
Un agente de bolsa en la de Chicago. REUTERS
El fin de semana que cambió Wall Street empezó el pasado viernes a las seis de la tarde cuando el secretario del Tesoro, Henry Paulson, decidió convocar una reunión de emergencia en el austero edificio de la Reserva Federal de Nueva York, en el 33 de Liberty Street, el corazón del universo financiero, para salvar a Lehman Brothers.
Sus 158 años de historia estaban a punto de evaporarse en una de las mayores quiebras del sector.
En sus limusinas negras fueron llegando los máximos responsables financieros de JPMorgan Chase, Credit Suisse, Goldman Sachs, Merrill Lynch y Morgan Stanley, entre otros. Dentro les esperabanTimothy Geithner, presidente de la Fed de Nueva York; Christopher Cox, jefe de la SEC (la CNMV de EEUU), y Paulson. Único y principal ausente: Lehman Brothers.
Paulson, el arquitecto de los rescates de Bear Stearns, el pasado marzo, y más recientemente de las dos entidades hipotecarias semiestatales, Freddie Mac y Fannie Mae, puso las cartas sobre la mesa: el Gobierno no iba a financiar más descalabros, la situación de Lehman Brothers se conocía desde hace meses y si Wall Street quería evitar el pánico tendría que encontrar un comprador o llegar a algún tipo de acuerdo conjunto en el que los principales bancos aportarían fondos para mantener a flote a uno de los suyos.Los banqueros escucharon en silencio.
Poco después de la ocho de la noche la reunión se suspendió sin una solución. Las dos entidades que habían mostrado interés en comprar Lehman -Bank of América y Barclays- pedían el respaldo de Washington. Ante la gravedad de la situación parecían asumir que Paulson finalmente cedería.
Así empezó lo que uno de los asistentes a las maratonianas negociaciones describió como "la mayor partida de póquer del mundo".
A las nueve de la mañana del sábado estaban reunidos, de nuevo, tras los espesos muros y las ventanas carcelarias del edificio de la Fed. Geithner volvió a pedir a los banqueros que pensarán en una solución conjunta. Lehman podía quizá salvarse si se deshacía de sus deudas más arriesgadas, unos 85.000 millones de dólares, y conseguía un comprador.
Pero los tiburones financieros no concebían llegar a un acuerdo. Mientras, Richard Fuld, que tomó las riendas de Lehman en 1994, hacía lo posible por contener el naufragio, llamando frenéticamente a inversores de todo el mundo.
El domingo, el panorama amaneció sombrío. La cosa pintaba muy mal. Bank of América estaba fuera. A las dos de la tarde, era oficial: Barclays se llevaba las últimas esperanzas de supervivencia de Lehman al anunciar que retiraba su oferta. La estocada final se dio en secreto cuando Merrill Lynch decidió venderse a Bank of América por 50.000 millones de dólares.
Si,lo han pedido,Montoro a la cabeza,que si congelación salarial,que si hay que quitar las ayudas económicas a los parados,que si gasto publico cero,porque las crisis las pagamos los de siempre y las plusvalias se la llevan los de siempre.Recordad la entrada a Mastrich,quienes fueron con Aznar los que pagamos la entrada a la moneda,si hasta se sacó de la manga el contrato basura por excelencia mediante decretazo....ayyyyy la derecha,nunca pierde....
La "mano invisible" se está haciendo cada vez más visible y lo peor es que viene derechita a estrangularnos. ¡Qué asco! y encima quieren que los asalariados apuntalemos el sistema capitalista al cual debemos pleitesía. Igualito que el parias y el señorito. Ahora nos pediran a la mujer y se la tendremos que dar. Perdón eso era antes, ahora estos degenerados nos pediran al hijo o al perro. Repugnancia dan los capitalistas.
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