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El Popular ocultó durante años su morosidad con una política suicida de refinanciaciones 

En los peores años de la crisis, la entidad financiera puso en marcha entre sus clientes masivas refinanciaciones de créditos hipotecarios que, según los últimos cálculos, han elevado esa morosidad hasta el 20%.

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Una mujer pasa junto a una sucursal del Banco Popular en Barcelona. REUTERS/ Albert Gea

El Banco Popular llevó en secreto durante años una política que sólo cabe definir como suicida: con el objetivo de ocultar su morosidad en los peores años de la crisis, la entidad financiera puso en marcha entre sus clientes masivas refinanciaciones de créditos hipotecarios que, según los últimos cálculos, han elevado esa morosidad hasta el 20%. 

Bajo la presidencia de Ángel Ron, el Banco Popular buscó a toda costa la morosidad cero y para ello llevo a cabo una política de refinanciaciones que se conoce como la patada adelante. La web vozpopuli.com recoge la denuncia de un empleado de una sucursal del Popular en Sevilla que cuenta cómo a miles de clientes se les refinanció su deuda con el banco cuando ya no podían pagarla para que no entraran en la lista de morosos.

El Banco trató de contener la morosidad cuando explotó la burbuja inmobiliaria a base de refinanciar créditos e hipotecas entre sus clientes, ya fueran particulares o empresas. No quería que sus clientes entraran en la lista de moroso y subiera así la tasa de morosidad de la entidad.

Quizá lo mejor sea ilustrarlo con un ejemplo: un cliente tiene una hipoteca de 150.000 por la que tenía que pagar una cuota de 600 euros al mes; el cliente se queda en paro y deja de pagar; entonces el Popular le daba a este cliente una segunda hipoteca en el año 2009 o en 2010 en la que sólo se le cobraban los intereses y las comisiones, pero como el cliente seguía sin poder pagar se le otorgaba una tercera e incluso una cuarta hipoteca con una carencia hasta 2013. En todas estas operaciones, los intereses (que se pagaba el Popular a sí mismo, puesto que el cliente no devolvía nada de su dinero) se incluían en los márgenes y los beneficios. Sin embargo, lo que al principio era una deuda de 150.000 acababa, por lo menos, duplicándose. El cliente no se quejaba: no le integraban en una lista de morosos y no perdía su casa. Sin embargo, la tasa de morosidad se disparaba aunque se ocultara. 

Este sistema empezó a venirse abajo en 2013 cuando el Banco Popular tuvo que pasar a dudosos buena parte de sus créditos refinanciados. La mayor vigilancia del BCE tras la unión bancaria en la UE y la bajada de los tipos interés dejó al Popular sin margen ni beneficios para hacer nuevas provisiones. Por resumirlo: se quedó a la intemperie, hasta que no hubo más remedio que acudir en su rescate.