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Luces y sombras en una economía global más dinámica y sincronizada

Las economías registrarán en 2017 más dinamismo y crecimientos más ordenados. Potencias industrializadas y mercados emergentes están más cerca de la sincronía que de un nuevo decoupling, como en la génesis de la crisis. Sin embargo, persisten riesgos coyunturales latentes que dejarán al PIB global muy alejado de su velocidad de crucero.

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Un grupo de mujeres trabaja en una fábrica privada que produce mantas fuera de Hanoi, Vietnam.REUTERS / Kham

La economía internacional acelerará su vigor en 2017. Así lo avanza el consenso económico de Bloomberg, semanas antes de que organismos multilaterales e instituciones oficiales ofrezcan sus previsiones de primavera para este ejercicio.

En su diagnóstico, prevé que 62 países mejoren sus tasas respecto a 2016, casi la mitad de las 33 naciones que registrarán mermas en sus PIB.

Entre las mejoras más vigorosas, se cita a Argentina y Brasil, los dos gigantes del Sur americano, que vienen de periodos recesivos; a sus homólogos africanos -Nigeria, por el alza del petróleo, y Sudáfrica, tras años de tensiones coyunturales graves- y a Rusia, que también se beneficiará del final de la fase de bajos ingresos del crudo, que en enero de 2016 marcó su cotización más barata en trece años.

Las economías registrarán en 2017 más dinamismo y crecimientos más ordenados.

El núcleo dinamizador lo completan otros dos colosos emergentes. Pese a que se dejarán algunas décimas interanuales. Los socios de Brasil y Rusia en el club BRIC, India y China -que han reducido costes como importadores de energía-, conservarán sus economías avanzando por encima del 6,5% en términos interanuales.

Lejos de los dobles dígitos de hace un lustro, pero unas cotas próximas a su reciente potencial. El cuadro de perspectivas de miembros del G-20 ilustra a la perfección el escenario de leve repunte, con modesto vigor de actividad que presidirá 2017. Salvo imprevistos.

Sin embargo, de manera sorprendente, en términos cuantitativos, el protagonista del gran salto es Venezuela. Eso sí, sin abandonar la profunda recesión en la que está inmersa su economía.

Una empresa del Banco Industrial y Comercial de China cuenta dinero en una sede del banco en Shanghai.REUTERS/Carlos Barria

El consenso de la agencia de información estadounidense le concede una mejora del 7,5%. Aunque en 2016, registró el peor dato de todo el mundo industrializado y emergente.

Bank of America Merrill Lynch secunda esta predicción y calibra su contracción en un 13,3% del PIB. Al tiempo que sitúa en otro descenso, del 3%, su augurio para este año. Recesión, hiperinflación y escasez de suministros de alimentos y de otros productos básicos, alejan al PIB venezolano de cualquier atisbo de pulso. Islandia destaca entre las naciones que pierden comba.

Aunque en 2017 seguirá creciendo a cotas más que notables del 4%, caerá desde el espectacular ritmo del 7,1%, niveles que han permitido al país nórdico, uno de los más castigados por la crisis de 2008, ser una de las economías capaces de reducir de forma más intensa las desigualdades sociales y restablecer la riqueza individual que se llevó el tsunami de activos tóxicos que asoló casi en su totalidad a su sistema financiero.

México, que ya soporta la amenaza comercial de la Administración Trump, es otro de los mercados damnificados por el nuevo orden económico global.

Entre las potencias industrializadas, el consenso de Bloomberg, que se decanta por un repunte del PIB global del 3,2% este año, revela que EEUU evolucionará a un respetable ritmo del 2,3%, mientras Europa crecerá a impulsos, según la vitalidad de sus socios monetarios; Japón a duras penas saldrá de su lento despegue de actividad y Reino Unido acumulará lastre a medida que se consuma el Brexit.

Todos ellos, en el entorno del 1% y el 1,7%. Pero, dónde se aprecian las luces y las sombras de la coyuntura global.

Luces de bohemia sobre el planeta …

Entre las señales positivas y visibles destacan los vientos sincronizadores. Después de un largo decenio de decoupling o desensamblaje entre potencias industrializadas y emergentes el mundo tiende a equilibrar sus dinamismos. Todavía a ritmos bajos.

las grandes economías de América, Asia y Europa crecerán sin crisis del euro, ni burbujas en mercados emergentes, colapso del crudo o riesgo de aterrizaje brusco en China

Por primera vez desde la Depresión, con la sola excepción del breve remonte de actividad de 2010, todas las grandes economías de América, Asia y Europa presentarán números negros. En un clima en el que brilla por su ausencia el fantasma de la crisis del euro, las burbujas sobre los mercados emergentes, el colapso en el precio del crudo o el aterrizaje brusco de China.

Con alzas de tipos por parte de la Fed por el alza del PIB americano, sin nuevas alarmas del excesos crediticios e inmobiliarios, ni movimientos de devaluación del renminbi desde el gigante asiático, los gastos de capital y el consumo emitiendo señales desde Japón y con el sentimiento económico en remontada y en cotas no vistas desde 2011 y el desempleo a la baja, en niveles de 2009, en la zona del euro.

Por si fuera poco, las grandes economías emergentes parecen haberse instalado en un auténtico círculo virtuoso. A la estela de la recuperación de las materias primas y de un rampante boom comercial.

La minera brasileña Vale ha acelerado sus ventas e inversiones en China, el precio del embarque de contenedores repunta en la práctica totalidad de puertos del sur de Asia y América -han pasado de valer menos de 500 dólares hace un año a superar los 3.200, según Xeneta, compañía noruega de atraques-, y mercados como el surcoreano marcando en febrero récord de crecimiento exportador: el 20%.

