Publicado: 20.07.2016 12:28 |Actualizado: 20.07.2016 12:28

Las empresas tributan la mitad que antes de la crisis, mientras los trabajadores aportan lo mismo

El Estado recauda ahora 20.000 millones por el Impuesto de Sociedades, que grava los beneficios, y 72.000 por el IRPF, en el que se declaran las rentas salariales.

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Los ingresos del Impuesto de Sociedades han caído un 58% desde el inicio de la crisis.- EFE

Las empresas tributan la mitad que antes de la crisis, mientras los trabajadores aportan lo mismo. EFE

MADID.- La contribución de las empresas al sostenimiento del Estado, a través del Impuesto de Sociedades (IS), se ha reducido a la mitad durante de la crisis, como consecuencia de la caída de los beneficios. Sin embargo, la recaudación por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) sigue prácticamente igual que en 2007, a pesar de las altas tasas de paro y de la caída de los salarios.

Eso obedece a que el IS tiene mecanismos que favorecen a las empresas cuando su situación es mala e incluso les permiten compensar pérdidas y beneficios unos años con otros. El IRPF es más rígido y, por su alto potencial recaudatorio, los gobiernos suelen recurrir a él cuando necesitan cuadrar las cuentas públicas, como hizo Mariano Rajoy nada más llegar a Moncloa a finales de 2011.



En el ejercicio previo al estallido de la crisis, el de 2007, el IS aportó al fisco 44.823 millones de euros, según datos oficiales del Ministerio de Hacienda. Esa cifra suponía un 61,7% de los ingresos proporcionados por el IRPF (72.614 millones), en línea con el porcentaje habitual en la época de bonanza. Pero, a partir de entonces, la brecha entre ambos impuestos se abrió de forma considerable.

Ya en 2008, la recaudación derivada del IS bajó casi la mitad, hasta situarse en 27.301 millones de euros, mientras que la del IRP (71.341 millones) se mantuvo invariable respecto a 2007. Los peores años para el IS fueron 2010 y 2011, cuando su contribución anual no llegó a los 17.000 millones de euros. El IRPF, cuyo pilar fundamental son las rentas del trabajo, tocó suelo en 2009, con 63.000 millones.

En los dos últimos ejercicios (2014 y 2015), en que España –según el Gobierno- estaba ya en plena recuperación, el IRPF volvió su nivel anterior a la crisis, al proporcionar más de 72.000 millones de euros anuales. Por el IS, en cambio, sólo se recaudaron 18.713 y 20.649 millones, respectivamente; es decir, un 55% por debajo de la cifra de 2007 y menos de un tercio de lo que aportó en esos años el IRPF.

Se da la circunstancia de que el dispar comportamiento de las dos figuras claves de la imposición directa en España ha coincidido, paradójicamente, con un paso atrás de las rentas salariales, cuyo peso sobre el PIB ha disminuido 2,8 puntos durante la crisis, equivalentes a 28.000 millones de euros. Los beneficios empresariales, por el contrario, se han visto incrementados en 0,9 puntos (9.000 millones).

El Gobierno en funciones ha ofrecido a Bruselas un aumento de las retenciones a cuenta del IS para evitar nuevos recortes y la sanción por déficit excesivo. Pretende obtener así 6.000 millones, pero es pan para hoy y hambre para mañana, porque tendría que devolverlos cuando las empresas realizaran su declaración anual en 2017.