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15.000 personas claman contra la visita del papa

La Policía puso fin a la marcha en la Puerta del Sol con cargas y al menos ocho detenciones

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Un rosario de porrazos y detenciones. Así acabó la manifestación que protagonizaron más de 15.000 personas por el centro de Madrid para denunciar la financiación pública de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). De momento, hay al menos ocho detenidos y once heridos, entre ellos tres agentes de Policía Nacional.

La marcha, con un recorrido de apenas dos kilómetros, sufrió continuas interrupciones desde el principio, al cruzarse con los miles de peregrinos que pululaban por el centro de la capital, y al llegar a la Puerta del Sol, cuando apenas llevaba recorridos 600 metros, se enquistó al encontrarse con miles de fieles católicos.

Ambos grupos cruzaron soflamas y se insultaron entre sí hasta que, poco antes de las 22.00 horas, la Policía fue desalojando a los peregrinos de la plaza. Después, viendo que la mayor parte de los integrantes de la marcha laica permanecían en Sol, empezó a cargar para despejar la plaza, lo que consiguió en sólo media hora, realizando numerosas detenciones. No obstante, numerosos manifestantes continuaron enfrentándose con los policías en los aledaños de Sol durante un par de horas, hasta que en torno a las 00.20 horas la situación en la plaza se normalizó, si bien la Policía empezó a instalar vallas en las bocacalles de la plaza para evitar que volviera a entrar gente.

Se vivieron momentos de tensión con grupos de peregrinos

Los problemas comenzaron poco después del inicio de la marcha, cuando llegó a la Puerta del Sol. Entonces la cabecera siguió adelante protegida por la mayoría de las dotaciones policiales, de forma que cuando el grueso de la protesta llegó a Sol, apenas había policías para evitar el contacto entre laicos y fieles.

Así, en apenas unos minutos se crearon dos bandos de miles de personas que colapsaron la emblemática plaza. Separados por un cordón policial, los laicos gritaban '¡Esta plaza no es del papa!', '¡Menos religión y más educación!' y '¡Esa mochila la he pagado yo!'. Algunos de los peregrinos respondían, exaltados, apuntando a los laicos con sus crucifijos y sus rosarios: '¡Benedicto, Benedicto!', '¡Esta es la juventud del papa!' y '¡Yo soy español, español, español!'.

El intercambio de soflamas y cánticos duró una hora, el tiempo que tardó la Policía en desalojar a los peregrinos, aunque sin cargar contra ellos. En torno a las 21.00 horas, al grito de '¡Esta plaza es nuestra, de aquí no nos echan!', los manifestantes tomaron toda la Puerta del Sol. Y de ahí no se movieron hasta que, una hora después, la Policía empezó a cargar sin contemplaciones contra la gente.

La organización critica a la Policía por su 'falta de previsión'

La cabecera de la manifestación sí que logró completar los dos kilómetros del recorrido. En ella iba el portavoz de Redes Cristianas, Evaristo Villar, que valoraba el éxito de la convocatoria antes de la batalla campal con la Policía: 'Es un altavoz para despertar la conciencia de este país. No somos un país teocrático, sino democrático'. Su organización, de raíz cristiana, fue una de las tres organizadoras de la marcha junto a Europa Laica y la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores. Por su parte, el presidente de Europa Laica, Francisco Delgado, recriminó que el Ayuntamiento no hubiese retirado los coches y autobuses que se encontraban en los escasos dos kilómetros de recorrido.


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Además, según sus estimaciones, 'las 20.000 personas que participaron habrían podido llegar al final del recorrido de no haber sido por las provocaciones de los peregrinos y la falta de previsión policial, que se vio desbordada por la gran afluencia de manifestantes'.

Siete personas resultaron heridas, dos de ellas agentes de Policía

Un grupo de adolescentes franceses, escoltados por un cura, preguntaba a gritos de los manifestantes, con los rosarios y paquetes de tabaco en alto: '¿Por qué hacéis esto? Venimos y compramos comida, regalos y tabaco'. Apenas unos metros más adelante, otro grupo parroquial ondeaba banderas de España y entonaba cánticos ante la sonrisa cómplice del cura que les acompañaba: 'La de Benedicto, la de Benedicto, cantadles la de Benedicto', les jaleaba el religioso. Mientras, los mayores vítores de la manifestación los levantó un papamóvil artesano tirado por dos bicicletas con un imitador del papa y dos monjas a su lado. '¡Qué se besen!', gritaban los asistentes a su paso.

'No estoy de acuerdo con la visita de ningún papa ni de ningún líder religioso. Tenemos derecho a la religión que queramos, pero no a que nos la impongan. La religión católica es una mafia mundial. Utilizan la fe para nutrirse de ignorantes', opinaba David Pintos, comercial de 38 años. Junto a él, Miguel, oficinista de 37 años, asentía. 'No nos gusta la visita porque utiliza fondos públicos, edificios públicos y obliga a trabajadores a suspender sus vacaciones para ponerlos al servicio del papa'.

Los organizadores creen que la marcha sirvió para despertar conciencias

La marcha de ayer ya venía precedida por la polémica. Sin ir más lejos, el pasado lunes, la teniente la teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella, ya tildó de 'provocación' la manifestación. Ayer mismo, varios políticos hicieron un llamamiento, en las horas previas a manifestación, por la convivencia pacífica entre partidarios y detractores de financiar con fondos públicos la visita papal.

Por su parte, el ministro de Fomento y portavoz del Gobierno, José Blanco, abogó en RNE por 'respetar a todos aquellos que ven al papa como referente, de la misma forma que hay que respetar a aquellos que cuestionan sus postulados'. Blanco aseguró que el motivo de la manifestación laica, el gasto, 'no es una razón que pueda estar justificada' porque, desde su punto de vista, los beneficios 'pueden ser mayores que los gastos que ocasiona a las arcas públicas'.

Según anunció el lunes, Blanco irá a la misa que oficiará Ratzinger en Cuatro Vientos como miembro del Gobierno: 'Soy creyente, por lo tanto, no me incomoda participar, sino todo lo contrario'.

Por su parte, el protagonista de la JMJ, el papa Benedicto XVI, aterrizará a las 12.00 horas de hoy en el aeropuerto de Madrid-Barajas, donde será recibido por los reyes y por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Tras la bienvenida, Joseph Ratzinger será trasladado en papamóvil hasta la sede de la Nunciatura. Allí descansará hasta las siete, cuando irá hasta la Puerta de Alcalá, donde le serán entregadas las Llaves de Oro de Madrid antes de oficiar su primera misa en Cibeles.