Publicado: 16.03.2016 09:56 |Actualizado: 16.03.2016 09:56

Valladolid se resiste al cierre de Lauki

El presidente de la Junta de Castilla y León anuncia un comprador interesado en la fábrica de leche propiedad de la multinacional francesa 'Lactalis', mientras el Ayuntamiento insinúa un posible boicot a los productos del grupo.

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Planta de Lauki en Valladolid.

Planta de Lauki en Valladolid.

VALLADOLID.- El 30 de junio como muy tarde podría ser el último día de actividad para los 86 trabajadores de la fábrica de leche Lauki que la transnacional francesa 'Lactalis' tiene en Valladolid, una planta que en 2014 facturó más de 51 millones de euros, pero que la empresa ha decidido cerrar debido al “descenso del consumo de leche”. Desde la aprobación en 2012 de la reforma laboral basta con que la empresa alegue causas económicas, organizativas, técnicas o de producción para que pueda redimensionar sus plantillas.

El anuncio de la empresa se produjo el 10 de marzo, pero los trabajadores -casi todos hombres, con contrato indefinido y una media de 47 años, 20 de ellos en Lauki- se lo temían desde hace cinco años. José Manuel Gonzalez, presidente del Comité de empresa denuncia que este cierre “se venía fraguando desde 2011, cuando se inició la descolonización de la producción y el traslado de maquinaria a otras plantas, la división de la empresa y la disminución de la plantilla”, que llegó a contar con 179 trabajadores.

De hecho, cuando en 2014 Lactalis cerró la planta de Sevilla, González advirtió que ese cierre tenía lugar después de unos años en que “le habían ido quitando producción a la fábrica andaluza y que Valladolid llevaba el mismo camino”.



Lauki es una las factorías emblemáticas de la capital castellana. Creada en 1954 por un grupo de ganaderos locales, en 1993 paso a manos del grupo cooperativo francés 3A. Este se la vendió en 2004 a Lactalis, uno de los gigantes del sector lácteo que además de Lauki comercializa las marcas Puleva, President, Ram, quesos Galbani, el Gran Capitán, y muchos otros productos lácteos y marcas blancas.

Es precisamente esta importancia dentro de la economía vallisoletana la que parece estar dispuesto a defender firmemente el consistorio de la ciudad con su alcalde a la cabeza, el socialista, Oscar Puente, que no se ha mordido la lengua al denunciar la política de Lactalis de “comprar competidoras, desmantelarlas e ir derivando la producción a los centros que tienen especial interés para acabar cerrándolas, eliminar competencia y ocupar así cota de mercado” y añadió que “las instituciones no pueden consentir estas prácticas y menos en un país como España con el problema del empleo”.

Después de una reunión con los trabajadores, Puente no solo anunció a la empresa que iban a tratar de impedir con todos los medios “políticos, jurídicos y mediáticos” que “dejasen a 100 familias en la calle”, sino que le advirtió de que el cierre no le iba a salir “gratis”. Aunque no llegó a pronunciar la palabra boicot, el alcalde se mostró dispuesto a utilizar “todas las armas posibles, incluidas campañas de imagen” y por si no había quedado claro subrayó que la ciudad “tiene 306.000 habitantes, un área de influencia en torno al medio millón”, y que suponía “que el grupo querría seguir vendiendo productos en esta ciudad”, algo que estaría “complicado” si el cierre “se llegase a materializar”.

Tan contundentes sonaron las palabras del edil socialista que el propio presidente del Comité de Empresa confesó “sentirse más que sorprendido porque el alcalde se hubiese mojado tanto, entendiendo que detrás del cierre hay familias y que además es economía para la ciudad”.

Los trabajadores de Lauki

En la misma linea, pocos días antes, el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, había descartado completamente la posibilidad de que la empresa aspirase a querer especular con los terrenos de la fábrica asegurando que no iba a haber recalificación de los terrenos, sino que “se iba a blindar ese suelo para uso industrial.”

