Publicado: 21.04.2015 18:14 |Actualizado: 21.04.2015 18:14

Altos mandos de Franco mostraron su recelo
al bloqueo de Gibraltar

El general Muñoz Grandes, ministro del Ejército, consideró "ilógica" y "estúpida" la política española de restricciones al Peñón tras la visita del reina Isabel II en 1954. Otros advertían de que el aumento de la presión podría provocar "represalias".

Publicidad
Media: 4
Votos: 4
Comentarios:
El gobernador general Sir Clive Liddell con el general Muñoz Grandes en Gibraltar el 14 de octubre de 1940. /INFOGIBRALTAR

El gobernador general Sir Clive Liddell con el general Muñoz Grandes en Gibraltar el 14 de octubre de 1940. /INFOGIBRALTAR

Recientemente el Foreign Office ha desclasificado una serie de documentos que permanecían ocultos desde hacía 60 años en el Archivo Nacional británico. Y en ellos se han encontrado algunas revelaciones sorprendentes sobre la posición de algunos altos mandos de la dictadura franquista ante el aumento de las medidas de bloqueo sobre Gibraltar tras la visita de la Reina Isabel II al Peñón en 1954.

La actitud más llamativa fue la del mismísimo Ministro del Ejército, el general Agustín Muñoz Grandes. Según una fuente cercana, en una visita a Madrid del Teniente Coronel de la Guardia Civil Ignacio Molina, Muñoz Grandes le dijo que, en base a lo que sabía por su experiencia personal sobre las peculiares circunstancias del Campo de Gibraltar, "la ilógica política española hacia Gibraltar era improcedente y estúpida"



La reina Isabel II de Inglaterra visitó Gibraltar los días 10 y 11 de mayo de 1954 con motivo de su gira de coronación. Tras la misma, el consulado español en Gibraltar fue clausurado y se establecieron nuevas restricciones para los españoles que acudían al Peñón. Esa política de presión del franquismo sobre las autoridades gibraltareñas culminó con el cierre total de la frontera en 1969.

Los documentos desclasificados también recogen la inquietud entre los funcionarios españoles en el Campo de Gibraltar sobre las órdenes recibidas desde Madrid. Temían que las medidas impuestas pudieran ocasionar el rechazo de miles de trabajadores españoles en Gibraltar. Así consta en una carta secreta enviada por el general José Cuesta Monereo, que era el Gobernador Militar del Campo de Gibraltar, al Ministro de la Gobernación español, Blas Pérez González, una semana antes de la visita de Isabel II. En la misiva, interceptada por la embajada británica en Madrid y enviada a Londres, Cuesta explica al ministro que convenía aplicar las medidas de manera paulatina y dosificada para no soliviantar los ánimos de los españoles que acudían a trabajar al Peñón.

Presión que podría provocar "represalias"

Cuesta escribió: "Estudio las medidas a adoptar escalonadamente en el tiempo, empezando con las más suaves y continuando con las más rigurosas o qué más daño les produzca, de acuerdo con lo que Vd. me ordenó, y le seguiré informando". Pero concluía advirtiendo de la "conveniencia de dosificar las medidas para evitar las contramedidas o represalias, de las que la más grave es la de que nos dejen sin trabajo unos miles de obreros (2 o 3.000), lo que pueden hacer sin gran trastorno para ellos, causándonos una situación difícil".  Y concluía: "Es la única preocupación que siento en este momento y que considero de mi deber llamar respetuosamente la atención del Gobierno para que no nos sorprendan los acontecimientos, si llegaran a producirse".

En los documentos también figuraban informes secretos del vicecónsul británico en La Línea, M. S. Gómez, dirigidos a cónsul en Sevilla. Gómez explicaba que la visita de la reina a Gibraltar "había confirmado que gran mayoría de los españoles residentes en el área del Campo no simpatizaban con la campaña 'Gibraltar, español' lanzada por la Falange.

Incluso, añadía que "los trabajadores españoles empleados en Gibraltar comparan la libertad de expresión y de pensamiento de la que disfrutan en la Fortaleza con la persecución y la falta de libertad a las que están sujetos en España". Por último, el vicecónsul incidía en los inconvenientes que el bloqueo causaba a los comerciantes de Algeciras, La Línea y Málaga, que veían reducida su clientela procedente de Gibraltar y que "temían protestar por miedo a represalias de los falangistas".