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Más de 335.000 falsos autónomos se sumergen en la falsa economía colaborativa y la precariedad

La fraudulenta figura del trabajador por cuenta propia integrado en estructuras productivas con cadena de mando se dispara con la recuperación de la macroeconomía y la animación del consumo mientras el volumen de Trabajadores Económicamente Dependientes cae por primera vez en una década

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Un repartidor durante su jornada de trabajo en Madrid.- REUTERS/Juan Medina

Más de 335.000 trabajadores formalmente registrados como empleados por cuenta propia operan integrados en estructuras de empresa sin estar registrados como Trade (Trabajador Económicamente Dependiente) ni mantener con esos centros una vinculación mediante contratos laborales, es decir, en situación de falsos autónomos.

Empresas que camuflan su modelo de negocio bajo apelaciones a la economía colaborativa, entre otras algunas de reparto de paquetería, varias de multiservicios y una parte del sector cárnico se encuentran, según vienen denunciando trabajadores, sindicatos y organizaciones de autónomos, entre las que más utilizan esta figura fraudulenta, en alza con un aumento de más de 50.000 autónomos en situación irregular desde el inicio de la recuperación de las variables macroeconómicas y la animación del consumo interno en 2014.

No obstante, no se trata de los únicos ramos en los que se extiende esta figura, una de las emblemáticas de la precarización del mercado laboral español.

Casi la quinta parte de los autónomos sin sociedad propia

La cifra de trabajadores en situación irregular al cierre del año pasado, 336.709, sale de restar a los 346.700 autónomos integrados en estructuras productivas y sujetos a cadenas de mando, según indica la EPA (Encuesta de Población Activa) de promedios del año pasado, los 9.991 autónomos registrados como Trade en el Ministerio de Empleo.

Según la EPA, 149.700 de esos trabajadores ocupan puestos de empleado, con jefes pero sin personal a su cargo, mientras que 161.700 son encargados o capataces y otros 35.300 actúan como mandos intermedios, es decir, con superiores y con subordinados, cuando dos de las características esenciales del trabajo autónomo consisten, precisamente, en la independencia y en el suministro de bienes o servicios a clientes al margen de su estructura productiva.

Según esos datos, más de la décima parte de los trabajadores por cuenta propia del país (346.700 de 3.231.279), y más de la sexta parte de los que no operan a través de sociedades (1.962.774), se hallan en situación irregular.

Falsos autónomos en alza y Trade en descenso

El falso autónomo es una figura fraudulenta en la que trabajadores formalmente registrados por cuenta propia se integran en la estructura productiva de empresas que, de esta manera, obtienen importantes ahorros en el salario, ya que eluden pagar la cotización social que deberían asumir si fueran asalariados, y también en caso de despido, ya que no les corresponde indemnización. Mientras tanto, los Trade, regulados desde 2007, son autónomos que trabajan “de forma habitual, personal, directa y predominante” para un cliente del que reciben “al menos, el 75 por ciento de sus ingresos”, con el que se vinculan mediante un contrato mercantil y con el que, mediante asociaciones de autónomos, pueden establecer AIP, Acuerdos de Interés Profesional, similares a los convenios.

Algunas estimaciones cifraban en 240.000 el volumen de falsos autónomos, o de Trade sin regularizar, existente en España a finales del 2016, lo que supondría que en un año se han incrementado en alrededor de 100.000, a una media de casi 2.000 por semana. Otras apuntan a unos 100.000, lo que apuntaría a un aumento de casi un cuarto de millón. Sin embargo, el volumen parece claramente superior, en un fraude laboral que puede considerarse cronificado en el mercado de trabajo español.

De hecho, la figura del Trade alcanzó su máximo en 2016 con 10.468 contratos registrados en el Ministerio de Empleo, casi 500 más que el año pasado, el primero de descenso desde su implantación. Su progresión ha sido alcista desde entonces, aunque nunca ha llegado a alcanzar ni siquiera al 1% del colectivo de autónomos.

Por el contrario, el volumen de autónomos incrustados en estructuras productivas sin estar vinculados a ellas por contratos laborales ha ido fluctuando en magnitudes muy superiores, con un pico en los 713.200 de 2007 para situarse por debajo del medio millón a partir de 2009 y bajar de los 300.000 en 2013 antes de repuntar de nuevo coincidiendo con los ‘brotes verdes’ de 2014: 340.600 ese año, 351.100 al siguiente y 361.400 en 2016.

Empresas disfrazadas de economía colaborativa

Es decir, que el desfase entre la cifra de autónomos integrados en estructuras productivas y la de Trade, que pueden considerarse falsos autónomos, llegó a superar los 700.000 antes de la crisis para estabilizarse desde el inicio de la recuperación en una horquilla de entre 330.000 y 350.000.

La irrupción de nuevos modelos empresariales disfrazados de economía colaborativa, como algunas empresas de reparto, y las prácticas cada vez más extendidas en empresas de multiservicio que operan en los ramos del mantenimiento, las reparaciones y los gremios, apoyadas en ambos casos por la posibilidad de que los nuevos autónomos que se integran en sus estructuras asuman bajas cotizaciones sociales con el sistema de tarifa plana, ayudan a hinchar la bolsa de los falsos autónomos, a la que se suman también algunas firmas del sector cárnico que optan por externalizar su trabajo a cooperativas en las que entran como socios sus antiguos trabajadores.

“Algunas grandes empresas se están aprovechando de las condiciones para convertir trabajo asalariado en falsos autónomos”, explica Eduardo Abad, secretario general de UPTA (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos), que sostiene que “la figura del Trade está perfectamente estructurada pero muy mal utilizada”.

En este sentido, anota que “no tiene por qué haber un contrato para que se dé una relación laboral”, en referencia a la resistencia de las empresas a registrar acuerdos formalizados por escrito con los autónomos que, en realidad, deberían estar inscritos como Trade. Su organización reclamó en la subcomisión del Congreso que estudia la reforma del RETA (Régimen Especial del Trabajo Autónomo) medidas para realizar el contraste de la situación de los autónomos.