Publicado: 14.02.2016 10:49 |Actualizado: 15.02.2016 11:11

La banca, en entredicho (otra vez)

Las dudas sobre la solvencia del mayor banco alemán, el Deutsche Bank, desatan el miedo de los inversores. Desde el inicio de 2016 ha perdido el 40% de su valor en bolsa

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Varios empleados limpiando los cristales de la sede del Deutsche Bank en Fráncfort. EFE/Arne Dedert

Varios empleados limpiando los cristales de la sede del Deutsche Bank en Fráncfort. EFE/Arne Dedert

BARCELONA.- En fútbol, se sabe que el entrenador peligra cuando el presidente del club lo ratifica públicamente. Algo parecido sucedió el jueves en Bruselas, cuando el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, aseguró que “estamos mejor que hace unos años, y eso sirve también para nuestros bancos”. Lejos de tranquilizar, sus palabras no hicieron más que evidenciar que los problemas existen.

Los bancos han sido los protagonistas de una semana de vértigo en los mercados europeos. Los inversores han vendido las acciones en masa y el sector ahora vale en bolsa casi lo mismo que valía en el 2012, en plena crisis de la deuda. El problema es que ahora las dudas no sólo afectan a Grecia o Italia, sino que también llegan a Francia y hasta el país –y el sistema bancario- de referencia: Alemania.



El Deutsche Bank sufre por los rumores y las dudas

Han tardado, pero las dudas sobre la solvencia también han llegado al mayor banco alemán, y de rebote al conjunto de su sistema financiero. El Deutsche Bank encadena una mala racha. A finales de enero presentó resultados: 6.700 millones de euros en pérdidas, los números rojos más grandes de su historia. Parte de esos millones se han ido en provisiones, es decir, reservas para hacer frente a litigios y multas por el escándalo en la manipulación de los tipos de interés de las hipotecas.

El banco ha anunciado que recomprará bonos por valor de 4.700 millones. Un golpe de efecto que ha permitido  que las acciones se recuperen un 12%

Para Xavier Brun, inversor y profesor de finanzas en la UPF en Barcelona, el problema es evidente: “El margen del Deutsche Bank está disminuyendo: sí que ganan dinero, pero las multas se lo comen todo”.

Por si eso fuera poco, esta semana los analistas de CreditSights añadieron una dosis extra de pánico, al apuntar que el banco podría tener dificultades para pagar la deuda de mayor riesgo –los bonos convertibles o cocos- si los resultados vuelven a defraudar o los costes legales aumentan. Y aquí viene la espiral. Los grandes inversores quisieron proteger su dinero y el precio de los “seguros” (los Credit Default Swaps) se disparó: asegurar 100.000 euros en bonos costaba 2.200 euros. Que no es poco. Y ante tanto coste, muchos prefirieron vender. Desde inicios de año el Deutsche Bank ha perdido alrededor de un 40% de su valor en bolsa.

Entrada de una sucursal de Deutsche Bank en Fráncfort. REUTERS/Kai Pfaffenbach

Entrada de una sucursal de Deutsche Bank en Fráncfort. REUTERS/Kai Pfaffenbach

Para evitar más bajadas y parar la espiral negativa, el banco salió al paso con comunicados para defender su solvencia. Pero sirvió de poco. “Hemos vivido una espiral de locura” asegura Victoria Torres, analista del banco de inversión Self Bank. Recuerda la sesión del jueves como la peor: “Cayó todo de manera brutal y contagiando al resto”. Por eso el viernes Deutsche Bank tuvo que hacer una muestra firme de músculo. Brun lo resume así: “El banco ha dicho: ¿tenéis dudas sobre que os pueda pagar los bonos? Tranquilos, que ya os los compro todos yo”.

Brun: “La pregunta es si estamos delante de un Lehman Brothers europeo. Eso nos llevaría de cabeza a un nuevo 2008”.

La entidad ha anunciado que recomprará bonos por valor de 4.700 millones de euros. Un golpe de efecto que ha dado aire a los inversores y ha hecho que las acciones se recuperen un 12%. “No lo harían si hubiera riesgo de quiebra y es un síntoma de confianza del banco en sí mismo”, confía el profesor Brun.

Falta por ver si este mensaje cala en los mercados, porque no todos lo tienen tan claro: “De momento ya han tenido que salir a la palestra para confirmar que son solventes”, reprocha Torres. “No creemos que las dudas se disipen de la noche a la mañana, lo están pasando mal. También han anunciado un plan de restructuración que incluye recortes de plantilla”, añade. Nadie se atreve a predecir que pasará la semana que viene.

¿Queda margen de negocio para los bancos?

De momento la jugada del Deutsche Bank ha dado un respiro a todo el sector bancario. La semana cierra con avances, en la parte alta de la montaña rusa, pero sin confianza. “Apostamos que va a seguir la volatilidad. Ahora mismo los mercados están sobrereaccionando a cualquier anuncio. No es normal. Estamos muy despistados y hay mucha especulación”, sostiene Torres.

El ruido de fondo asusta a los inversores. Con la situación actual y el precio del dinero tan bajo, los bancos apenas tienen margen para hacer su negocio. “Los mercados les están pidiendo que abran nuevas vías de negocio”, dice la analista. Pero Brun va más allá: “La pregunta es si estamos delante de un Lehman Brothers europeo. Eso nos llevaría de cabeza a un nuevo 2008”.

Un semáforo en rojo junto al edificio de la sede del Deutsche Bank en Fráncfort.  REUTERS/Kai Pfaffenbach

Un semáforo en rojo junto al edificio de la sede del Deutsche Bank en Fráncfort. REUTERS/Kai Pfaffenbach

Si abrimos el foco, la situación global no ayuda. Al frenazo general de la economía, -con China a la cabeza-, se suma un petróleo que tensa las relaciones geopolíticas y un Banco Central Europeo al que le queda poco por recetar. Y sin medicinas no se puede controlar el contagio. “Se está gestando una tormenta que tira la inflación y los tipos de interés hacia abajo. En 2016, el resultado del negocio bancario puro será, con suerte, cero”, advierte el profesor de la UPF.

Dudas sobre el negocio bancario, sobre el crecimiento mundial y sobre las respuestas políticas. “¡Todo son dudas!”, se queja Brun. Y Torres sentencia: “Los mercados necesitan respuestas”.

¡Qué vienen los 'cocos'!

Los bonos convertibles contingentes están pensados para la venta a grandes inversores institucionales. Así los bancos pueden cubrir necesidades de capital adicional. Son un producto agresivo y permite al banco cambiarlo –convertirlo- en acciones si las cuentas de la entidad lo necesitan. Pero eso multiplica el número de acciones y devalúa su valor, por eso los inversores prefieren venderlos antes que el banco los convierta en acciones.