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Felipe resiste ante el señorito

Un hombre con dos mujeres dependientes a su cargo lucha contra la persecución de un terrateniente que quiere quitarles su casa, una venta cervantina

TEXTO: SUSANA HIDALGOFOTOS: DANI POZO

La última vez que Felipe Ferreiro, de 79 años, se encontró con 'el poderoso' fue el 18 de febrero de 1998. Felipe recuerda perfectamente la fecha, tiene una memoria prodigiosa que le impide borrar cualquier acontecimiento relacionado con la 'guerra' que mantiene desde hace 20 años con Gervasio de Vicente Arenal, su vecino rico y terrateniente. 'El poderoso', como le llama Felipe.

Felipe Ferreiro es el dueño de La Venta de la Inés o Venta del Alcalde, en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), la única venta cervantina que queda con su estructura original practicamente intacta. La casa, del siglo XVI y antigua posada del Camino Real de la Plata, ha pasado de generación en generación y es nombrada por Cervantes en su obra Rinconete y Cortadillo.

La edificación está en el Valle de Alcudia, para acceder hay que pasar por un camino rural rojo y polvoriento de ocho kilómetros con vacas y cervatillos. 'El poderoso' posee al lado de la histórica venta una finca inmensa, La Cotofía, con una mansión con árboles tropicales, lago y estatuas fastuosas que recuerdan a las de Botero o Chillida. De Vicente quiere echar a su vecino para expandirse aún más y, como no lo consigue, se ha dedicado en los últimos 20 años a hacerle la vida imposible.

'Ha cortado caminos de acceso, ha roto el conducto del agua, incluso hemos encontrado a más de 30 gatos que teníamos muertos, envenenados...', enumera Felipe. En aquel encuentro hace ya diez años con su vecino, en medio del camino polvoriento entre las dos casas, 'el poderoso' le soltó: 'Eh, tú, vaya el daño que me estás haciendo'. '¡Encima! ¡Y no le he vuelto a ver nunca más¡', se revuelve Felipe en su mecedora.

Al fondo del salón escuchan muy atentas Carmen, su mujer, de 77 años y enferma de Parkinson, y Carmen, su hija y que sufre una parálisis. A Carmen la llaman 'la niña'. El pasado 12 de julio cumplió 51 años. 'Cuando estaba a punto de dar a luz, el médico no aparecía, y no aparecía, tardó muchísimo en venir y la niña ya nació mal, no le llegó la sangre a la cabeza', explica muy bajito su madre, que tampoco se puede mover.

Carmen, 'la niña', sonríe inocente y enseña su mano, a la que le falta un dedo y medio de otro. De bebé se quitó la correa que la sujetaba y se cayó al fuego. Balbucea algo y su madre traduce: 'Dice que no tiene canas, que es una niña'. Y 'la niña' vuelve a sonreír y posa la mano en su mata de pelo negro.

Felipe cuida con mimo de las dos Cármenes. Es alto y el trabajo en el campo le mantiene en forma. Las levanta, las mueve, las peina, las lava, les pone el desayuno. La casa la tiene impoluta, él también da de comer a las gallinas que tiene en el corral. Está solo, cree que recibe ayudas de la Ley de Dependencia pero tampoco sabe ni distingue. 'No ha andado en la vida... Y habla poco... Antes siempre estaba acostada, pobrecita...', dice refiriéndose a su hija. Una vez, un hombre 'muy cariñoso' les mandó calcio. Otra mujer mandó una muñeca Barbie, que ahora está colocada junto al televisor. El día del cumpleaños de 'la niña', el pasado 12 de julio, muchos vecinos se acercaron a saludar a la familia, que lo celebró con una tarta. En la venta no tienen agua corriente, la toman de una canalización, y hasta hace pocos años tampoco tenían luz.

El matrimonio tiene otro hijo, Felipe, que no vive con ellos pero que les ayuda siempre que puede. Y también tienen el apoyo de muchísimos vecinos y de Ecologistas en Acción-Valle de Alcudia. Al frente de esta organización está Vicente Luchena, luchador infatigable contra el caciquismo que sigue imperando en muchos caminos de España.

Luchena describe los abusos del terrateniente, Gervasio de Vicente, que compró la finca donde edificó la mansión bajo el nombre de la sociedad Patrimonios y Negocios. 'Durante años mantuvo cerrado el camino público de la Fuente del Alcornoque, hasta que en 2002, en una ruta ecologista, rompimos la verja con unos alicates', cuenta Luchena.Este periódico intentó, sin éxito, recabar una versión de Patrimonios y Negocios.

