Publicado: 22.01.2015 07:27 |Actualizado: 22.01.2015 07:27

La deuda griega, un riesgo que cambió de manos y se hizo público

Un informe de la Fundación por la Europa de los Ciudadanos repasa la cronología de la desorbitada deuda pública helena, reflejando cómo pasó de ser propiedad de los bancos franceses y alemanes a recaer en los Estados de la UE en los últimos cuatro años.

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Fotografía que muestra el símbolo del Euro reflejado en una ventana junto al letrero luminoso de un teléfono de emergencia, en Fráncfort, Alemania. EFE

Fotografía que muestra el símbolo del Euro reflejado en una ventana junto al letrero luminoso de un teléfono de emergencia, en Fráncfort, Alemania. EFE

MADRID.- Lo sucedido con la deuda pública griega es, a todas luces, el paradigma de cómo hacer que los ciudadanos acaben pagando los riesgos asumidos por una banca que, desde el principio, sabe que no va a perder. Así se desprende del informe de la Fundación por la Europa de los Ciudadanos, de Izquierda Unida, realizado por los economistas Carlos Martínez y Eduardo Garzón. En el documento titulado Cronología de la deuda pública Griega: la banca siempre gana hacen un repaso de la cuantía y los acreedores de la misma desde antes del inicio de la crisis hasta la actualidad, poniendo de manifiesto que una deuda del sector privado ha acabado en manos de todos los Estados miembros de la Unión Europea.

Antes de 2008, la deuda helena ya superaba en más de 30 puntos sobre el PIB la media europea, pero poco importaba eso a las agencias de calificación, que seguían despachando confianza en la solvencia de un Estado de la UE que, como se descubrió posteriormente, tenía sus cuentas falseadas por las argucias del banco de inversión estadounidense Goldman Sachs (cuya sección europea fue presidida hasta el 2006 por Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo). Con una prima de riesgo baja, los bancos griegos podían hacer negocio con la deuda soberana, pero también querían parte del pastel los franceses y los alemanes. Así, del total de la deuda a finales de 2008, los acreedores griegos detentaban el 22%, frente al 20,3% que poseían los franceses y al 11,7% de los alemanes.

De pronto, la quiebra de otro banco de inversión de EEUU en 2008, Lehman Brothers (del que fue alto cargo el actual ministro de economía español, Luis de Guindos) marcaba el comienzo de la recesión, y el pánico en el mercado de deuda no se hizo esperar, aunque la prima de riesgo griega comenzó su escalada sin retorno un año más tarde, cuando el Gobierno informó a Bruselas de que su déficit público no sería del 3,7%, sino del 12,5%. Fue entonces cuando saltaron las alarmas. "La posibilidad de que un Estado no pagara su deuda se hizo presente a nivel internacional y se disparó el miedo entre los inversionistas privados, quienes vieron en Grecia la próxima economía que no podría devolver su deuda", recoge el informe.



El BCE, por injerencia del Gobierno alemán, no frenó la desorbitada subida del diferencial con el bono alemán, y fue entonces cuando entraron en juego la conocida Troika (BCE, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional), el primer rescate económico y las medidas de recortes, austeridad y reformas estructurales. Un camino que sigue avanzando pese a haberse demostrado que no es eficaz para reducir un déficit que sigue aumentando por los astronómicos intereses de una deuda impagable.

Sin embargo, apuntan los economistas, "durante toda esta época los bancos europeos obtenían financiación del BCE a tipos muy baratos y en condiciones muy favorables, para luego prestarlo al Estado griego a tipos de interés sobresalientes, con lo cual obtenían suculentos beneficios a costa del estrangulamiento de las finanzas griegas", un modelo repetido también en España y otros países.
Para atajar el callejón sin salida de Grecia y otros Estados periféricos se creó el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que facilitaba liquidez (comprado deuda pública) al Estado griego a precios algo inferiores a los de mercado, a cambio del cumplimiento de los planes de ajuste y recortes, no sin los correspondientes intereses, que ahora iban a parar a manos de los 'compañeros' de la UE. La pobreza y la desigualdad se dispararon en el país, sin instituciones que garantizasen condiciones de vida digna a la población y con un gobierno cuyo único objetivo ha sido cumplir las exigencias de la Troika, lo que ha creado el caldo de cultivo de las actuales encuestas, que dan a Syriza la victoria en las elecciones del próximo domingo.

"A pesar de que fueron los bancos privados quienes realizaron malas inversiones, hoy son los contribuyentes del resto de economías los que van a sufrir los costes de la inevitable reestructuración"

Y mientras los recortes, los rescates y la prima de riesgo llenaban los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo, "se fue produciendo lo que en última instancia debían de buscar los gobiernos europeos: trasladar el riesgo de impago griego desde los bancos a los Estados europeos", asegura el informe, que recuerda que "a pesar de que ya en 2010 se puso de manifiesto que Grecia no podría pagar su deuda y que tarde o temprano debería reestructurarla, la Troika decidió ganar tiempo para que los bancos europeos pudiesen ir deshaciéndose de los títulos de deuda pública al mismo tiempo que los Estados europeos y el BCE pasaban a ser propietarios de los mismos". El resultado fue que dos años después, cuando se reestructuró la deuda griega, "buena parte de los bancos europeos no perdieron nada porque ya se habían retirado del negocio".

Sin embargo, la aparente solución no sirvió para reducir la deuda, que a noviembre de 2014 se situaba en el entorno del 180% del PIB griego. No obstante, la composición del pastel que en 2008 se repartían las entidades financieras griegas, francesas, alemanas y, en menor medida otros inversores europeos, ha cambiado por completo. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, es decir, los Estados miembro de la UE, poseen el 68,4% del la actual deuda griega.

"A pesar de que fueron los bancos privados quienes realizaron malas inversiones al prestar dinero a un agente económico que más tarde se declaró insolvente, hoy día son los contribuyentes del resto de economías europeas los que van a sufrir los costes de la inevitable reestructuración que ha de acometer el Estado griego, tarde o temprano, de la mano del gobierno de Syriza o de cualquier otro gobierno. En definitiva, la banca siempre gana", concluye el informe.