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A qué viene la escalada del petróleo y cómo nos va a perjudicar

El repunte del petróleo en los últimos meses, agudizado por la nueva crisis entre EEUU e Irán, puede convertirse en un lastre para la mejora de la economía, que en los últimos años se había venido beneficiando de un crudo barato

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Un hombre se dispone a repostar su vehículo en una gasolinera en la localidad malagueña de Ronda. AFP/ Jorge Guerrero

Hace tres años, el barril de petróleo costaba en torno a 45 euros. Ahora ronda los 80. Si la situación de entonces fue de gran ayuda para salir de la crisis, es lógico pensar que la actual sea un lastre para la recuperación. En lo que va de año, el precio del crudo ha repuntado un 15%. El bolsillo de los consumidores ya ha empezado a notarlo, los efectos sobre la economía general tardarán un poco más.

¿Por qué se han disparado ahora los precios del petróleo?

En realidad, llevan varios meses subiendo. Y eso se debe básicamente a dos circunstancias. Por un lado, el aumento de la demanda, especialmente por parte de China, que es el primer consumidor mundial. Y, por otro, la negativa de los países productores, con Arabia Saudí y Rusia a la cabeza, a poner más petróleo en el mercado para frenar la escalada. Estos países se han visto perjudicados por el nivel inusualmente bajo de los precios vigente entre 2014 y 2017, y creen tener ahora la oportunidad de resarcirse.

¿Pero en los últimos días las cosas se han puesto peor?

Así es. Y la responsabilidad directa de ello corresponde a Donald Trump y su decisión unilateral de abandonar el acuerdo nuclear con Irán y reinstaurar el régimen de sanciones que quedó en suspenso bajo la presidencia de su antecesor, Barak Obama. La clave de ese régimen es la prohibición a las empresas estadounidenses de importar petróleo procedente de Irán, lo que supone la salida del mercado de un millón de barriles diarios. A menos producto e igual demanda, los precios suben.

¿Tanto peso tiene Irán entre los productores de crudo?

Actualmente es el quinto mayor del mundo, con 3,8 barriles diarios, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Sólo están por delante de él Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí e Irak. En el ránking de exportadores, ocupa el tercer lugar desde la firma en 2015 del acuerdo nuclear y la suspensión de las sanciones que esta semana ha impuesto de nuevo Trump.

La Unión Europea ha criticado esta decisión…

Sí, pero no todos sus dirigentes políticos con el mismo énfasis. El presidente galo, Enmanuel Macron, por ejemplo, ha sido bastante más duro al respecto que Mariano Rajoy. Aunque es lógico, porque Francia fue uno de los firmantes del acuerdo nuclear (también lo fueron China, Rusia y Alemania) y Trump no ha tenido en cuenta su opinión contraria a la ruptura. De todas formas, las consecuencias de este hecho son globales. Razones puramente geopolíticas aparte, la subida del petróleo puede frenar en seco (o al menos perjudicar) la recuperación económica mundial. Una recuperación que hasta hace sólo unos meses se ha visto favorecida, de forma inequívoca, por el moderado nivel de precios de esta importante materia prima.

El presidente de EEUU, Donald Trump, muestra la declaración firmada sobre la retirada de su país del acuerdo nuclear con Irán, en la Sala Diplomática de la Casa Blanca, en Washington. REUTERS/Jonathan Ernst

¿Entonces, por qué ha roto Trump el acuerdo?

Se barajan dos razones, aunque la retórica política del presidente vaya por otros derroteros. Israel, tradicional aliado de Estados Unidos, estaba radicalmente el contra del acuerdo de 2015, al considerar que no garantizaba el desarme nuclear de Irán, uno de sus grandes adversarios en el mundo árabe. Además, la decisión de Trump favorece a Estados Unidos, en la medida en que abre nuevas oportunidades a la controvertida técnica del fracking, que reduce su dependencia del crudo procedente del resto de los países productores. Por ese procedimiento, Estados Unidos ya ha logrado extraer más de diez millones de barriles diarios.

¿Cómo afectará todo esto a los españoles?

Pues en la misma medida en que a los demás países occidentales o más aún, dada la fragilidad de nuestra recuperación. Si la economía deja de tener el viento de cola del que venía beneficiándose, hay riesgo cierto de que el crecimiento no alcance las tasas de los últimos años. De hecho, el cuadro macroeconómico elaborado por el Gobierno prevé para 2018 un avance del PIB del 3%, con el barril de petróleo a una media de 66,4 dólares. Ahora, en cambio, el precio ronda los 80 dólares, con el inconveniente añadido de que el euro está bajando, lo que encarece todavía más las compras.

¿Y los carburantes?

Como suele ocurrir, las subidas del crudo se traducen rápidamente en los precios de venta de los productos derivados. Es lo que se llama el efecto cohete, por contraposición al efecto pluma de las bajadas, que siempre son más lentas. De hecho, los conductores han podido apreciar que, desde hace algún tiempo, les sale más caro llenar el depósito de sus vehículos. El Gobierno se ha comprometido a vigilar que las compañías distribuidoras no aprovechen las circunstancias para inflar sus márgenes, pero eso no es fácil evitarlo en un régimen teórico de libre mercado, donde en realidad impera un fuerte oligopolio.

El ministro rudo de Energía, Alexander Novak, el ministro saudí del Petroleo, Khalid al-Falih, y el secretario general dela OPEP, Mohammad Barkindo, en una reunión del cártel de los países productores en Viena, el pasadao noviembre. REUTERS/Heinz-Peter Bader

¿Puede haber efectos inflacionarios?

Naturalmente. Los carburantes tienen un peso determinante en la composición del IPC. Y, además, hay otros muchos productos que se encarecerán indirectamente, debido a que se usa petróleo en su elaboración y/o transporte. Los billetes de avión, por ejemplo, están subiendo (a pesar de que las compañías aéreas disfrutan seguros de cobertura) y van a subir más. Si eso, como es previsible, retrae la demanda y reduce el número de viajeros, habrá también un impacto negativo en el turismo, motor esencial de la creación de empleo en España.

¿Y se prolongará mucho esta situación?

Es difícil saberlo. Podrían cortarla de raíz los países productores, poniendo más petróleo en el mercado, pero no parece que les interese, a no ser que comprendan que un frenazo de la economía mundial también les perjudica a ellos. Lo que pasa es que la política local tiene su influencia. Arabia Saudí, por ejemplo, se ha comprometido a compensar los efectos de la ruptura de Estados Unidos con Irán. Pero su Gobierno está empeñado en sacar a Bolsa una petrolera estatal, Aramco, que valora en dos billones de dólares, y le conviene que los precios del petróleo sigan altos. En estas condiciones, para los saudíes, sacar más barriles al mercado es como pegarse un tiro en el pie.