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El álbum del 23-F

El Congreso recuerda a todos los protagonistas que sufrieron el golpe de Estado

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Esta crónica comienza con las minúsculas del 23-F. La letra pequeña que escribió aquella noche Antonio Bueno, uno de los trabajadores de la empresa Prosper, a quien el Congreso había encargado el mantenimiento de la luz y el sonido. Con la excusa de revisar el cuadro eléctrico, penetró en el cuarto de ujieres, donde los golpistas habían retenido a Adolfo Suárez desde las ocho de la tarde. De espaldas, esquivando la mirada del vigilante, susurró: 'Presidente, el golpe ha fracasado'. Le dio la noticia al jefe del Ejecutivo en funciones de que la democracia había quedado salvada. 

Antonio cose con emoción sus recuerdos de las 17 horas y media en que pensó que el 'color' que asomaba ya en la democracia podía 'retornar a un blanco y negro repugnante'. O al rojo de la sangre. Porque estuvo cerca. 'El momento más tenso fue cuando Manuel Fraga, hacia las 8.50 de la mañana, gritó: '¿Puede la Guardia Civil tenernos como a una pandilla de forajidos a tantos hombres indefensos?'. Luego se abrió la chaqueta y dijo aquello de '¡Disparen contra mí!'. Le secundaron Iñigo Cavero y Fernando Álvarez de Miranda. Entonces 40 guardias empuñaron sus armas. También fue duro cuando entró el Ejército'. Antonio relata igualmente que Landelino Lavilla, entonces presidente del Congreso, le pidió sobre las 22 horas que apagase algunos focos del hemiciclo, porque tenía los ojos tremendamente irritados. 'Yo le comenté a un guardia civil que se podía ir la luz porque algunas lámparas llevaban mucho tiempo encendidas. Y fue entonces cuando Tejero exclamó lo de 'Si hubiera un apagón, al recibir un roce en el cuerpo, hagan fuego!'', rememora.  

El rey y Zapatero presiden una comida con los líderes de 1981

Ayer miércoles, 23 de febrero de 2011, Antonio volvió a su casa. Al Congreso. Dejó de trabajar para la Cámara en mayo pasado, tras cuatro décadas, pero ayer tenía que estar.

Su presencia, como la de todo el personal que padeció la ocupación militar, también estaba escrita en letras pequeñas. Las mayúsculas quedaron para los políticos y el rey, los de ayer y los de hoy.

La agitación anegó el Congreso cerca de las dos de la tarde, cuando José Bono programó un almuerzo privado con José Luis Rodríguez Zapatero y Juan Carlos I, y al que invitó a los portavoces de la época: Felipe González, Miquel Roca, Landelino Lavilla, un desgastadísimo Manuel Fraga, a sus 88 años, y un erguido y vigoroso Santiago Carrillo, con 96. Marcos Vizcaya (PNV), hospitalizado a última hora, fue reemplazado por el andalucista Alejandro Rojas Marcos. González y el monarca, rodeados por la prensa (pero no a la vez), mostraron lecturas algo distintas del golpe. Uno, que queda mucho por saber del 23-F. El otro, que sí, que se conoce toda la verdad, 'y si no, inventan por ahí', y que los españoles están 'mucho mejor' que hace tres décadas.

La primera foto, minutos antes de la comida –ensalada de verdura con perdiz escabechada, lomo de lubina al horno, fruta preparada de con zumo de naranja y sorbete de albaricoque–. La segunda, tras un almuerzo 'hablando del futuro, del pasado, de todo', según el rey. Fue en la Puerta de los Leones. Despedida y cierre del monarca, que antes pegó un buen abrazo a Fraga y un aún más efusivo achuchón (y beso) a Carrillo.

Bono rescata la figura de Suárez, diana de críticas «inmisericordes»

La acción se desplazó al hemiciclo. Tercera foto: Mariano Rajoy volvió al banco azul, a la derecha de Bono, a dos escaños de Zapatero y a tres de Lavilla. A menos de dos metros, y también en las sillas nobles del Gobierno, los invitados al almuerzo. Con Carrillo y Fraga codo a codo. Detrás, el salón de plenos lleno y las tribunas a rebosar. Allí estaban 144 diputados de 1981 (103 ya han muerto) y parlamentarios de esta legislatura (algunos incluso nacidos tras el golpe, como el socialista Daniel Méndez), periodistas, la cúpula del Ejército y la Guardia Civil, familiares de los fallecidos Leopoldo Calvo-Sotelo y Manuel Gutiérrez Mellado...

La máquina del tiempo se puso en marcha. José Ramón Beloki, secretario segundo de la Mesa, revivió las 18.23 del 23-F, cuando Víctor Carrascal (secretario primero y ya muerto) leía uno tras otro los nombres de los diputados, pidiéndoles el sí o no a la investidura de Calvo-Sotelo, y fue interrumpido por Antonio Tejero y su troupe de golpistas pistola en mano. 'Pasamos momentos de zozobra, consumimos horas de paciencia variable, de resignación', narraba Lavilla, satisfecho por el 'temple' mostrado por los diputados. Y también por un pueblo hasta entonces 'espectador indiferente del acontecer político' y desde ese día 'firme guardián de la democracia'.

Cerró el acto un henchido Bono. Definió el 23-F como 'vacuna de nuevas felonías', agradeció la labor del rey, la del Gobierno suplente que dirigió Francisco Laína, la de la prensa que contó el golpe y defendió la Constitución, la de los trabajadores de la Cámara como Antonio Bueno que hicieron vigilia esa noche. Se detuvo en el gesto impávido de Carrillo y Manuel Gutiérrez Mellado –que no se agacharon con los disparos– y en la 'entereza' de Suárez, diana de 'inmisericordes y absolutamente horribles' críticas de la oposición, de los periodistas y de la propia UCD. El hemiciclo le contestó con una ovación. Mayúscula.

Faltaba la última foto. Otra vez en la Puerta de los Leones. Con todos los diputados y sin Fraga. Su silla de ruedas le hizo rodear el edificio. Ya no hubo tiempo para recomponer el álbum.

El exvicepresidente del Gobierno, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, se convertirá en el primer militar al que el municipio de Madrid dedicará una calle en democracia. El Consistorio reconocerá su valor por enfrentarse al coronel Tejero en el 23-F.

En referencia a esa fecha, la ministra de Defensa, Carme Chacón, aseguró que 'pocas veces el gesto de un solo hombre en un breve momento significó tanto y tuvo efectos tan duraderos'. Chacón participó ayer en el homenaje que dedicó Defensa al exvicepresidente.