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Las aguas del Índico son las más peligrosas del mundo

Los ataques de piratas han aumentado un 20% en el último semestre

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Los familiares y amigos de la tripulación del atunero secuestrado Playa de Bakio habían escuchado historias de piratas que abordaban barcos en el Cuerno de África. A menudo, las consideraron cuentos exagerados y ninguno imaginó que fuese a ser protagonista de la pesadilla que están viviendo estos días.

Desde la Oficina Marítima Internacional (IMB) advierten que los ataques de piratas van en aumento –un 20% más en el último semestre– y cada vez están mejor financiados y planeados. Sólo en la última década han sido secuestrados 3.200 marineros.

Los métodos de abordaje varían de una zona a otra: mientras en el sureste asiático los corsarios suelen aproximarse con lanchas rápidas –y armados con navajas– a los buques en las cercanías de los puertos, en el continente africano es cada vez más frecuente el uso de fusiles de asalto AK-47 y otras armas automáticas. En Nigeria abren fuego a menudo
si encuentran resistencia y han llegado a usar granadas en algunos ataques frente a las costas somalíes.

Abordaje en alta mar

En el Cuerno de África, los ataques no se limitan a los puertos sino que ocurren también en alta mar, “a centenares de millas náuticas”, dice por teléfono Michael Lowett, portavoz del IMB. Usan un buque pesquero como base y desde allí lanzan lanchas pequeñas para rodear y secuestrar los navíos que atraviesan el concurrido Golfo de Adén, que une el Mar Rojo con el Océano Índico.

Pese a la diversidad de medios, el objetivo es siempre el mismo: la recompensa económica. Depende de la tripulación, el tipo de barco, el tamaño y la mercancía que lleve. Si la tripulación es europea, los piratas pueden obtener hasta dos millones de euros, como ocurrió con el velero francés de lujo Le Ponant. Si es africana o asiática, la cifra se reduce hasta una décima parte.

“En la mayoría de los casos no hay saqueo, respetan la carga y el material del barco”, confirma Andrew Mwangura, del Programa de Asistencia de Navíos del Este de África.
“La tripulación normalmente es tratada bien. Alguna vez han golpeado a la tripulación para presionar. Pero cuando el propietario se porta bien y negocia, dejan a la tripulación comunicarse o enviar mensajes a su familia”, añade Mwangura.

El lugar más peligroso del mundo ha sido durante años el estrecho de Malacca, la ruta más corta entre el Océano Índico y el Pacífico y por la que pasan casi el 50% de los suministros energéticos. Pero Puntlandia, al noroeste de Somalia, le ha robado el título en 2008. “El principal problema es que en Somalia no hay un Gobierno efectivo que pueda enviar a la Marina, como ocurre en casi cualquier otro país del mundo”, dice Howlett. El año pasado recibieron 31 denuncias de ataques marítimos. “La cifra real es mucho más alta, muchos incidentes pasan desapercibidos porque no se denuncian”, agrega.

La disminución de la pesca en la región y la implicación de las autoridades en el lucrativo negocio de los secuestros complican el escenario.

Debido a la ausencia de patrullas nacionales y a la corrupción, Somalia se ha convertido en uno de los centros de pesca ilegal y sus recursos han mermado con rapidez. Por este motivo, para parte de los habitantes de Puntlandia, los piratas “son héroes, porque están protegiendo los recursos pesqueros sin vigilancia de Somalia, saqueados por las compañías internacionales”, explica el investigador Said Shiiq. Para otros, merecen la muerte.