Esa verja está a 200 metros de la Venta de la Inés y, aunque permanece abierta, son muchos los excursionistas que han sido denunciados por el terrateniente por cruzar sin su permiso, según critican los ecologistas. Felipe abre camino entre los helechos apoyándose en su caña. Al final del paseo hay una cueva con pinturas rupestres. En el paseo también hay dos turistas noruegos. Uno de ellos es Stener Ekern, profesor universitario y director del Centro Noruego para los Derechos Humanos. Ekern se asombra con la historia de la familia Ferreiro y saca fotos de lo que ocurre dentro y fuera de la venta.

La familia Ferreiro se niega a vender la venta. La petición de que la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha la convierta en Bien de Interés Cultural está empantanada. Los Ferreiro no han recibido ninguna subvención pública para reparar la casa, bastante deteriorada en algunas partes.

Mientras, el tiempo pasa y la venta va perdiendo sus señas de identidad. Por ejemplo, ya ha perdido su techo característico de teja árabe y ha tenido que ser sustituido por uralita. 'Siete generaciones de mi familia han pisado estos cantos. ¡La venta jamás se venderá!', sentencia enérgico Felipe, y luego se desanima: 'Ésto no tiene cura'. Y Carmen madre, al fondo, sentada en su silla, asiente y dice: 'El poderoso dijo que si no se la vendíamos nos haría la vida imposible...'.

Mientras, los Ferreiro permanecen atrincherados en una edificación que fue nombrada por Cervantes en Rinconete y Cortadillo: 'A esta sazón pasaron acaso por el camino una tropa de caminantes a caballo, que iban a sestear a la venta del Alcalde, que está media legua más adelante; los cuales, viendo la pendencia del arriero con los dos muchachos los apaciguaron, y les dijeron que si acaso iban a Sevilla, que se viniesen con ellos'. 'Este lugar fue posada de viajeros, que comerciaban con plomo, con plata, que bebían agua en el río Tablilla. Es una parte de la cultura, de la literatura, que hay que preservar', concluye Felipe, al resguardo del calor entre el fresco de unos muros que guardan cinco siglos de historia.

Ángel Muñárriz

Tanto los dueños de fincas víctimas de los acosadores como los senderistas y colectivos contrarios al cierre de caminos públicos se topan con un problema para hacer valer sus derechos frente a las apropiaciones irregulares: la falta de censos municipales de estas vías.

El geógrafo Xavier Campillo, uno de los principales estudiosos de la materia, cifra en sólo un 10% el porcentaje de ayuntamientos catalanes que cuentan con censos, un dato extensible al resto de España. Manuel Trujillo, portavoz de A Desalambrar, calcula que el 20% de los caminos públicos están cortados o destruidos, llegando al 60% en algunas zonas como Andalucía.

El turismo rural y el desarrollo urbanístico en los entornos periurbanos ejercen sobre la actividad agroganadera una presión creciente que a veces acaba arrinconándola. El corte de caminos públicos es consecuencia del cambio en la propiedad que conlleva esta nueva realidad, con titulares de segundas residencias procedentes de la ciudad que sustituyen a quienes antes utilizaban el campo como medio de vida, manteniendo estas vías. 'La mentalidad es distinta. Ahora muchos nuevos propietarios, en cuanto llegan, hacen el cerramiento', explica Campillo.

También es frecuente que los agricultores aren los caminos o que los ayuntamiento se ahorren su mantenimiento asfaltándolos. Pero a veces su corte o destrucción sirve para presionar en casos de usurpación y acoso, un fenómeno que en sus manifestaciones extremas se conoce como mobbing rural y que suele correr a cargo de especuladores, de terratenientes o de propietarios que no quieren ver interrumpida su finca por caminos que perturben una jornada de caza.

Hay denuncias de casos concretos, como el de Almodóvar del Campo, pero también de protestas sectoriales. Los Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya, por ejemplo, han denunciado que el aprovechamiento turístico del suelo ha llevado a situaciones de acoso por parte de los nuevos propietarios llegados de Barcelona.

“Los caminos públicos responden a un sistema de comunicación rural local que, en alguna medida, ha perdido su vigencia y no es extraño que actualmente puedan ser utilizados para otros usos (turísticos, recreativos…) por personal urbano”, explica el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, que considera que no existe 'un proceso de hostigamiento al medio rural'.

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