La CMT consulta un cambio legal que permita a los municipios dar WiFi
Al menos 150 ayuntamientos de toda España quieren que sus habitantes se puedan conectar gratis a Internet cuando se encuentren en lugares públicos. Los hay muy grandes por población, como Barcelona y Madrid, y más pequeños, como Ponteareas (Pontevedra) o Atarfe (Granada).
La ley actual permite que la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) autorice la prestación sólo si el consistorio se inscribe como operador de telecomunicaciones y sólo de forma temporal, para promover el uso de Internet. La norma considera que prolongar el servicio gratuito en el tiempo sería una competencia desleal para las operadoras de telefonía. Esta situación puede cambiar en breve.
La CMT ha sacado a consulta pública, es decir, para que opine cualquier afectado, la posibilidad de que la ley regule el acceso a Internet como servicio público. La Comisión no puede cambiar la normativa pero sí exponer al Ministerio de Industria opciones para que lo haga.
La CMT se ha cansado de ir buscando recovecos a la ley para permitir el llamado WiFi gratis. Los agravios comparativos empiezan a ser un problema. Las fórmulas han sido mucho más rígidas cuanto mayor era el ayuntamiento (como es el caso de Barcelona, que puede dar WiFi gratis durante un año pero con la velocidad y los contenidos limitados) y menos cuanto más pequeño, llegando en muchos casos a hacer la vista gorda y no fijar un plazo.
NEOLIBERALISMO Y PRIVATIZACIÓN DE BIENES PÚBLICOS
Hay bienes que por su naturaleza y función deben ser públicos, y ese es el mandato constitucional contenido en la solemne proclamación de España como un Estado social de derecho. El socialismo español, de serlo, debería haber impulsado el carácter público de Internet, en vez haber propiciado y mantenido su privatización. En ese caso no se trataría de competencia desleal, por lo contrario lo que no es tolerable es que un bien como Internet se haya privatizado, se hayan apropiado de él empresas privadas. Sabemos cómo la actual crisis es el fruto de los excesos privados, de la minimización del Estado. Siendo así no deberían persistir en el error y empiezan a no ser creíbles las políticas neoconservadoras que pretenden arreglar las cosas.
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