La noticia el pasado lunes sobre el presunto maltrato de la Guardia Civil a dos los etarras detenidos no pilló a Amnistía Internacional (AI) por sorpresa. No hace ni dos meses, en noviembre de 2007, la organización pro derechos humanos publicaba Sal en la herida, un estudio que trata de analizar "la impunidad efectiva de agentes de Policía en casos de tortura y otros malos tratos".
El resultado era demoledor. Tan demoledor como la misma denuncia que desde hace cinco años, en 2002, y volvieron a gritar hace tres, en 2004: en España la tortura existe y "es más que esporádica".
Esteban Beltrán, presidente de la sede española de Amnistía Internacional, retomó ayer sus críticas. En declaraciones a Público, señaló como uno de los grandes problemas para erradicar la tortura, la "presunción de veracidad" de las versiones policiales. Según AI, es común que se considere como cierta la versión de los agentes antes de incluso de investigarla.
Críticas a Interior
Es precisamente en esa "presunción de veracidad" en lo que, denuncian, cayó el pasado lunes el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, al apropiarse la versión policial sin investigarla.
Incluso en el caso de que las denuncias lleguen a los juzgados, los informes de AI inciden en que los magistrados no disponen de Policía Judicial. De la investigación de los hechos pueden llegar a encargarse los compañeros de los acusados.
En el caso de Juan Martínez Galeano, el agricultor que murió en el patio del cuartelillo de Roquetas de Mar, la juez encargó al mismo teniente denunciado por asesinato que investigara la agresión.
En cuanto a los abusos de poder, también se recoge el intercambio de denuncias que sirvan para negociar los cargos. AI recoge casos en los que, ante una querella por malos tratos, los agentes enterraron en demandas a las víctimas acusándolas incluso de intento de asesinato. La intención, lograr que se retiraran las demandas contra los policías.
Factor tras factor, el informe desgrana los elementos de una realidad que Esteban Beltrán considera clara: La tortura en España está aun lejos de ser anecdótica.
Salvo un diálogo profundo en el Congreso en que se incluya a la totalidad de fuerzas políticas, incluida la izquierda abertzale, para terminar con el conflicto la sistemática es bomba-detención-interrogatorio al mas puro estilo de la CIA-bomba y cada vez más corruptela política y social. Hay mucha falta de raciocinio y muy poca sabiduría en España.
España sigue en manos del mismo régimen fascista que instauró el golpista y traidor Franco, en 1939. Muerto el dictador, la tan cacareada transición a la democracia nunca ocurrió, todo se quedó en un lavado de cara y en una muy coveniente ley de amnistíaa, para que los responsables de todos los crímenes cometidos durante la dictadura quedaran impunes. Actualmente, el comportamiento de los diferentes cuerpos de policía, recuerdan mucho al sanguinario proceder de los tristemente famosos grises. En este país no hay justicia, el Estado de Derecho brilla por su ausencia y la soberanía popular se ha convertido en una inalcanzable quimera. En circustancias así, ¿A quién le pude extrañar que existan torturas?
Alcanzar la verdadera democracia es responsabilidad de todos. Medita bien tu voto y no se lo entregues a quienes, por intereses espúreos, siguen anclado en el pasado más tenebroso de este país.
CHE-CHU
Lo que más me duele es comprobar la cantidad de personas que comulgan con los métodos terroristas cuando son aplicados desde el poder. Esto sólo puede surgir desde una sociedad irresponsable que delega su seguridad en "perros guardianes", una sociedad aún -y hasta cuándo- cobarde, llena de miedo, a la que le asusta cualquier cambio real que pudiera acercarla a la liberación. Ésto no habla muy bien de nuestro sistema, no olvidemos que la responsabilidad aumenta a medida que aumenta la libertad.
Pues no sr. hayquejoderse, mientras las sociedades cafres y los gobiernos sigan amparando y aplaudiendo la tortura, ésta seguirá existiendo aunque ETA desaparezca, cosa que no ocurrirá mientras ciertos partidos mayoritarios sigan sacando rentabilidad política de su existencia. Los policías suelen actuar como perros rabiosos ya en manifestaciones, luego qué harán cuando nadie les ve.
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