Grandes mercados emergentes como Argentina, Brasil y Rusia,serán los motores del crecimiento en 2017

Para muestra de esta efervescencia en el Hemisferio Sur del planeta -el espacio de las economías en desarrollo por antonomasia-, basta el reciente botón que ofrece el Instituto de Finanzas Internacional y que confirma el repunte del PIB conjunto de las grandes potencias emergentes del 6,4% en enero, su mayor dinamismo desde junio de 2011, cuando aún exhibían músculo por el decoupling con sus rivales industrializados.

… con sombras borrascosas al acecho

En esencia, síntomas de saturación en el suministro de petróleo, la crisis de la deuda parece que hará escala en China, mientras la confianza inversora de empresas y la productividad no acaban de tirar con suficiente fuerza.

En EEUU, por ejemplo, se han unido, casi al unísono, dos voces relevantes de Wall Street para advertir que algo suena mal en la coyuntura norteamericana. Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, uno de los más prolíficos fondos de inversión del país, alertó del bajo ritmo del PIB por la incertidumbre política sobre las rebajas fiscales y los procesos de liberalización regulatoria de Trump.

Mientras su homólogo en JP Morgan, Jamie Dimon, admitía a sus clientes de que “algo va mal” en la agenda reformista de la Casa Blanca. Fink lanzó la posibilidad de que EEUU marcase en el primer trimestre de este año el peor registro económico del G-7, y Dimon vinculó el parón legislativo con una pérdida inversora y de consumo.

Detrás de esta carencia de impulso en la economía subyace una deficiencia adquirida desde 2014, la débil productividad, que ha postergado decisiones inversoras y de empleo tanto en el ámbito público como privado y que estudios como el de la consultora McKinsey achaca a una recuperación de dudosa calidad.

Latinoamérica sólo ha elevado su PIB conjunto un 3% anual en los últimos 15 años,  debido a la ausencia continuada de políticas que fomenten la productividad

Con un empleo dirigido a sectores poco productivos, con escaso valor añadido, flojas inversiones en capital intensivo e inciertos progresos en digitalización de negocios. También la anemia productiva afecta al porvenir de las economías latinoamericanas, dice Andrés Cadena, de McKinsey, que explica por esta paradoja el hecho de que el PIB regional haya crecido un 3% de promedio anual en los últimos 15 años, muy por debajo de otras áreas en desarrollo, y que el 80% de esta prosperidad se achaque al incremento demográfico, más que a factores relacionados con la productividad.

De hecho, entre 2000 y 2015, este parámetro apenas aumentó un 0,6%.

Sin un fulgurante repunte productivo, el desempleo sólo se reducirá un 1,1% cada año hasta 2030 y las fuentes energéticas de la región, sus materias primas, seguirán dejando trazos de ineficiencia y, por tanto, de valoración por debajo del precio del mercado.

Sobre todo -matiza-, “si no eliminan barreras a la competencia”, en épocas como la actual, en el que el proteccionismo en EEUU “va a limitar las exportaciones” de la región, que destina el 45% de sus ventas a su vecino del norte.En Europa, entretanto, se esperan movimientos tras los largos y complejos procesos electorales en marcha.

El mercado confía en que la zona euro avance en su integración aunque en Francia acceda al Elíseo cualquiera de las opciones que disputan a Le Pen la victoria final

Gilles Moec, economista jefe de Bank of America Merrill Lynch, se inclina por pensar que habrá avances integradores en la zona del euro, que acabarán con la política monetaria de compra de deuda del BCE (Quantitative Easing o QE).

A su juicio, el eje franco-alemán que nazca de los comicios en los dos grandes Estados del euro -descartando la victoria de la euro-escéptica Marie Le Pen- “pondrá sobre la mesa la mutualización de la deuda y nuevas transferencias de soberanía a los socios monetarios”, incluso para conformar la idea instalada en El Elíseo de un gobierno económico que ejerza de contrapeso al BCE.

Ante esta tesitura, Anais Boussie, analista de Credit Suisse, considera que Mario Draghi incidirá en su estrategia de wait and see, antes de abandonar la QE y de mover al alza los tipos, hasta corroborar que sus previsiones de leve mejora del crecimiento en la zona del euro, de una décima para 2017 (hasta el 1,8%) y 2018 (1,7%), se hagan realidad y atisbe hacia qué dirección se mueve la UEM.

La economía estadounidense comandará el dinamismo  con permiso de la baja productividad y las  rebajas fiscales y desregulaciones de Trump

El contexto global -afirma Philippe Waechter, economista jefe de Natixis-, de mayor dinamismo se consolidará en función de cómo evolucionen tres factores de riesgo: el peso del Brexit sobre la economía británica, las tensiones mundiales a la estrategia económica de Trump (en alusión a sus rebajas fiscales y su apuesta por el dólar fuerte y medidas proteccionistas a la importación) y la fortaleza y el europeísmo de Francia tras su contienda presidencial.

Tras varios años de duros avances hasta lograr que las potencias industrializadas crearan de climas de negocios estables sin disturbios financieros, con precios energéticos bajos y escasas oscilaciones y políticas fiscales y monetarias neutras. Una radiografía que asume el consenso del mercado, que aprecia en el drástico incremento de los inventarios de petróleo en EEUU una fórmula de contener las rebajas de cuotas de la OPEP y estabilizar el mercado.

Y concede credibilidad al paulatino alejamiento de los temores a un aterrizaje brusco del PIB de china, por el desvío de las líneas de crédito desde el sobrecalentado mercado inmobiliario a la adquisición masiva de materias primas como el hierro y otros metales para hacer acopio de reservas con las que satisfacer las demandas de infraestructuras con las que incentivar el consumo interno.