Publicado:  19.03.2012 13:33 | Actualizado:  19.03.2012 13:33

1812: La derecha se pone estupenda con 200 años de retraso

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Se celebra hoy con toda solemnidad el 200 aniversario de la Constitución de Cádiz de 1812 y de nuevo la derecha se pone estupenda mostrándose más doceañista que los propios doceañistas. Y es que a la derecha española suele gustarle ponerse estupenda, pero siempre con retraso, cuando ponerse estupendo sale gratis, cuando ejercer de liberal y tolerante no entraña riesgo alguno y hasta otorga un ascendiente liberal que en otro tiempo no era sino vil estigma que llevaba a quienes lo exhibían directos a la cárcel por orden precisamente de los mismos que ahora se ponen estupendos.

La derecha española que hoy está cantando en Cádiz las excelencias liberales de la Constitución del 12 es la misma que no tiene reparo alguno en mostrarse sospechosamente renuente a condenar el franquismo, situado moral y políticamente en las antípodas del liberalismo gaditano y cuya doble ilegitimidad de origen y de ejercicio la derecha nunca ha puesto en cuestión ni en el pasado ni en el presente. Es la España más casposa, autoritaria y cerril la que hace fracasar el espíritu constitucional de 1812. La misma que hacer fracasar La Gloriosa de 1868. Y la misma, en fin, que desde el minuto uno se pone a conspirar contra la II República.

Lo paradójico es que es esa misma derecha la que en días como hoy se pone estupenda, reivindica para sí misma el legado de La Pepa y hasta derrama una lágrima de cocodrilo por el fracaso del proyecto doceañista, olvidando justamente que La Pepa fue posible pese a la España más reaccionaria y que fracasó de manera estrepitosa debido principalmente a ella. Lo que los lindos discursos institucionales del día de hoy tienden a obviar es que la derecha que ahora encarna el Partido Popular en ningún caso habría sido liberal en 1812, como no fue liberal en 1868 ni tampoco en 1931, que es cuando había que serlo, aunque sí lo fuera en 1978, si bien muy a regañadientes y porque en 1978 no podía no serlo, porque entonces las iniquidades del franquismo estaban demasiado recientes y rechazar el libre juego democrático habría sido jugar con fuego.

Vistos los discursos, los editoriales, las reflexiones y los artículos escritos desde el Gobierno y desde los periódicos conservadores, se diría que 1812 no tuvo enemigos, que fracasó porque sí o incluso que fracasó porque fue demasiado radical. También les gusta decirlo, por cierto, de 1931. Todos reivindican 1812, pero nadie quiere hacerse cargo de su fracaso ni escudriñar en las causas del mismo. Los enemigos que hicieron naufragar Cádiz no parecen tener herederos, lo cual tampoco es extraño teniendo en cuenta que a la derecha española le gusta decir que es de centro o que la extrema derecha le gusta creer que no existe como tal extrema derecha y para demostrarlo tiende a llamarse liberal a sí misma y a quedarse tan pancha al hacerlo.

Se diría que nuestra derecha necesita aproximadamente un par de siglos para sentirse heredera de las libertades que ella misma cercenó 200 años antes. Habrá que esperar, pues, a las lejanas fechas de 2068 y 2131 para que la derecha de entonces se ponga estupenda y se decida a reivindicar las bondades democráticas de esas dos constituciones promulgadas 200 años antes y fracasadas poco después merced a las conspiraciones, las deslealtades y las traiciones de esas mismas derechas que dos siglos después se impondrán a sí mismas la medalla de un mérito que jamás tuvieron.

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