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Zurdazos correctores

Guti y Raúl enmiendan el planteamiento conservador de Juande con sendos golazos. El '14' anotó de falta directa mientras el capitán blanco se perdía como centrocampista y cerró el partido cuando se asom&oacute

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Dos zurdazos, dos toques magistrales de Guti y Raúl han puesto al Madrid a la sombra del Barça. Dos acciones naturales que se salen del guión antinatural con el que Juande pretendió ganar el partido en el inicio.

La suma de las decisiones que tomó Juande le ponen en entredicho. Rebajó el potencial individual de los afectados y por ende del colectivo. Renunció a Marcelo para entregarle la banda izquierda a Higuaín; para alejarle del gol. La suplencia del brasileño habla del daño que le hizo el Liverpool y de las dudas que acechan al entrenador madridista. A la primera que no ha salido bien el invento de Marcelo como interior se lo ha cepillado. Si le hubiera ganado al Liverpool, hubiera sido difícil imaginar al brasileño en el banquillo. No es buena señal que sus decisiones estén tan pegadas a los resultados.

Tampoco tiene mucho sentido que Raúl tenga que ejercer de Guti, si tiene a éste en el banquillo. Las prestaciones de Raúl como creador nunca serán las que tiene como goleador. La segunda vez que pisó los alrededores del área hizo gol. Podrá acertar a dar un pase de gol, pero lejos de la portería vale la mitad. El caso es que Juande no se atreve con Guti como titular. Como su revolución empezó desde atrás, parece que se puede cambiar todo de sitio menos lo que afecta al equilibrio defensivo.

Cambia Raúl, Robben a derecha o izquierda, Marcelo interior e Higuaín extremo , pero lo que tiene que ver con la solidez defensiva no se toca. Siempre ha manejado Juande la figura del 14 como un revulsivo para partidos como el de ayer. Es decir, sólo cree en él para que le arregle los resultados. No le vale para cimentar la idea de juego. O al menos hasta ayer. Como mandan los resultados, tampoco sería de extrañar que ahora se entregara a Guti.

Esa visión conservadora de Juande contrasta con la que tiene Pochettino con De la Peña. Se está jugando el descenso, pero apuesta por su jugador con más fútbol. No le importa que defienda poco, que baje andando o que pierda balones. De la Peña vive en el riesgo permanente, pero el Espanyol tiene más que agradecerle que reprocharle. El Espanyol existió mientras duró Lo Pelat. Empezó gobernando el partido a un toque y encontrando espacios a la espalda de Ramos.

Los mismos problemas para destapar agujeros que se encontró ante el Liverpool se le aparecieron ayer al Madrid ante el Espanyol. Hay un estado del juego que este equipo no logra dominar desde hace unas cuantas temporadas; desde que le falta calidad suprema. Desde que no tiene un Zidane.

El Madrid sufre mucho cuando el contrario se le cierra bien. Entonces se ven todas sus carencias. Le falta grandeza. No ha habido un entrenador en los últimos cuatro años que sea capaz de desatascar ese tipo de partidos desde una propuesta tocada. Todos han preferido ganar a la carrera, al contragolpe.

Ninguno ha trabajado para inculcar una circulación de balón dañina. Ni tampoco han impuesto su criterio para fichar jugadores que se ajusten a un estilo de toque colectivo. Y así se fabrican partidos como el de ayer: plomizos, trabados, con la espera del error del contrario o que resuelva una individualidad como máxima.

El Madrid resolvió con este último argumento. Guti tiró de galones para ejecutar una falta impecable. El balón fue a la escuadra de Kameni, que no pudo atajar ese misil ajustado. Luego, Raúl cerró el encuentro. Se asomó por el área y su discurso fue rotundo. Un balón en condiciones y un toque con el interior al rincón.

Dos jugadas ganadoras desmontaron el planteamiento inicial de Juande. Dos acciones lógicas que refrendan que el fútbol no es tan complicado cuando las virtudes se aplican en su sitio y la pizarra se ajusta a ellas. No a los miedos de los entrenadores que sólo arriesgan cuando vienen mal dadas. Cuando los resultados en los que se escudan no llegan...