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Aguirre no aclara nada

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El Eje de la Prosperidad, motivo por el cual se reunían ayer Esperanza Aguirre y Francisco Camps, quedó en un segundo plano. La comparecencia de ambos presidentes territoriales del PP despertaba una gran expectación. Pero por otras razones.

El objetivo: saber si la presidenta de la Comunidad de Madrid pensaba o no presentar su candidatura a liderar el PP y, de paso, ver cómo respiraba después de que Mariano Rajoy la invitara a marcharse del partido si no estaba a gusto.Cuando Aguirre salió a recibir a Camps, un señor entre el público les chilló: '¡Sed buenos!, ¡A ver si os entendéis!'. Al término del encuentro aseguraron que así había sido y la dirigente madrileña trató de despejar alguna incógnita.

La lideresa dio varios pasos hacia atrás. El primero, cuando anunció que su intención no había sido nunca la de abrir un debate ideológico en el seno del PP. 'No sé de dónde ha salido la distorsión de que yo he pedido un debate dentro del partido porque no lo he pedido. El PP ha sido la casa de todos desde hace mucho tiempo. Conservadores, liberales, democristianos... todos nos hemos sentido comodísimos. Lo que yo sí he dicho es que no hay que temer al disenso y a la confrontación de ideas con nuestros adversarios socialistas'. A

Aguirre le parece necesario, y en eso coincide con Álvarez Cascos, que dentro del PP se produzca 'una reflexión profunda y un análisis electoral' porque se han perdido
las elecciones.

Su segunda renuncia llegó al reconocer que no pensaba disputar a Rajoy su liderazgo. 'No tengo intención de presentarme ni la he tenido nunca. Esto no es una cuestión personal. De quítate tú para ponerme yo', señaló para finalizar con las especulaciones.

Aguirre aseguró que no se había sentido aludida por las palabras de Rajoy: 'No puedo creer que el presidente de mi partido quiera echarme a mí del PP'. Pero se la veía contrariada porque todos los medios de comunicación lo habían
interpretado así. Por eso le reclamó que 'lo aclarara'.

Y para desterrar otra duda, confirmó que apoyaba la candidatura de Rajoy desde el 11 de marzo, fecha del Comité Ejecutivo Nacional en la que el líder del PP anunció que se presentaría a la reelección.

En la sede nacional, algunos dirigentes del PP mantenían en privado que Aguirre intentaba reconducir la situación porque veía no que se iba a 'quemar', sino que se iba a 'achicharrar'. A pesar de todo, al final, Aguirre se mostró bastante ambigua: 'Como jugadora de cartas que soy, de poker y de mus, para poder descartarte tienen que darse las cartas y es que las cartas no se han dado'.

Los suyos no descartan nada
Con este pronunciamiento, los suyos insistían en que no había que dar nada por descartado. En plena elección de compromisarios, decían que en este comentario se encontraba la clave. 'No hay nada cerrado hasta el congreso', explicaban desde la Comunidad. Desde el Ayuntamiento, también salían sus fieles en tromba. De hecho, dos de sus concejales, Fernando Martínez Vidal e Iñigo Henriquez de Luna, se apresuraban a pedir primarias en el partido.

Dentro del PP hay quien cree que si Gallardón obtiene un puesto clave ella dará la batalla. Mientras, en los pasillos de la sede regional se hacían mil elucubraciones. Que si lo que había dicho significaba que nunca había intentado jugar la partida, que si se refería a que no había encontrado apoyos para lanzarse...

Mientras, en el círculo del jefe de la oposición se vivía un respiro parcial porque no se fían. Los colaboradores de Rajoy esperan que Aguirre se deje de 'faroles'. Por su parte, Camps trataba de firmar las paces. Aseguraba que en el PP el verbo expulsar no existía en su partido y que no lo había conjugado nadie en las últimas 48 horas. Por eso mismo pedía que no se extrajera un solo fotograma de 'esta larga película que tiene un final feliz'.

Según fuentes del PP, a su líder 'jamás' se le había pasado por la cabeza que Aguirre pudiera estar en otro partido y dando muestras de que no le tenía ningún resquemor, aclaraban que pensaba contar con ella de cara al futuro porque 'es un gran activo'. Quedaba todo aclarado. O no, como diría Rajoy