que quiso reforzar con el novedoso esquema fue lo que le condenó. Más gente en el centro para nada. El invento creó un problema.

El primer trabajo de Manzano en el Sevilla ha sido cimentar un centro del campo. Hasta hoy, había sido una línea sin entidad propia en los últimos años. Ahora, al menos, ya se perfila su estructura. Clavados como picas, Renato y Romaric jamás perdieron el sitio. El maestro de obras es Kanouté. Ya se atisbó en Alemania que el africano va a disfrazarse de organizador muchas tardes. Unos metros por delante de los pivotes resultó decisivo en la conquista de esa zona.

El triunfo en esta batalla y el de Perotti en la banda derecha fueron suficientes para desarmar al Atlético. Desde una de las diagonales del argentino se construyó un magnífico gol de Negredo. Recortó a dos defensas hasta que encontró el perfil del palo izquierdo. Su disparó superó la estirada de De Gea. Minutos antes, el punta ya había mandado la pelota al poste en una saque de esquina. El equipo colchonero se empequeñecía cada vez más. El calvario de Antonio López y Mérida con Perotti no tenía fin. Atento a un rechace, el extremo marcó el segundo.

Quique patinó con un cambio de sistema que resultó un fracaso

Con dos goles en el saco, Quique rectificó. Sin tiempo a medir su viraje, Kanouté hizo más sangre después de una buena asistencia de Negredo. Diego Costa no es un artista, pero es un tráiler que arrastra al equipo varios metros hacia delante. Sin noticias de Forlán, el delantero brasileño hizo sonar el despertador del Atlético. Desatascado el centro del campo, se abrieron las alas. Filipe también le dio más aire al equipo.

Fue suficiente el tosco trabajo de Costa para que el partido desprendiera otro aroma distinto, aunque ya era demasiado tarde. La innecesaria creatividad de Quique acabó con el partido mucho antes. Patentó una artilugio sin utilidad, para alegría del Sevilla.