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Tras la caída del sexto banco español La oligarquía bancaria engorda, alimentada con ayudas públicas

Tras la absorción del Popular por el Santander, tres cuartas partes del sistema financiero están ya en manos de sólo seis entidades.

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Una oficina del Banco Santander junto a una sucursal del Banco Popular en Barcelona. REUTERS/Albert Gea

El proceso de concentración bancaria, cuyo último episodio ha sido la absorción del Popular por el Santander, ha hecho que el sistema financiero esté cada vez menos manos. Las seis mayores entidades (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Sabadell y Bankinter) atesoran ya el 76% de los activos totales de la banca, que a 31 de diciembre de 2016 sumaban 2.270.432 millones de euros.

Con la excepción de Bankinter, que sigue su camino en solitario, esas entidades han engordado notablemente desde el inicio de la crisis, al quedarse con buena parte de los restos de las antiguas cajas de ahorros, en muchos casos con sustanciosas ayudas públicas.

A finales de 2008, los activos de estas cinco entidades ascendían a 1,4 billones de euros, y nueve años después rondan los 1,8 billones, con un aumento del 28%.

Durante este tiempo, el mayor crecimiento en términos relativos corresponde con mucha diferencia al Sabadell, que ha más que duplicado su tamaño: de 78.701 millones de euros en activos ha pasado a 166.745. Para llegar a ello le ha resultado de vital ayuda la adquisición del Banco Gallego, del Banco Guipuzcoano, de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) y de Caixa Penedès.

También ha sido muy importante el avance de Caixabank, nueva denominación comercial de La Caixa, que se hizo con Banca Cívica (fruto a su vez de la fusión de Caja Guadalajara, Cajasol, Caja Navarra, Caja de Burgos y la Caja General de Canarias), el Banco de Valencia, la Banca de la Pequeña y Mediana Empresa y Caixa Gerona. Caixabank contaba a finales de 2016 con 347.927 millones de euros en activos, frente a los 260.827 millones que tenía La Caixa en 2008.

Por lo que respecta a los dos gigantes del sector en España, los números no eran tan espectaculares hasta que el Popular cayó en la órbita del Santander. Gracias a esta operación, el banco presidido por Ana Botín ha elevado sus activos de 461.244 a casi 600.000 millones de euros. Previamente, el Santander había absorbido a Banesto, Banif, Crédito Balear, Banco Castilla, Vasconia y Banco Galicia.

En el reparto de las antiguas cajas de ahorros, para el BBVA han sido dos grupos: Unim (Caixa Sabadell, Caixa Terrasa, Caixa Manlleu) y Catalunya Banc (Caixa Catalunya, Caixa Tarragona y Caixa Manresa). Con ello ha logrado que el volumen de sus activos crezca de 392.020 a 418.447 millones de euros entre 2008 y 2016, afianzándose así en la segunda posición del ranking por ese concepto.

El caso de Bankia es el más curioso, porque el incremento de sus activos ha sido muy pequeño en comparación con los que tenía Caja Madrid: 190.167 frente a 180.970 millones de euros de antes de la crisis. Las fuertes desinversiones realizadas tras su fusión con Bancaja y con las cajas de Avila, Segovia, Rioja, Laietana, Insular de Canarias y Sa Nostra explican este fenómeno.

Además de los seis grandes grupos bancarios, que forman parte del Ibex, han quedado otros seis, doce en total del más de medio centenar existente al inicio de la crisis: BMN (Caja Murcia y Caja Granada), Unicaja (con Caja Duero, Caja España y Caja Jaén), Ibercaja (con CAI, Caja Badajoz y Caja Círculo), Kutxbank (Kutxa, BBK, Vital y Cajasur), Liberbank (Cajastur, CCM, Caja Cantabria y Caja Extremadura) y Abanca (Caixa Galicia, Caixanova y Banesco).

Todo este proceso se ha llevado a cabo con importantes ayudas públicas, destinadas básicamente al saneamiento de las entidades con problemas antes de su venta o a cubrir posibles quebrantos posteriores de los compradores. Según el último informe del Banco de España sobre la reestructuración bancaria, el importe de esas ayudas supera de largo a día de hoy los 50.000 millones de euros.

No se cuentan ahí los avales concedidos por el Estado durante la crisis (casi 111.000 millones, recuperados prácticamente en su totalidad), ni los beneficios fiscales, que sólo en el caso de la absorción del Popular por el Santander rondarán los 5.200 millones de euros, según informó este periódico.