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Blesa El último refugio del banquero de las tarjetas black

Miguel Blesa huyó del ruido judicial de Madrid para recluirse en un coto privado de caza del pueblo cordobés de Villanueva del Rey, donde solía comer entre gente que ni le gritaba ni le hacía preguntas.

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Miguel Blesa tras declarar ante el juez Andreu por las tarjetas Black en 2015 /EUROPA PRESS

Hacía años ya que Miguel Blesa (69 años) no podía poner un pie en las calles de Madrid sin que la gente le gritara “ladrón”, “chorizo”, “golfo”. “¡Los de las tarjetas, peor que los de ETA!”, le coreó un grupo de preferentistas de Caja Madrid a su salida de la Audiencia Nacional. Le odiaban. Antiguos clientes de la segunda caja de ahorros del país, familias que perdieron sus ahorros en la telaraña de irregularidades que se destapó con el caso Bankia, en el periodo en el que Blesa presidió la entidad, entre 1996 y 2009. Le odiaban, le gritaban y le insultaban. Para escapar del odio, del ruido y la furia, el exbanquero buscaba refugio en una apartada finca de caza, en el municipio cordobés de Villanueva del Rey, donde este miércoles ha sido hallado muerto con un disparo de escopeta en el corazón.

El último refugio del banquero de las tarjetas black (ocultas a Hacienda) es un pueblo de 1.200 habitantes, de casas con fachadas encaladas, 50 kilómetros al noroeste de Córdoba. Blesa pasaba casi todo el tiempo en la finca Puerto del Toro, una dehesa de 1.600 hectáreas apartada del núcleo urbano. Se quedaba a dormir en el cortijo, se bañaba en la piscina y salía a cazar al amanecer con sus escopetas reglamentarias dentro de los límites del coto privado. Pero en Villanueva del Rey le conocían y no le gritaban ni le insultaban, ni antes ni después de que la Audiencia Nacional le condenara, el pasado mes de marzo, a seis años de cárcel por apropiación indebida y administración desleal en el caso de las tarjetas opacas de Caja Madrid. En Villanueva del Rey no hay cajeros ni sucursales de Bankia. Se respira otro tiempo, otra época, incluso queda una de las viejas cabinas de teléfono cerradas en una de las esquinas del pueblo.

Blesa “encontraba paz en el pueblo”, lejos del laberinto judicial que le tenía cercado en Madrid, recuerda Luis, un vecino que le veía entrar a comer en el Café Español, situado en el centro de Villanueva. El exbanquero solía venir aquí a comer con su mujer, con sus amigos, de regreso de una jornada de caza. Entraba por la puerta “sonriente” y se abrazaba fuerte a Ángel, el dueño del restaurante, que le define como una “bellísima persona” y se muestra “muy afectado” por lo ocurrido. Blesa era un profesional de la caza mayor y le encantaba las carnes de monte, pero en El Español le gustaba pedir setas de la cocina de Conchi. El restaurante, sito en la Calle Real, está a dos pasos del Ayuntamiento. Aquí vienen a tomar cervezas y a tapear los concejales y miembros del equipo de Gobierno local. Alguna vez el alcalde, Pedro Barba, compartió unas cañas y una conversación con Miguel Blesa.

“Era un hombre superdiscreto”, dice un agente de la Policía Local, “se le veía poco por el pueblo, porque pasaba casi todo el tiempo en el cortijo, dentro de la dehesa. Pero no se escondía, no lo necesitaba porque aquí pasaba desapercibido. Nadie le hacía preguntas. Era amable y educado. Andaba con porte firme, recto, con mucha agilidad para su edad, siempre sonreía y saludaba. Era un señor”. El municipio cordobés le ofreció a Blesa la misma discreción que él profesaba. Ni preguntas imprudentes ni curiosos ni gritos.

El expresidente de Caja Madrid tenía 15 escopetas y fusiles de caza con sus permisos en regla para usar en la finca Puerto del Toro. Al hacerse público que había muerto de un disparo, un técnico de la Consejería de Medio Ambiente se acercó a la finca para clarificar si se trataba de un accidente cinegético (un disparo fortuito en cacería), en cuyo caso tendría que haber dado parte. Pero la Guardia Civil le prohibió el paso al recinto, porque entonces ya se barajaba con pocas dudas la hipótesis del suicidio. Las primeras horas después del suceso fueron confusas, porque estamos en época de veda y, en teoría, está restringida la caza mayor.

La Junta de Andalucía prohíbe por ley la caza de gamos, ciervos, muflones y jabalíes fuera del periodo comprendido entre el 15 de octubre y el 12 de febrero, porque es tiempo de reproducción y apareamiento. Pero desde la Consejería de Medio Ambiente confirman que la finca donde se halló el cadáver de Blesa tiene su plan técnico de caza aprobado de 2016 a 2020, con autorización para cazar corzo, gamo muflón y ciervo desde julio a marzo. El expresidente de Caja Madrid era aficionado a disparar a animales grandes, porque el trofeo y el ranking de cazadores en España se mide por piezas al peso, por longitud y las puntas de los cuernos, si se trata de un ciervo, por ejemplo. La mayoría de sus trofeos eran venados.

Un disparo en el tórax

“Han encontrado al banquero de Madrid muerto en la finca”, le dijo un agente de la Benemérita al regidor poco antes de que la noticia copara todos los periódicos, casi a las diez de la mañana. La Guardia Civil encontró el cadáver de Miguel Blesa junto a uno de sus rifles, tendido en el suelo de la cochera de la finca.

Al parecer, el exbanquero estaba desayunando con unos amigos, se levantó, les dijo que iba a mover el coche, y lo siguiente que oyeron fue el sonido de un disparo. El cuerpo fue hallado en el interior del vehículo. Un trabajador del cortijo alertó al servicio de Emergencias del 112 a las 7.50 horas, y la hora de la muerte se certificó a las 8.40 horas por “la perforación en el tórax causada por una bala de escopeta”, según fuentes de la Guardia Civil. El alcalde confirmó que en el momento del fallecimiento, Blesa “se encontraba solo”, dando a entender que la hipótesis más plausible es el suicidio.

La finca Puerto del Toro fue propiedad de Prasa, una de las constructoras que más creció con el boom del ladrillo, y que estuvo ligada a Caja Madrid, pero en la actualidad estaba en manos de la Sociedad Rozuelas del Valle S.L, y la gestión del coto de caza dependía de dos amigos cercanos de Blesa, Rafael Alcaide (que se encontraba en la finca) y Fermín Gallardo. El exbanquero había llegado en su coche solo la madrugada del miércoles, en torno a las 2.00 de la madrugada, con intención de pasar unos días.

La Policía Judicial de la Guardia Civil de la Comandancia de Córdoba se ha hecho cargo de la investigación sobre la muerte de Blesa. Los primeros en prestar declaración fueron quienes se encontraban en la finca en el momento del suceso: Alcaide, un empleado del cortijo y el guarda. Los agentes también han interrogado a amigos del grupo de caza e incluso a personas del municipio de Villanueva del Rey. El Juzgado de Instrucción número 2 de Peñarroya ha asumido la investigación. El magistrado levantó el cadáver poco antes del mediodía, y el cadáver fue conducido hasta el Instituto de Medicina Legal de Córdoba, donde se le practicará la autopsia entre este miércoles y el jueves por la mañana.