En sus declaraciones, el alcalde socialista había desvelado también que “durante las conversaciones mantenidas con la empresa, el Ayuntamiento había propuesto como solución ayudar en la búsqueda de un comprador para la fábrica, opción que Lauki había descartado”. Sin embargo, el presidente de Castilla y León, el popular Juan Vicente Herrera anunció el mismo martes, durante el pleno de las Cortes, que un grupo del sector agroalimentario de la comunidad había expresado su interés por la compra de Lauki.

Herrera respondía así a una pregunta del portavoz socialista, Luis Tudanca, interesado en conocer las iniciativas de la Junta de Castilla y León para apoyar al sector lácteo y evitar el cierre de la fábrica vallisoletana. Pese a este anuncio, el presidente castellano leonés reconoció que Lactalis no tiene en principio intención de vender pero confiaba en un cambio de opinión de la multinacional.

Esta confianza no parece compartirla, por el contrario,la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, quien en declaraciones a una emisora de radio, aseguraba que la decisión de la multinacional francesa de cerrar la factoría vallisoletana era una medida “ya adoptada y cerrada”.

La compra de la empresa por otro productor es una de las posibilidades a la que los trabajadores miran con esperanza, ya que mantienen en todo momento que se trata de una empresa rentable y altamente cualificada. “De aquí han salido muchos de los productos de valor añadido del grupo, como la leche con calcio, la baja en lactosa, los omega” explica José Manuel González, “tenemos equipos de ultrafiltración, sala de mezclas y profesionales a los que se acude en busca de ayuda por como hacen las cosas”.

Es por ello por lo que desde el Comité de Empresa no se plantean de momento otro escenario que el mantenimiento de la fábrica, al tiempo que lamentan el escaso interés de la empresa por negociar. De hecho, el primer encuentro mantenido entre directivos y trabajadores del pasado martes apenas duró una hora, ya que los trabajadores exigieron que la empresa les proporcionase documentos escritos con las razones y los números que justifican el cierre: “Se presentaron con una empresa externa que pretendía explicarlo todo con un power point”, denuncia José Manuel González, “por lo que hemos preferido a que nos den toda la documentación, estudiarla, analizarla bien y esperar a la próxima reunión el 31 de marzo”.

“Se presentaron con una empresa externa que pretendía explicarlo todo con un power point”.

De momento, aparte de la bajada del consumo de leche y la disminución de ventas en Portugal la empresa no ha dado más justificaciones al cierre de la planta. Tampoco ha ofrecido más alternativa a la plantilla que su traslado a alguna de las otras plantas que el grupo tiene en España, las de leche de Lugo, Gerona y Granada, las de queso y otros productos lácteos en la localidad vallisoletana de Peñafiel, Zamora y Guadalajara.

Además de las pérdidas de empleo el cierre de Lauki ha despertado también muchas inquietudes entre los ganaderos que suministran leche a esta factoría y que vienen a sumarse a la crisis de precios que atraviesa el sector. La alianza UPA (Unión de Pequeños Agricultores y ganaderos) -COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) se ha sumado a las peticiones para que la empresa explique los motivos de su decisión y las consecuencias que esta tendría para los trabajadores y los ganaderos. Asimismo las dos organizaciones agrarias han denunciado en un comunicado la estrategia marcada por las multinacionales de capital francés, tanto a nivel industrial como de distribución, "que demuestran con sus actos la intención de engrosar sus cuentas y de hundir si hace falta la supervivencia de los ganaderos de leche".

De concretarse, el cierre de la planta de Valladolid, no sería el primer cierre de plantas en España que lleva a cabo la empresa francesa. En 2010 se hizo con Puleva por 630 millones de euros y en 2014 clausuró la planta que esta marca tenía en Alcalá de Guadaira dedicada a la fabricación de productos lácteos, pero previamente ya había cerrado la planta de Valencia, donde producía batidos y horchatas, la fábrica de yogures de Viladecans con 180 trabajadores, la embotelladora de Letel de Vic y la planta de Lalín en Pontevedra.