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Precariedad Sólo la mitad de los nuevos empleos para mujeres son a jornada completa

La precariedad laboral se ceba en el colectivo femenino. Hay medio millón más de mujeres que de hombres en paro, y las oportunidades de trabajo que se les ofrecen son peores.

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Una mujer hace cola para entrar en una oficina del Servicio Andaluz de Empleo, en Marbella. REUTERS/Jon Nazca

Cada nuevo dato conocido confirma hasta qué punto la crisis y sus secuelas en el mercado laboral se están cebando con las mujeres. Si tradicionalmente el paro masculino y el femenino han tenido un volumen similar, de un tiempo a esta parte se ha ido ensanchando la brecha. Hasta tal punto que agosto se cerró con medio millón más de mujeres que de hombres apuntadas en el Servicio de Empleo Público Estatal (SEPES), el antiguo INEM.

A finales del mes pasado, según los datos proporcionados esta misma semana por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, el paro registrado ascendía a 3.382.000 personas. De esa cifra, 1.431.435 eran hombres y 1.950.889 mujeres. El paro masculino suponía, por tanto, un 42,3%del total, mientras que el femenino llegaba al 47,7%, con una diferencia de casi cinco puntos porcentuales y medio.

La brecha, además, no se distribuía de forma homogénea entre los diferentes grupos de edad, sino que estaba concentrada en el de 25 o más años, donde en agosto se contabilizaban 1.301.334 hombres y 1.823.076 mujeres. Entre los más jóvenes, el paro masculino era incluso ligeramente mayor: 140.101, frente a 127.813, siempre según la información que suministra el Gobierno.

Pero no solamente hay más mujeres que hombres apuntadas en las oficinas del SEPES, sino que aquellas que encuentran trabajo lo hacen en peores condiciones. Aunque en este caso los últimos datos disponibles se refieren a julio, hay algunos igualmente muy reveladores de cómo la precariedad laboral es sustancialmente mayor en el colectivo femenino que en el masculino.

El ejemplo más claro se refiere a la duración de la jornada: casi la mitad de los 860.000 contratos ofrecidos a mujeres en julio fueron a tiempo parcial (414.700) por sólo 445.300 a tiempo completo. La estacionalidad característica de la mayor parte del empleo que se crea en verano influyó en ello. Sin embargo, la contratación a tiempo parcial ha ganado peso entre las mujeres durante los últimos años, incluso si se depuran las circunstancias coyunturales.

En el conjunto de 2016, por ejemplo, las mujeres firmaron 8.763.700 contratos, 4.573.000 a tiempo completo (el 52,2%) y 4.190.700 a tiempo parcial (el 47,8%). En cambio, el año previo al estallido de la crisis (2017) los porcentajes fueron del 65,2% y del 34,8%, respectivamente, con un volumen total de contratos muy parecido (8.565.900).

Los hombres corren a este respecto una suerte mejor: de los 1.068.700 contratos que suscribieron en julio pasado, 762.300 eran a tiempo completo (el 71,3%) y 306.300 a tiempo parcial (el 28,7%). De todas formas, el deterioro de las condiciones de trabajo también ha sido evidente en su caso, pues en 2017 prácticamente ocho de cada diez nuevos empleos cubiertos por varones eran por toda la jornada.

Los contratos a tiempo parcial, además, no son normalmente una elección de los trabajadores, como queda de manifiesto en la Encuesta de Población Activa (EPA). Según los datos correspondientes al segundo trimestre de este año, hay 302.700 trabajadores que trabajan menos de 40 horas semanales y que querrían un contrato a tiempo completo. Casi dos tercios de ellos son mujeres.

Por lo que afecta a la temporalidad, tanto unos como otras la sufren en similares proporciones. En el colectivo masculino, los contratos indefinidos equivalen al 8% del total, y en el femenino, al 7,8%.