Milagros para seguir creyendo

ISAAC ROSA 23/12/2008 08:00 Actualizado: 23/12/2008 10:54

Para hacerte rico, puedes fundar un banco. O atracar uno. Para el caso es lo mismo, sostiene Brecht. Detrás de cada fortuna hay un crimen, añade Balzac. Uno se hace rico dejando cadáveres por el camino. Los millonarios siempre nos resultan sospechosos. Algo habrán hecho, ellos o sus antepasados. Y es que, aunque el capitalismo nos promete la riqueza sólo con nuestro esfuerzo, y lo ilustra con historias de botones que acaban presidiendo un banco, a poco que uno acerca la nariz descubre el hedor detrás de esas historias ejemplares. Ser rico ya es en sí mismo un motivo de sospecha. De hecho, cuando detienen a un político corrupto o a un narcotraficante, las imágenes policiales exhiben su abultado patrimonio, como prueba de su delito.

¿Y la lotería? ¿Qué crimen cometen esos ciudadanos que de la noche a la mañana se hacen millonarios por esa bolita que sale del democrático bombo y la recoge la mano inocente de un niño cantarín? En efecto, parece que los juegos de azar, junto a los concursos de la tele, son a estas alturas la única forma de hacerse rico sin mancharse las manos. De hecho, cuando un chorizo quiere blanquear dinero, compra un billete premiado. Ganar la lotería es una forma socialmente aceptada de ser millonario. Sin sospechas, sin envidias, sin investigación fiscal. Los vecinos te felicitan, y los medios te convierten en el héroe del barrio.

Millonarios sin sospechas

Además, los juegos de azar son casi la única opción real de ascenso social. Por eso nos indigna que gane la lotería un millonario, porque no lo necesita. Hace mucho tiempo que un botones no llega a presidente, y la movilidad social para los que están abajo es más teórica que real. Los hay que suben, sí, muchas veces apoyados en la especulación, en la explotación o en el braguetazo. Pero se sabe de pocos que se hayan enriquecido sólo con su trabajo.

Y ahí es donde aparece la lotería, como garantía del sueño capitalista por el que cualquiera puede ser millonario. De ahí los relatos que una vez al año consumimos, y que sirven para sostener nuestra fe en el sistema económico.

Porque cuando uno pierde la fe, necesita una manifestación divina para seguir creyendo. Un milagro. Y hoy los periódicos están llenos de milagros, para que no nos volvamos ateos del capitalismo. Barrios obreros sobre los que llueven millones. Una familia al borde del desahucio que se salva por un décimo. Un inmigrante que sale de la miseria cuando el niño canta su número. Qué alivio. Podemos seguir creyendo. Y rezando.

3 Comentarios
  • pepe
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    5 i pepe 23-12-2008 10:12

    Me parece muy bin el articulo,muy acertado

  • valehhked
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    -1 i valehhked 23-12-2008 11:59

    Está muy bien todo, pero entonces el pobre inmigrante desamparado pasa a formar parte de los "ricos" y ya nos podemos empezar a meter con él, como se acostumbra en estas páginas con todos aquellos que tienen más de dos pesetas.

  • marieta
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    1 i marieta 25-12-2008 18:33

    No se trata de "meterse con", es un análisis acertado de la realidad. Lo que se quiere decir con este artículo, a mi entender, no es que apaleemos al inmigrante, como dice tu comentario, que pase a formar parte de "los ricos", sino que un sistema en el que los trabajadores, que son los que lo sostenemos con nuestro trabajo, depositan su fe y su esperanza en un décimo de loteria, no es un sistema acertado: si somos los que mantenemos esto, porque tenemos que depender de la suerte para vivir con dignididade? En un sistema economico diferente al capitalismo no habria necesidad de juegos de azar: los trabajadores viviriamos dignamente disfrutando del fruto de nuestro trabajo, de lo que producimos y no de la limosna que nos da el que se enriquece a nuestra costa.

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Generado: 2012-02-14 20:18:38